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Dom, Sep

Página en blanco | Miguel Ángel Pérez

Iba a denominar este artículo "Cómo molo", pero hoy llueve en Valladolid, estoy escuchando a Pink Floyd, electrones en el ambiente...Va! Hoy de buen rollito.

En los anteriores artículos me he ocupado de las organizaciones que intervienen PROFESIONALMENTE en las artes escénicas en Europa – uso las mayúsculas porque algunos amigos al leer "asociaciones" o "charities" se van directamente al tercer sector, al voluntario y amateur-. Profesionalmente significa simplemente que cobran por su trabajo, cotizan a la seguridad por su actividad y pagan impuestos en base a las rentas obtenidas. No entro en los aspectos artísticos y de calidad.

Pues bien, como expuse en el primero, en 1985-86 durante el proceso de integración de España en la UE (CEE entonces) los negociadores decidieron que las organizaciones con capacidad de obrar profesionalmente en TODOS los campos de la cultura, desde las grandes discográficas a las pequeñas compañías teatrales debían ser empresas...organizaciones con ánimo de lucro (reparto de beneficios). De entrada no pareció mal, pero en momentos como los actuales de una gran apertura de mercados culturales (programas, festivales, teatros, auditorios) una charity británica o una asociación francesa puede ser más competitiva para el promotor español que una "empresa" española si presentan un espectáculo similar. Las primeras puede estar exentas de cobrar IVA, tienen ayudas de sus embajadas, están de gira...por ejemplo.

Pero estamos en 2014, no en 1986. ¿Qué está pasando? Vemos que el sector cultural ha supuesto casi el 4% del PIB nacional en años como 2008-09-10. Las artes escénicas podrían representar en sus mejores momentos el 1% del PIB. Ahora no parece que lleguemos a la mitad de esa cifra. ¿El IVA es el culpable de todo? No, por supuesto, pero si ha sido la gota que ha colmado el vaso. ¿Cuáles han sido las otras gotas? Tres principalmente: la drástica bajada de presupuestos culturales de todas las administraciones españolas; el extraño modo de explotación de muchos de los teatros públicos españoles , abiertos sólo de viernes a domingo, en palabras de Alberto Fernández Torres, como si las fábricas de desmontasen cuatro días a la semana y trabajaran tres. Y la tercera gran gota-riada: las organizaciones culturales y teatrales eran empresas "por imperativo legal", o sea, porque no les queda otro remedio.

Veamos datos de FAETEDA del Ministerio de Cultura, 2012. FAETEDA agrupa a las de artes escénicas y con catorce asociaciones tiene del orden de cuatrocientas empresas. Nada mal, he defendido fuera de España – Portugal, Iberoamérica- este hecho como uno de los hitos del sistema escénico actual en nuestro país, como uno de los hechos que han sido decisivos en la renovación escénica española.

Pero ¿Cómo somos?...pues en esto también somos bajitos y morenos (nada contra este hecho). Las empresas culturales han llegado a representar el 3, 2 % del total de las del país. De éstas un 27 % eran las escénicas. Datos aparente buenos, pero la empresa cultural mayoritariamente es una empresa sin asalariados (en un 61%). Un autónomo y punto.

Más datos: otro 31% solo tiene de uno a cinco asalariados. De seis a "cuarenta y nueve" asalariados un 6% del total de las culturales – una horquilla tan amplia que sugiere una cierta "cocina" estadística- y menos del 2% tienen más de cincuenta empleados. Por dar una referencia menos abstracta, Focus, quizá la mayor del sector escénico ha llegado a tener cuatrocientos empleados.

Hemos sacado músculo empresarial pero, a lo mejor, era de atrezzo. Todas estaban en un estado de debilidad extrema y permanente. A los primeros envites de crisis han caído como un castillo de naipes de Horaclio Fournier.

La pregunta que me sugiere este hecho es: ¿Empresas siempre en números rojos? ¿Para qué? Seguro que hay otra manera de organizar este sector. Debe haberla o el último que salga que cierre por fuera.

Miguel Angel Pérez Martín