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Sáb, Abr

Página en blanco | Miguel Ángel Pérez

En la entrega anterior me refería al gran castigo del Partido Popular a la cultura en España, centrado fundamentalmente en la homicida subida del IVA de los espectáculos del 16% (cachets) y del 8% (entradas) al 21%. Medida que no han querido rectificar, hasta el momento, pese a haberlo pedido reiterada y públicamente las patronales del sector –música, artes escénicas-.

A esta medida se le ha juntado la bajada de un 40% en los presupuestos de las administraciones culturales –Ministerio, CCAAs, diputaciones, ayuntamientos- cuando los economistas hablan de una pérdida del 15-18 % del PIB español desde 2010. Juzguen ustedes, amables lectores, si no debemos hablar entonces de "castigo a la cultura".

Hay que tener en cuenta, además, que -como nos demuestra la ciencia de la economía aplicad- cada punto perdido en los presupuestos públicos supone otro medio punto en el PIB final del país –por el efecto "atractor" de inversiones y consumo inducido- . Sumando efectos estaríamos en una pérdida casi del 60 % del PIB cultural respecto a los inicios de la crisis...y los datos INE están hablando de cantidades que cuadran con lo dicho. Empobrecimiento generalizado que corrobora que el paro en la profesión de los intérpretes de artes escénicas se acerque al 90% que sugieren los sindicatos del sector.

¿Hubiera sido evitable? Puede. De entrada el sector cultural no tuvo un comportamiento tan "especulativo" como otros. Si se quería desinflar una cierta burbuja no parece muy acertado "pinchar" el globo. Se podía haber dejado escapar cierto "aire recalentado" como el de los macroespectáculos internacionales comprados por las administraciones, el espectáculo relacionado con las televisiones, etc. Ahora, mal que les pese a los responsables de las patronales del sector, no hay muebles que salvar. Se han destruido los medios de producción. Nos hemos cargado las fábricas y las máquinas. Punto pelota.

¿Cómo paliar en parte los efectos de esta catástrofe? Bueno, llevábamos tiempo hablando de ciertas estrategias culturales que fuera de España no van mal. Voy a ellas.

La primera es una "vieja amiga": las residencias artísticas. Tenemos unas magníficas redes de teatros cerrados – hay excepciones, lo admito- en todas las regiones. Algunos de ellos abren de viernes a domingo y realizan allí una cierta programación escénica –casi exclusivamente- con espectáculos adquiridos en "centrales de compras" que denominan "redes y circuitos" sus responsables. Esos espacios antes ofrecían un cachet fijo y ahora – en el mejor de los casos- ofrecen un cachet menor y una participación en los ingresos de taquilla. Pero hay cuatro días más en la semana en la que se podrían utilizar por parte de organizaciones escénicas de calidad que hubiera en cada localidad o comarca. De esa manera, además, habría una mayor circulación de posibles espectadores de lo ofrecido cada "fin de semana". ¿Quién podría "residir" en estos espacios escénicos? En Europa ofrecen éstas en periodos cerrados – 3, 5 años- de residencia artística y creativa a representantes de casi todas las disciplinas de las artes escénicas: teatro, danza, circo, marionetas, performance, músicas actuales y clásicas. Y estas estructuras creativas pueden ser profesionales – la mayoría de las veces- o aficionados, ambos con una calidad contrastada. ¿Problema? La coordinación de culturas de trabajo muy diferentes, pero para eso ya tenemos herramientas de gestión más que apropiadas.

Otra línea de trabajo apenas esbozada es la gestión indirecta de los teatros: ya sea a través de una empresa, una fundación de derecho privado o una asociación cultural. Pongo por ejemplo un caso de estudio: el Teatro Zorrilla de Valladolid. Por una serie de carambolas urbanísticas acabó en una permuta de terrenos de la Diputación con una de las grandes empresas de construcción de matriz vallisoletana. La Diputación lo rehabilitó con ayudas de la Junta de Castilla y León y el Ministerio de Cultura. Ofreció su gestión al sector privado mediante un concurso público del que no se "publicaron" los proyectos. Concurrieron una gran empresa de teatro de "paredes" de Madrid y dos UTEs: una plenamente local y otra nacional. Solo participaron los técnicos de la Diputación provincial en la resolución, que fue a parar a la "empresa de paredes" de Madrid que hace no solo la gestión, si no toda la programación del teatro con una orientación comercial muy fuerte. A todas luces una dejación de las funciones propias de las políticas y gestión cultural de un organismo público, máxime cuando la empresa recibe una cantidad diaria nada despreciable por el uso y gestión de un espacio público. El desaguisado ya está hecho, pero sería paliable en parte si las propias instituciones se reservaran espacios públicos en un complejo gestionado privadamente, como vemos en otros países. En este caso concreto el edificio alberga espacios como una sala de exposiciones, un gran espacio como centro de documentación absolutamente vacío y una sala experimental de cien butacas que gestionada localmente podría ser un foco de cultura muy importante y todo ello ¡en plena plaza mayor!. Una gran oportunidad perdida, incluso para engrasar la maquinaria público- privado de la que algunos nostálgicos del "yuppismo" cultural hablamos en cursos y jornadas. La gestión se puede "conceder" pero dentro de unos parámetros claros de "políticas públicas", el transporte urbano es un ejemplo.

Estas medidas hubieran ayudado a paliar algunos de los peores efectos del castigo económico y administrativo que hacia la cultura ha dirigido el Partido Popular.

Sucede en Europa, nosotros no somos tan "different". Otra vez será.

Miguel Angel Pérez Martín

Gestor Escénico y Cultural