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Lun, Jun

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

"¿Cuál es el mensaje de la obra?". No sé si, entre las preguntas que puede hacer un espectador sobre un espectáculo, hay una pregunta más sencilla y a la vez más tramposa que esa. Incluso vertida desde la naturalidad y la inocencia, la cuestión puede ser una encrucijada de la que es difícil salir con el ego artístico ileso. Si se responde de forma escueta y sintética, puede parecer que lo que se cuenta es simplón y burdo. Si uno se extiende demasiado, la sensación que se proyecta es que, o bien que el mensaje es excesivamente complejo o, peor, que no se tiene nada claro lo que se quiere decir. Aún más desconcertante es quedarse callado y encogerse de hombros. Ello puede dar a entender que la obra no tiene mensaje, y claro -pensarán muchos- no hay nada más antiartístico que utilizar el arte para no comunicar nada.

Sea como fuere, tengo la impresión de que si se pretende responder con honestidad, la mencionada interrogante es siempre incómoda, como una prenda que nunca es de la talla adecuada. Y sin embargo, haya o no espectadores por medio, se trata de una pregunta que todo creador debe hacerse a sí mismo en algún momento. Aunque no halle repuesta alguna, aunque las respuestas halladas sean manifiestamente incompletas. El arte, al fin y al cabo, se viste frecuentemente de cuestiones sin solución posible. Pero más acá de esas consideraciones, en el terreno más pragmático, en la intimidad del acto creativo, la pregunta resulta una estrategia muy útil cuando la nebulosa de la inconcreción pulula en la obra en ciernes. En medio del caos creativo, cuando las ideas se arrebujan formando un plasma indefinible, la pregunta puede ser un pequeño salvavidas. El método aparentemente es sencillo. Consiste en parar y preguntarse: "Bien. Llegados hasta aquí, ¿qué se quiere decir con esto?". Si se mantiene el pulso lento en la respuesta, aún cuando ésta no resulte muy fina, generalmente permite descartar muchas ideas que están desconectadas de la matriz creativa.

La técnica, tan elemental como eficaz, la aprendí de Anne Bogart. Ella siempre aconsejaba, cuando las dudas se cernían sobre el proceso creativo, plantearse lo siguiente: "¿Qué es esto que estoy haciendo?". Interrogante a responder con humildad y concreción, en crudo, sin excusas. Y ahí no quedaba la cuestión. Habiendo sobrevivido a este primer envite, había un segundo: "¿Qué es esto que estoy haciendo... realmente?" Cosa que preguntaba dando un énfasis particular a la palabra "realmente", con un tono a medio camino entre la ironía y el reto. Ese "realmente" era la última vuelta de tuerca imprescindible. Una manera de sacar a la luz todos esos adhesivos innecesarios con los que uno tiende a rellenar sus creaciones. Esa colección de manías, clichés y tendencias inexplicables que uno lleva consigo y que saltan automáticamente tiñendo la creación entre manos, sea ésta del tipo que sea. La pregunta era un tamiz infalible para a discernir lo fundamental de lo prescindible. Como resultado se producía una limpieza profunda de la acción creada, en cuyos desechos uno veía fragmentos de sus creaciones anteriores que inconscientemente se habían filtrado en un primer momento y que esta vez resultaban incongruentes con aquello que se deseaba transmitir. Con aquello que se deseaba transmitir... realmente.

"Que estoy haciendo... realmente?". Menuda pregunta tan aparentemente banal y, sin embargo, tan profunda. Como sin querer, te sitúa ante la obligación de aprender a desaprender. Te incita a comprender que la evolución personal, pese a lo que pueda parecer, es más un desprenderse que un apropiarse. Que por momentos es necesario deshacerse de ciertas cosas que uno cree muy propias, para empezar a ser uno mismo. Te invita a encontrar en tu mirada una mirada de ojos ajenos, menos viciados, más limpios y objetivos. A intuir que aquello que supuestamente es la esencia, el sello particular de uno, está quizá más abajo, tan abajo que muy probablemente aún no tenga nombre. Y te recuerda, en última instancia, que si se quiere volar de nuevo, hay que pasar otra vez por tierra.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€