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Sáb, Jul

El precio de la popularidad

Los departamentos de recursos humanos suelen estimar el número de seguidores que un individuo tiene en Facebook, en Tuiter o en YouTube. Según para el puesto o actividad a la que se opte, las empresas seleccionan a líderes, personas con contactos personales –carteras de clientes– e influyentes en el ámbito específico. La publicidad de marcas comerciales o de determinadas instituciones se apoya en personas, “en caras”, conocidas por un amplio espectro de la población.

Cuenta el número. En cierto modo, el prestigio o la fama tanto individual como de un colectivo posee un sentido unidireccional que es la capacidad de atracción y confianza que se ejerce sobre otras personas, empresas o instituciones. Es decir, estamos hablando del concepto político que denominamos “el poder”.

Desde el punto de vista social, tener fama o gozar de popularidad a veces conlleva alguna servidumbre económica puesto que existen equipos de personas que se implican en lo que conocemos como marketing. La popularidad puede ser fruto de unos mecanismos planificados; en este caso, la persona con fama puede alcanzar el grado de ídolo; se ha convertido en un producto, en un objeto que hay que rentabilizar, consumir y realimentar.

En “Qué pasó con Michael Jackson”, un texto de María Cárdenas y Xavo Giménez, se plantea el concepto de fama desde la perspectiva sicológica asociada a la satisfacción y a la búsqueda de la felicidad personal.

Con el punto de partida de la muerte del hermano pequeño de los “Jackson`s Five”, la obra se adentra en la sicología de Diana, una joven que ha tenido que ser hospitalizada bajo vigilancia permanente para una desintoxicación de barbitúricos. El personaje, al igual que en su momento estaba M. J., ha llegado al último estadio que es el paso crítico de la autodestrucción por la consecución de la felicidad a través de la popularidad.

El texto no explicita ni analiza el proceso que ha vivido el personaje hasta llegar a la desesperación por alcanzar la máxima popularidad, pero, en cierto modo, plantea preguntas al espectador que intuye la situación. Quizá todo empezó por una mirada deseada y recibida (o no); quizá su opinión alcanzó (o no) eco entre el grupo de una reunión; quizá tuvo que ver con la aceptación (o no) en el grupo de wasap, en el Facebook; quizá todos sentimos la necesidad de ser estimados, reconocidos, admitidos, de un abrazo, de una sonrisa, que lean un gran número de personas este artículo…Pero, ¿dónde está el límite?  Quizá Diana, como M. J., nunca se reconoció tal y como era en la realidad, no se gustaba a sí misma –no es necesario recodar las múltiples y profundas transformaciones físicas del ídolo del Pop–, quizá deseaba, necesitaba, más y más la apreciación de los demás.

En todo caso, la obra salta desde el documento narrativo del fallecimiento –que como el de todos los mitos se pone en duda– y las exequias fúnebres de M.J., al conflicto personal de la joven que vive una realidad paralela, absolutamente ficticia, abocada a un desenlace fatal.

“¿Y ahora qué?”, dice Ben a su hermana en un intento de acercarle un eslabón al que agarrase antes de dar el paso sin retorno. Pero Diana justifica la autodestrucción con: “La muerte nos hace eternos”. Sin duda, ambas intervenciones se enmarcan en el más puro existencialismo que aquí no es una mera forma de afrontar la existencia; aquí suena como una amarga carga de profundidad.

La compañía valenciana La Teta Calva, bajo la dirección de Xavo Giménez, ha realizado en la sala Cuarta Pared de Madrid un trabajo espléndido que, a pesar de la crudeza del tema, emite un aire de frescura con ciertos tonos de ironía y de fino humor: la parodia de los zombis, las canciones, la broma del camisón…

La puesta en escena juega alternativamente a la presentación de un documental, con el teatro naturalista y con lo meta teatral. Uno de los intérpretes oficia de narrador principal que introduce y recorta las escenas en un diálogo constante con la tecnología y con el público que asiste un tanto desconcertado a la búsqueda de una respuesta racional acerca de la pregunta “Qué pasó con Michael Jackson”, que se resume como una reflexión.

Y es que no hay respuestas lógicas posibles. Todo es un juego de paralelismos y similitudes que los tres intérpretes –Verónica Andrés, Carles Sanjaime y Xavo Giménez– construyen con talento y exquisita habilidad.

El espectáculo “Qué paso con Michael Jackson” divierte por su forma expositiva y zarandea la conciencia del espectador inmerso en las redes sociales de comunicación, y en el ansia desmedida por ser reconocido y abarcar popularidad.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: Qué pasó con Michael Jackson. Autores: María Cárdenas y Xavo Giménez. Intérpretes: Verónica Andrés, Carles Sanjaime y Xavo Giménez. Espacio escénico y vestuario: Blanca Añón. Iluminación: Ximo Rojo. Dirección: Xavo Giménez. Compañía La Teta Calva. Sala Cuarta Pared de Madrid, hasta el 8 de julio.

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