Sidebar

28
Jue, May

Un cerebro compartido | Miguel Ribagorda

Hay una gran divergencia de opiniones sobre lo que es o lo que representa el teatro y no tendría sentido llenar esta columna para, si quiera, enumerarlas. En lo que a mí respecta, entiendo el teatro como un espacio para la comunicación directa desde un punto de vista formal y como un espacio de alteración voluntaria, sostenida y autoalimentada de la psicofisiología (atención, emoción y percepción) de los participantes en esa comunicación, intérpretes y espectadores, por lo que, mi sesgada opinión me impide creer en un teatro en el que no haya un cara a cara.

 

En estas últimas semanas en las que algunos hemos podido disfrutar de más horas de las habituales frente al televisor, PC, tablet… hemos encontrado propuestas solidarias de productoras y compañías que, desinteresadamente, han colgado obras teatrales en distintos portales. Vaya en primer lugar un agradecimiento por ceder generosamente sus producciones y en segundo lugar, una pregunta/reflexión abierta sobre el impacto de estas iniciativas; ¿quién las ha aprovechado? No me atrevería a respaldar una respuesta contundente pero al menos sí me aventuro a insinuar una tendencia: no han sido los profesionales de este arte. Y es que hacer teatro, afirmaba Antonin Artaud, supone colocar al espectador en el centro y el espectáculo a su alrededor. Participar de ese hacer teatro nos predispone a los que gravitamos en torno a él a entender que cualquier otra propuesta no es teatro, sino sucedáneo de teatro. Hay innumerables referentes, directores, autores, teatrólogos, que opinan de modo similar o que entienden lo evidente de que sin espectador en directo no hay teatro; sin tirar de bibliografía recuerdo a Peter Brook y su primera frase de El Espacio vacío, a las producciones de Piscator en las que solía colocar a los espectadores sobre la escena enviando a los actores al patio de butacas, al Akropolis de Grotowski donde los espectadores formaban parte de la escenografía o Simon Sherper quien escribió que el teatro es el arte de cuerpos viendo cuerpos. Me atrevo a suscribir todas estas ideas y compendiarlas diciendo que el teatro es el arte del espectador alrededor del cual la vida sucede. Lógicamente, desde el patio de butacas, sabemos que esa vida que sucede es falsa, y lo sabemos todos los que la fabricamos y nos la queremos creer (intérpretes y espectadores en primer lugar), es una verdad falsa a la que el espectador se adhiere habilitando el convivio que forma junto a los intérpretes en un espacio y un tiempo simultáneo, respirando el mismo aire y procesando el mismo cerebro que hace que esa verdad falsa evolucione a una verdad en el aquí y ahora único e intransferible de la representación.

El teatro entendido como comunicación no permite que ésta se codifique de igual manera en la insalvable distancia que marca una pantalla por mucho que sea 4k. La dramaturgia está, los intérpretes, dirección, iluminación y escenografía están, está todo menos el espectador y si a la verdad falsa a la que jugamos le falta el jugador principal (espectador), en vez de evolucionar a verdad, esa representación evolucionará a mentira. Por eso el teatro con una pantalla de por medio fracasa, porque se sabe que es mentira. Y dicho esto, también hay que decir que no todos los profesionales opinan igual, léase a Lessing defendiendo el teatro como lugar de entretenimiento y didáctica (como pueda ser una película) o el mismísimo Marinetti, padre del futurismo quien a comienzos del siglo XX hacia de su teatro de Variedades un escaparate para ser mostrado en propuestas cinematográficas.

Entiendo por tanto que no debo ser drástico. 

Para un teatrero, ver teatro desde un sillón en casa es consumo de marca blanca válido para tiempos de necesidad, por lo que pienso que sabiendo de la diferencia, no hemos sido los principales consumidores de estas iniciativas televisadas. Pueden verse como una ocasión para generar espectadores nuevos que cuando vean teatro (de verdad, quiero decir) sabrán por qué unas patas de jamón son de 50€ y otras de 3000€. Esta es una profesión que no debe reducirse al me gusta y me acomodo o no me gusta y cambia de canal. Hemos de fabricarla como una experiencia transformadora para que el que la viva, disfrute de ese tránsito mágico hacia la verdad más absoluta que se experimenta solo en un directo. 

¿Teatro por televisión?… si puedes elegir, por televisión mejor CSI Las Vegas.