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PATRICIO SANCHA GUTIÉRREZ (Chile, 1962) Realizó los estidios de Enseñanza Básica y Media Liceo Alianza Francesa de Santiago y Universitarios Fau (Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile).

Su actividad especifica en el area cuentos cuenta con:

1998 Publicación de 9 cuentos propios en “Diario La Tribuna” de Los Ángeles.
1999 Primer lugar en concurso de cuentos organizado por el centro cultural Víctor Jara. Premiación en la sociedad de escritores de Chile. Relato de cuentos propios, un cuento cada semana, durante 9 semanas en el Pub “La casa en el aire” sede Bellavista. Evento de 9 cuentos propios relatados por 3 personas en pub “La casa en el aire”, sede Santa Isabel. Sesión de cuentos “Fragmentos de mujer” durante 3 jueves seguidos en pub “La casa en el aire”, sede Santa Isabel.
2000 Clasificado como Top 15 (en el lugar 12) en concurso de cuentos del Portal Español www.realizarte.com Clasificado como top 15 (en el lugar 9) en concurso de cuentos del Portal Español www.realizarte.com 2 sesiones de cuentos en biblioteca Municipal de Quilicura. Entrevistado como “Nueva promesa” en Portal Español www.realizarte.com
2006 Tercer lugar concurso de cuentos organizado por la asociación de ferias libres de Santiago.
2007 Sesiones de cuentos en los locales de “La casa en el aire” y “El Mesón Nerudiano” de Bellavista y en “El Cachafaz” de Guardia Vieja.
2008 Formador e integrante del colectivo cuentacuentos Palabraristas. Sesiones regulares cada 15 días en el bar “Armenia”. Sesiones de cuentos en Universidad del Pacifico sede Las Condes y Universidad Santo Tomas.
2009 Con el colectivo Palabraristas impartimos talleres de cuentacuentos. Ganadores con el colectivo Palabraristas de un fondo de promoción a la lectura en que se relataron cuentos en 4 diferentes prisiones, Colina 1, Colina 2, Centro penitenciario femenino y Cárcel de Buin, así como en colegios de Puente Alto para niños en riesgo social. Publicación del libro de cuentos “Cuentos que cuentan”. Participante de la iniciativa “Cuentos Bigoteados”, 4 funciones presentadas en el Espacio Chucre Manzur con motivo de las fiestas patrias. Presentaciones en Duoc Uc sede Alonso Ovalle y Colegio de Renca perteneciente a la Fundación Duoc Uc. Presentación en la sede Santiago de la Universidad de Valparaíso.
2010 Participante del encuentro internacional de cuentería realizado en Santiago. Relato de cuentos para niños, en francés con traducción al español en el espacio infantil de la Biblioteca Santiago. Participante del colectivo Arteamor en que cada sábado se visita uno de los diferentes hogares de ancianos de la Fundación Las Rosas. Yo aporto relatando cuentos. Participante del espectáculo relatos y folklore en la sede Santiago de la Universidad de Valparaíso.
2011 Participante de la iniciativa “Celebrando a Andersen I” organizado por la biblioteca de Santiago.
2012 Participante de la iniciativa “Celebrando a Andersen II” organizado por la biblioteca de Santiago. Narración oral mensual en diferentes espacios. Participante del proyecto de narración ”Cuentarrón” una vez al mes en un bar de Santiago. Participante del proyecto “Itinerancia de cuentacuentos en la región metropolitana”, auspiciado por el Consejo de la Cultura y de las Artes, dentro del proyecto de fomento a la lectura “Lee, Chile lee”. Participante del 26 encuentro de Historias y Leyendas en Buga Colombia, 29 de Octubre al 2 de noviembre.
2013 Sesión para el día de los enamorados en Biblioteca de Santiago. Participante de la iniciativa “Celebrando a Andersen III” organizado por la biblioteca de Santiago. En el marco de las vacaciones de invierno, 7 sesiones de cuentos en diferentes bibliotecas comunitarias de Las Condes organizado por el departamento de Organizaciones Comunitarias de la Municipalidad de Las Condes. Evento para más de 100 niños con edad máxima de 8 años organizado por la empresa Kaufmann para los hijos de sus trabajadores. Participante del proyecto “Itinerancia de cuentacuentos en la región metropolitana” auspiciado por el Consejo de la Cultura y de las Artes, dentro del proyecto de fomento a la lectura “Lee, Chile lee”. Narración de cuentos en la Feria del Libro Infantil y Juvenil 2013. Seleccionado para ser publicado en un portal español. Ganador única mención en concurso de cuentos convocado por el INDH (Instituto Nacional de Derechos Humanos) y el Museo de la Memoria. Ganador del premio al cuento más simpático en la versión 26 del concurso Cuentos en Movimiento. Publicado en Santiago en 100 palabras. De más de 2.500 cuentos solo se eligen 100 de ellos para ser publicados.
2014 Ganador primer premio en concurso de poesía organizado por el centro cultural Víctor Jara de Quiriquina (pueblo natal de Víctor Jara). Ganador entre 246 participantes.

Grillete horario

En la sociedad contemporánea en la que nos está tocando vivir, el tiempo ha dejado de ser un guía, una sugerencia para nuestro actuar y se ha transformado en un grillete capaz de amarrarnos a todo aquello que no queremos.

En los albores de nuestra civilización, cuando el hombre dejó gradualmente su condición de nómade cazador para transformarse en agricultor sedentario, el tiempo comenzó a condicionar su vida. Si bien es cierto nunca estuvo del todo exento de ello, los grandes ciclos de la naturaleza como por ejemplo el de las migraciones de animales y tras ellos el cazador, fue reemplazado por las estaciones del año en función al cultivo, cosecha y gradualmente al día a día en que la hora nos dicta cuando levantarnos, cuando comer, cuando teóricamente descansar, cuando dormir, cuando pensar, cuando servir...y además, con una precisión impresionante.

¿Cuándo ser?

El grillete horario con puntualidad digital puesto en la muñeca se ha transformado en el amo y señor de nuestras vidas, sin derecho a réplica ni objeción.

Son las 8 de la mañana, voy a llegar atrasado al trabajo. A correr se ha dicho.

Son las 2 de la tarde, tengo que tener hambre y debo comer. Más bien tragar para no perder tiempo.

Son las 11 de la noche, debo acostarme a dormir. De seguro no para descansar pensando en el sonido del despertador.

Nuestro reloj biológico se ha subordinado al huso horario en que nos toca vivir según lo dicta el meridiano de Greenwich.

He escuchado la idiotez máxima cuando alguna vez he preguntado la hora y me han contestado de mala gana, seguramente por hacerlo perder tiempo, las 11:27.

¡11:27!

¿A quién o para que le sirven los 7?

La era digital nos ha liberado de trabajos físicos para esclavizarnos tecnológicamente, atrofiando muchas de nuestras capacidades naturales.

La seducción multi media ha aplastado sin piedad a la imaginación de muchos que prefieren comer papilla y no masticar una carne que aunque a veces dura, puede ser sabrosísima.

El tiempo extra que teóricamente nos han entregado los avances tecnológicos, no solo es llenado sino que rebalsado por la hipnótica atracción digital.

Creemos tener miles de amigos porque nos han dado un like en Facebook y nuestra cuenta en Instagram acumula y acumula visitas pero pasamos tanto tiempo frente a la pantalla que hemos olvidado el reflejo de una mirada sincera.

Quizás sea bueno perder el tiempo en nada, nada que tenga que ver con modernidad. Quizás vagar un rato sin destino pre concebido. Quizás no comprarle pilas al reloj. Quizás detenerse a solo pensar sin esperar ningún resultado de las posibles divagaciones.

Por supuesto que es bueno tener planes en la vida y hacer lo posible por lograr los objetivos planteados pero ¿y si hiciésemos un paréntesis para dejarnos llevar por el azar? ¿Y si nos dejásemos llevar solo por lo inesperado?

No se trata de volvernos unos vagos paseando a un perro en brazos por los intersticios de la ciudad o como se dice hoy en día, un Homeless pero de vez en cuando no nos puede hacer daño.

Respiremos hondo y atrevámonos a sacarnos el grillete de la muñeca para ser libres, aunque solo sea por algunos minutos.

Ego divino

Sin ningún miedo a equivocarme ni menos a que el cielo se cubra con amenazantes nubes de tormenta de las cuales se desprenda un rayo castigador para aniquilarme por mi suprema herejía y declarándome responsablemente en pleno ejercicio de todas y cada una de mis facultades mentales, puedo afirmar con plena convicción que soy un dios poderoso. Un ser tan divino como todos y cada uno de los seres humanos sobre esta tierra, con la suprema cualidad de crear y lamentablemente, también con el infinito poder de destruir. O lo que es equivalente, asegurar que todas las divinidades pasadas, presentes y futuras, son humanas, tan humanas como los demonios. No debemos olvidar que por siempre, desde los griegos a los católicos, pasando por la más amplia gama de mitos de cuanta cultura en la cual se piense, el hombre ha creado a todos y cada uno de sus dioses, a su imagen y semejanza, y no a la inversa como algunos pregonan.

Las divinidades griegas y romanas eran verdaderas familias con toda la complejidad de las relaciones humanas y a Jesucristo hubo que acomodarle algo para que José no se sintiera engañado.

¿Pero si somos dioses por qué siempre vivimos angustiados por demasiados problemas imposibles de resolver?

Lo siento, no tengo la respuesta, soy dios, pero nunca he sido mago.

¿Y de la esperanzadora infinitud o trascendencia qué?

Así como un dios que no sea invocado no existe, nosotros desapareceremos solo en el momento en que nuestro recuerdo se oculte tras el velo del tiempo.

Dioses y demonios son recordados no por quienes fueron o como fueron sino por lo que hicieron o son capaces de hacer en ausencia.

Difícilmente Jesucristo cumple con el arquetipo de los hombres de su región pero de los milagros que se le atribuyen si hay mucho que contar.

Aseguremos entonces nuestra trascendencia por medio de nuestras obras. No es indispensable que sea a escala planetaria o cambie el destino de la humanidad, basta simplemente con la honestidad del acto creativo para potenciar así nuestra posibilidad de permanencia, primero en nuestros afectos más cercanos, llegando quizás a fronteras nunca imaginadas.

Aunque estén en riesgo de extinción, masacradas por la revolución tecnológica de las comunicaciones digitales de la cual involuntariamente somos actores principales, una carta re descubierta después de años de olvido, puede hacer renacer afectos y poner en la palestra agradables recuerdos relacionados con el remitente. Mejor aún si esta carta forma parte de un pasado intercambio epistolar.

El escribir, aunque no sea poesía, prosa poética o lo que oficialmente se considera como literatura, también es un acto creativo por cuanto traducimos a palabras el lenguaje de nuestro imaginario.

Plasmar ideas en cualquier tipo de lenguaje, ya sea la palabra, la imagen, el sonido o una mezcla compleja de varios sentidos a la vez, de cierta manera es una forma de trascender.

No necesitamos de una divinidad externa a nosotros mismos para lograr la añorada infinitud.

Quizás no como existencia material tangible pero si como permanencia inmaterial en el dominio de las ideas, los sentidos y por sobre todo en los recuerdos.

Inmortales

Aunque no lo hayamos racionalizado a cabalidad, para nadie es un misterio eso de que desde el momento de nuestro nacimiento, cuando comenzamos con el misterio de la vida, también nos estamos acercando al mayor misterio de todos, nuestra muerte, lo que da como para pensar en un ciclo sin fin, en un bucle infinito.

Las paralelas irreconciliables terminan siempre por juntarse.

¿Y si en el momento de nuestra muerte iniciáramos una nueva vida?

Desde el colegio sabemos que la energía no se gana ni se pierde, solo se transforma. En 1905 con su famosísima fórmula, Einstein puso en evidencia que materia y energia son equivalentes.

E=mc2

La energía es igual a la materia multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado (E=mc2) o lo que según las reglas de las matemáticas sería equivalente, la materia es la energía dividida por la velocidad de la luz al cuadrado (m=E/c2).

El ser humano es una singular mezcla de materia y energía por lo que sin aferrarse al bastón de las tan manoseadas religiones, podemos considerarnos científicamente inmortales al ser un vaivén entre masa y energía.

Claro está que nuestra mente racionalizadora no acepta tal posibilidad por cuanto nadie ha podido dar fe con hechos concretos de que la muerte no es un fin sino un simple momento, un umbral entre dos realidades igualmente vitales.

Muchos pueblos antiguos consideraban a la muerte como un fenómeno de la vida en que se cambiaba de estado o de nivel de conciencia pero jamás un fin.

Sería iluso pensar que nuestra inmortalidad implica seguir siendo lo que somos. Los mismos pensamientos y sentimientos en el mismo envase físico; que aburrido. Con una inmortalidad invariable sería mejor morir según la concepción clásica de finitud.

Afortunadamente el tiempo sabio nos va cambiando dentro de escenarios también en constante cambio.

Cada cual puede tener el nivel de misticismo o religiosidad que le acomode en función a sus más íntimas creencias y convicciones, eso sí, sin imponer por la fuerza o la sinrazón su propio pensamiento a quienes no lo comparten, el mal de nuestros días, el mal de siempre.

Lo físico parece ser, al menos hasta el momento, lo único verdaderamente imperecedero aunque inanimado.

¿Entonces por qué no trascender o ser inmortales a través de nuestras creaciones?

El arte con sus diversas manifestaciones, sin utilizar falsas promesas nos entrega inmortalidad asegurada.

Ginger Rogers (1911-1995), Elvis Presley (1935-1977), Edith Piaf (1915-1963), Tchaikovsky (1840-1893), Rembrandt (1606-1669), William Shakespeare (1564-1616), Miguel Ángel (1475-1564), Leonardo da Vinci (1452-1519), Filippo Brunelleschi (1377-1446),...

Tampoco se trata de llegar a niveles tales como para ser reconocidos por toda la humanidad, basta con que nuestros afectos nos recuerden para que nuestra energía siga presente en este mundo de inmortales al cual pertenecemos.

Un poema a la mujer amada que encuentren por azar los bis nietos, un dibujo de infancia heredado por algún hijo, tararear de manera inconsciente esa canción que alguna vez nos cantó nuestro abuelo antes de dormirnos, cualquier acto artístico es válido a la hora de manifestarnos como los inmortales que somos y seguiremos siendo mientras alguien nos recuerde.

Posición crítica

Hace unos días me tocó ir a ver una obra de teatro. Fui invitado por una persona a la cual aprecio mucho y quien ha estado ligado casi toda su vida a las tablas. Con semejante experiencia avalándolo, de seguro la obra debía ser espectacular.

Aproveché de llevar a mi esposa, así después de terminada la obra, podríamos tener una interesante conversación relacionada con la experiencia artística vivida. Sí, porque el buen teatro no solo se presencia, se vive, se comenta y se revive.

Como pocas veces fui puntual. Desde la entrada se escuchaba música en vivo, lo que siempre le da un plus a cualquier representación y desde la tercera fila de nuestros asientos teníamos una ubicación privilegiada para la experiencia sublime que vendría.

Empezamos bien.

3 mujeres y un hombre con alas de ángel formaban el elenco. Las alas seguramente eran para darle una cierta ambigüedad de género porque según los carteles a los costados de la boletería y algunas conversaciones ligeras antes de entrar, teóricamente la obra tenía una mirada de mujer sobre su problemática en este mundo siempre machista.

El inicio como dije fue con música, cantos y también baile.

La mujer que más bailaba era un tanto tiesa de ritmo.

Después una de ellas cantó varios boleros y valses peruanos, que según entendí por la supuesta construcción del argumento, debían apoyarlo en su desarrollo pero no me quedó tan claro cuál era el argumento o el hilo conductor. Sin ser espectacular, la mujer cantaba de manera correcta.

Y la tercera era la encargada de mostrar el conflicto, ese que nunca quedó muy claro cuál era.

A mitad de la obra, quien me había invitado me susurra al oído "perdona no sabía que era así".

Ese comentario confirmó lo que yo pensaba pero no podía manifestar abiertamente para no pasar como un ignorante incapaz de apreciar el buen arte. De ahí en adelante ya pude bostezar libremente. Con respetuosa moderación pero no intelectualmente reprimido.

Como ni el argumento, del cual insisto, nunca pude encontrarle la intención, ni el canto, ni el baile, ni el drama, ni nada, logró captar mi interés, me entretuve buscando errores o descoordinaciones. Al no encontrar nada tuve que cambiar mi switch al modo hibernación.

Terminado el espectáculo que afortunadamente no duró demasiado, hubo aplausos políticamente correctos y llegaron los comentarios obligados. Ninguno despiadado, ninguno positivo.

¿Cuáles fueron entonces los errores?

Creo firmemente que al elenco no le faltó ensayo, le faltó una auto crítica constructiva a partir de la cual sin duda el producto final se hubiese potenciado.

La crítica suele considerarse casi como un ataque personal a quienes están detrás de toda creación cuando en realidad es buscar, encontrar y exponer las falencias, fortalezas y potencialidades.

Claro está que me refiero a una crítica no necesariamente profesional pero al menos sincera.

En todo proceso creativo debería existir primero la auto crítica para no exponerse desnudos ante la crítica ajena, las más de las veces despiadada cuando el producto final no llena las expectativas de quien critica.

Nunca nada podrá llegar a ser perfecto por cuanto siempre será perfectible.

Incluso me atrevo a decir que las obras consideradas como clásicos imperecederos del arte mundial, de estar vivos sus creadores, alguna hebra le encontrarían como para mejorarlas.

El deber de todo creador debería ser el de no caer en la auto complacencia y estar dispuesto a criticarse en pos de mejorar, después escuchar todas las críticas que de seguro vendrán una vez que su obra se tenga que defender por si sola y meditarlas antes de negarse a ellas o aceptarlas a pie juntillas.

No refugiarse en el ego y escuchar, escuchar, escuchar para después actuar.

Humanidad

Estoy de vacaciones, en mi merecido teórico descanso después de tooodo un año de trabajo de 8:30 a 18:45 incluyendo una hora para almorzar. Son 3 semanas pero ya me telefonearon pidiéndome regresar a la oficina una semana antes para terminar unos trabajos urgentes.

Será.

Para cambiar un poco decidimos acampar en familia.

Durante algunos años me dediqué a guiar grupos de turistas franceses por la Patagonia Chilena y Argentina o por el altiplano Chileno y Boliviano.

Nunca pasamos reales incomodidades pero definitivamente esos campamentos eran otra cosa; un contacto pacifico con la naturaleza.

Como no disponíamos de muchos días, preferimos quedarnos en las inmediaciones de la ciudad para no mal gastar tanto tiempo en traslados. Además con un par de hijos inquietos, a mayor distancia, más preguntas de ¿Cuánto falta? Que terminan siendo irritantes. En total no recorrimos ni siquiera 500 kilómetros y pudimos acampar en 3 lugares con agua; un parque acuático con toboganes y piscinas, una pequeña laguna artificial y un embalse para una central hidroeléctrica.

Aquí es donde cabe una reflexión sobre el enfoque de los niños versus el de los adultos.

Nosotros los adultos ya hemos sido de cierta manera deformados por la sociedad que nosotros mismos creamos y nuestros gustos se han ido complejizando a medida que vamos adquiriendo hábitos de ser civilizado.

Mientras mis hijos se entretenían como chancho en el barro conversando con otros niños desconocidos, jugando con una simple pelota de plástico barata, deslizándose una y mil veces por el mismo tobogán, cosas que a un adulto lo aburrirían, los adultos se pavoneaban tratando de exhibir su superioridad traducida en botes inflables exagerados para el tamaño de la piscina, parlantes inmensos que se podían escuchar a gran distancia, humeantes asados con carne Premium de esa que jamás habían probado en su vida y de seguro no volverían a probar dado su precio,...

Mientras los niños aun puros disfrutan la maravillosa sencillez de la vida, los adultos nos complicamos para hacer del disfrute algo lo más complicado posible, todo tratando de convertirnos en el macho alfa de la manada.

¿Y para que o por qué?

Simplemente porque somos seres humanos, está en nuestra esencia el querer ser más que los demás.

Bueno o malo no lo sé y no me creo siquiera con la suficiente capacidad moral para juzgar tal actitud ya que de seguro yo mismo he caído en esos comportamientos instintivos en más de una ocasión.

¿Qué hacer entonces?

Nada.

No podemos cambiar la actitud de la humanidad pero si podemos cambiar la nuestra frente a lo que consideramos irracional pero real.

En vez de criticar al otro, quizás sea mejor tratar de conversar con él, escucharlo, no tratar de comprenderlo ni de imponerle puntos de vista porque de seguro no encajaría en nuestro esquema mental pero si aceptarlo tal cual es porque tarde o temprano podremos llegar al ser humano detrás de esa careta de apariencias y seguramente nosotros mismos nos podremos re encontrar.

Al menos el ejercicio vale la pena.

No es fácil pero un buen entrenamiento previo sensibilizándose a través del arte en todas sus manifestaciones puede ser una buena ayuda.

Pueda que la música Heavy Metal no nos guste pero al menos escuchémosla para poder criticarla con altura de miras.

Puede que ese tipo con la barriga demasiado abultada por tanto vino tinto llevando un parlante demasiado estridente, mascando groseramente un pedazo de su asado no sea a quien invitemos a una inauguración oficial pero tal vez su historia de vida sea inspiradora y nos motive en nuestro propio proceso vital.

Escuchemos y sintamos la humanidad del otro.

Autoayuda

No creo que se pueda especular mucho en relación al éxito de ventas de la denominada literatura de auto ayuda ya que sin duda está pasando por un buen momento comercial materializado en best sellers mundiales.

Como champiñones después de la lluvia han surgido autores con ínfulas de gurú dando consejos de cómo mejorar la vida. No me consta que la de ellos sea muy feliz pero esgrimen argumentos como si la suya fuese el modelo a seguir.

Algunos utilizan como herramientas de mejoramiento el cambio conductual en base a la reflexión sobre el actuar. Otros se apoyan en grupos de trabajo, flores aromáticas, hierbas medicinales, colores, Ángeles y cuánto placebo pueda existir. Basan sus teorías sanadoras en ciencias del comportamiento humano o en supuestas sabidurías ancestrales.

A la hora de la auto ayuda, todo sirve, siendo de gran peso en estas técnicas el efecto placebo.

Si el autor es lo suficientemente hábil, su escritura fluida, su manejo seductor de la palabra y su elocuencia, serán capaces de aportar algo de tranquilidad al lector e idealmente mejorar su vida pero si solo es un aprendiz de brujo, los efectos secundarios de una mala praxis pueden ser desastrosos.

El verbo por siempre ha sido y es una poderosa herramienta capaz de cambiar realidades si es bien utilizada. Desde iniciar revoluciones hasta terminar guerras.

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios".

Juan 1:1-14

Independientemente de la religión que se profese, los libros sagrados en los cuales se basan las diferentes formas de fe, contienen una sabiduría irrefutable y en todos estos textos, más que la divinidad, la palabra es la verdadera protagonista.

La Biblia católica, el Corán musulmán, el Popol Vuh maya, el Talmud judío, los Vedas hindúes, son todos libros sagrados contenedores de una profunda filosofía de vida pero que lamentablemente han causado mucho daño al hombre por la mala interpretación o la manipulación del mensaje por parte de las curias supuestamente poseedoras de las llaves capaces de abrir los secretos en ellos contenidos.

La autoayuda cuando es mediada por un tercero, llámese chamán, sacerdote, rabino, imán o el que sea, primero pierde su característica de ser personal y segundo, corre el riesgo de ser una ayuda con miras a una manipulación psicológica con obscuras intenciones.

La mejor auto ayuda tiene sus bases en el auto conocimiento, ese tan difícil de lograr. Ya sea por ego desmedido incapaz de reconocer falencias, por falsas adulaciones interesadas dándonos capacidades de las cuales carecemos o por etiquetas de todo tipo que otros nos cuelgan para calificarnos, la ignorancia o falso conocimiento del propio ser es causa de conflictos.

Solo haciendo y después evaluando los resultados de sus acciones es que gradualmente podremos ir conociendo nuestras capacidades y limitaciones como personas.

Aunque la frase ya esté gastada de tanto decirla y no sea tan aplicada como debería serlo, siempre vale la pena recordarla:

"Es mejor arrepentirse por aquellas cosas que uno hizo que por aquellas cosas que jamás se atrevió a hacer".

Auto ayudémonos conociéndonos a través del hacer.

Mi país se quema

A lo largo de su historia como país independiente, mi patria ha debido acostumbrarse a ser sobreviviente. Múltiples catástrofes naturales que en otras latitudes devastarían la moral de todo un pueblo, nos han hecho fuertes, sobrevivientes. Como decía Pablo Neruda, chile es un país longuilineo y por tal condición, cuando la tragedia es en el norte, recibe ayuda del sur y cuando la tragedia es en el sur, este recibe ayuda del norte.

Contra la naturaleza es muy poco lo que se puede hacer ya que de tanto en tanto quiere volver a su equilibrio natural y se sacude de nosotros los invasores con grandes terremotos de más de 8 grados en la escala righter, vuelve a bañarse de pureza con inundaciones en el desierto más seco del mundo o trata de desintoxicarse con sequias extremas en lugares donde habitualmente llueven más de 4 metros de agua al año.

Contra la naturaleza no podemos oponernos y nos hemos hecho resilientes.

Pero ahora mi país se quema por la avaricia ciega de quienes han transformado este territorio en su negocio particular para ver aumentadas sus fortunas en más ceros de los que me es posible procesar. Ya no les importa el cuanto, solo les importa el más. Tienen tanto que incluso han debido fundar bancos propios para guardar ese dinero que ya no cabe en paraísos fiscales exentos de impuestos.

Más para menos.

Si bien es cierto la concentración de la riqueza es un fenómeno mundial, mi país es poseedor de un triste record en esta área.

En enero del año 2015 llegó a chile un connotado economista francés, Thomas Piketty, quien estuvo en el ex Congreso Nacional y dictó una charla en la Universidad Diego Portales, afirmando que en Chile el 1% más rico tiene el 35% de la riqueza nacional y es la cifra de disparidad más alta del mundo. Record.

Sobre la desigualdad no existe cuestionamiento posible pero debo aclarar que la Universidad en cuestión tiene y ha tenido entre sus cargos principales a directores de prosperas empresas, todas interconectadas con la industria del hacer dinero.

¿Traen a este economista para reírse de todos porque saben que por más declaraciones que se hagan la cifra de desigualdad no solo será un dato sin relevancia gravitante sino que irá aumentando?

Mi país se quema pero no por los más de 100 focos activos de incendios al unísono que han sido solo un catalizador para que la gente utilice la voz de las redes sociales para expresar su gran dolor, frustración, rabia, impotencia,... ante la venta del país por parte de su gobierno a un puñado reducido de empresarios inescrupulosos quienes no dudan en financiar carreras políticas a cambio de favores. Así como un mozo de restaurant suele ganar más en propinas que por su sueldo, no cabe la menor duda que lo mismo pasa con nuestra clase política cuyas suculentas propinas por servicios prestados provienen del empresariado.

No hablo de izquierdas y derechas, hablo de avaricia humana.

El mar y sus productos comerciables pertenece a 5 familias quienes tienen todos los derechos de explotación y han expulsado legalmente de sus aguas a los pescadores de poca monta, el bosque nativo ya prácticamente no existe y ha sido reemplazado por pinos y eucaliptus importados. En el caso del cobre, nuestra gran riqueza, en más del 60% de las empresas explotadoras de este mineral están presentes capitales extranjeros,...

Mi país se incendia de rabia por el enriquecimiento de unos pocos en desmedro de la desgracia de miles.

Un incendio real pasa por una plantación forestal y la empresa cobra el seguro.

El mismo incendio arrasa con la vida de una familia y la caridad es la única salida.

Los terremotos de mayor intensidad se han registrado en chile y las peores catástrofes provocadas por el hombre en contra de sí mismo, también.

Hemos gritado tanto y tanto sin ser escuchados que ya no lo hacemos y esto hace que en las redes sociales leamos odio hecho palabras y descalificaciones repartiendo mierda con ventilador para todo aquel que lea.

No somos todos iguales pero así como la riqueza está desigualmente distribuida, el buen criterio social también.

Leyes de la dictadura militar propiciaron e incluso financiaron la plantación de enormes extensiones de bosques con pinos y eucaliptus.

Basta pasearse por un bosque de eucaliptus para darse cuenta que por la acidez del árbol en la tierra no puede crecer ninguna otra especie. Además 1 solo árbol, a los 3 años de edad, ya consume hasta 20 litros de agua por día. Basta multiplicar para saber cuál es la causa de la sequía en muchas regiones.

Mi país se quema y no hay agua para apagarlo, se la han bebido toda los mismos eucaliptus que ahora se incendian.

Podría insultar, atentar e incluso destruir la propiedad de quienes considero responsables de esta catástrofe pero ellos cobrarían seguros y recibirían indemnizaciones mientras a mí me condenarían a la cárcel.

Cuando hace ya casi 40 años retornó la democracia a chile, todos estábamos esperanzados en reconstruir un país para todos. Más de alguna vez me tocó ver como el presidente electo democráticamente esperaba la luz verde del semáforo para seguir avanzando como el ciudadano normal que era. Ayer lamentablemente me tocó vivir la prepotencia de un político de poca monta escoltado por 2 motocicletas policiales, incapaz de esperar nada porque su tiempo pagado en millones por todos los ciudadanos vale más que el tiempo de un obrero agotado al final una jornada que empezó aun de noche y termina también de noche.

Mi país se incendia por la avaricia y no por las llamas.

Mail

Acabo de recibir un mail que me induce a reflexionar.

Lo primero es preguntarme ¿por qué escribí mail y no correo electrónico?

No se trata del anuncio de un nuevo descubrimiento ni la exposición de una teoría revolucionaria. Tampoco son noticias catastróficas ni anuncios de acabo de mundo.

Está muy bien elaborado. De seguro tomó muchas horas hombre para llegar al resultado que hace un rato leí. Toca las teclas clave para haberme inducido a abrirlo y no eliminarlo inmediatamente.

El remitente, al menos es lo que se lee, es una prestigiosa institución internacional de ayuda humanitaria y quien lo escribe es una persona de nombre y apellido rimbombantes, no latino ni africano sino europeo y por lo tanto respetable.

Me anuncia que un complejo sistema computacional me eligió a mí, a mí, entre 320.000.000 de posibles candidatos, para ganar un interesante premio en dinero efectivo.

Por supuesto me brillaron los ojos. ¿A quién no, si la sola posibilidad de aminorar el stress económico en que la mayoría de nosotros se encuentra, es seductor?

Hace algunos años atrás quizás lo hubiese creído inmediatamente sin ningún tipo de cuestionamientos pero hoy día en que la conspiración y el engaño son tan normales como la vida misma, la duda se instala rápidamente.

Institución reconocida internacionalmente como positiva para la humanidad. Nombre y apellido supuestamente confiables. Una suma de dinero suficiente pero no excesiva como para creerlo. La confianza y la codicia, motores en la base del actuar humano, ya estaban funcionando, lo que evidentemente me llevó a leer el resto del correo donde se explicaba con detalle cual había sido el complejo procedimiento para mi elección hecho con una tecnología de última generación, absolutamente confiable.

Para aumentar mi grado de confianza que ya a esas alturas de la lectura se sobaba las manos pensando en el dinero a contar, se incluían unas fotos e historiales de los organizadores del concurso. De haber sido mujer, seguro me enamoraba de tan bellas personas.

Y como guinda de la torta; debía re enviar un correo con mis datos personales.

Cortocircuito inmediato.

Estuve a punto de caer en la trampa tantas veces hecha de diferentes formas pero con el mismo fondo. En mi país se conoce como "El cuento del tío", pariente cercano del juego "Pepito paga doble".

Lamentablemente nos vemos forzados a desconfiar antes que a confiar.

Incluso desconfiamos de la vida misma.

La confianza debería ser el motor y no la desconfianza como lastre.

Y la primera confianza de todas, la imprescindible, es la confianza que deberíamos tenernos a nosotros mismos en función de nuestras capacidades.

Si Mark Inglis, un neozelandés amputado de sus 2 piernas, logró subir los 8.848 metros del Everest para ver las limitaciones hacia abajo. Si John Bramblitt un Texano ciego es capaz de pintar imágenes de una belleza conmovedora. Si Beethoven creo parte de su mejor música estando ya sordo.

¿Por qué la mayoría de nosotros que aparentemente no tiene limitaciones extremas se auto limita?

Por desconfianza.

El arte nos seduce o nos produce rechazo pero no nos engaña. Debemos confiar en el por cuanto saca de nosotros mismos los sentimientos más puros sin que por esto sean necesariamente positivos. Si no confiamos en nosotros mismos y en el arte, nunca podremos conocernos y conocer el mundo a cabalidad para desarrollarnos de manera integral.

A confiar entonces pero sin dejarse engañar.

Por las dudas, igual voy a mandar un mail de respuesta.

¿En una de esas algo me gané?

En el peor de los casos, una gran desilusión.

Con la vida en la punta de los dedos

En este lado del mundo estamos en verano, momento en que el gobierno invierte en circo porque durante el año, con suerte dio algo de pan.

Santiago a mil es la iniciativa. Una avalancha de piezas de arte escénico desplegadas por todos los rincones de la ciudad. Teatro, circo, pasacalles, música, danza, performances.... Se llama Santiago a mil como un juego de palabras bastante adecuado para sus inicios. Si algo es a mil es muy bueno y además el precio de las representaciones pagadas era de mil. El tiempo pasa. La inflación ha producido sus habituales efectos en el valor de las entradas pero el nombre se conserva.

Para los que tenemos familia numerosa y aun debemos financiar el divertimento cultural de todos los parientes cercanos, afortunadamente existen representaciones gratuitas.

Ayer por la noche tuvimos el privilegio de experimentar la magia. No la típica ilusión de un conejo famélico saliendo de un sombrero de copa, sino la magia de dejarse llevar por una propuesta artística relativamente sencilla pero muy poderosa como catalizadora de la propia imaginación y hacer reflotar los sentimientos hundidos en el olvido.

Como una imagen vale más que mil palabras y necesitaría varios miles para explicar el espectáculo, me referiré al público.

Por supuesto todos muy atentos y como era un espectáculo callejero dirigido a la familia, quienes amenizaban con sus comentarios ingenuos pero siempre fascinantes, eran los niños. Desde bebés en los brazos de sus padres quienes intentaban explicarles la trama no tan evidente de la representación. Trama que como en todo buen arte, permitía múltiples interpretaciones, haciéndola más interesante aun.

E hicieron su aparición los teléfonos móviles. Conté varias decenas, quizás cientos.

Como la representación era en una intersección de calles y el espacio no tenía la pendiente de las graderías de una sala de espectáculos, la gente levantaba sus celulares para sacar fotografías, filmar y en algunos casos, incluso poder ver algo, lo que de tanto en tanto me forzaba a ver el espectáculo a través de las pequeñas pantallas que por su número dificultaban la visión.

¿Existe acaso mejor imagen que la mental para recordar un hecho?

¿Será que la imaginación, esa que es capaz de ir agregando maravillosos detalles inexistentes a los recuerdos esta en retirada?

¿Por qué nos gustará cada vez más comer puré y no mascar las papas?

¿Cuestión de tiempo o embrujo tecnológico?

Los artistas, no solo los profesionales, sino que los amateurs y los que de vez en cuando dejan volar su imaginación para complacer y complacerse con una creación, tienen el deber ineludible de volver a estimular la imaginación. No solo la propia sino la de todos.

Pareciera que condeno a priori como un fiscal ante el acusado pero yo también hago un mea culpa.

Por el cansancio al final de la jornada laboral, demasiado seguido estoy recurriendo a videos de dibujos animados en mi tablet para hacer dormir a mis niños. He tratado de volver a los cuentos clásicos en libros pero se me hace difícil competir con los múltiples recursos que el mundo digital ofrece para maravillarnos.

El problema es que al maravillarnos, también está secuestrando nuestra imaginación.

Hace un tiempo fui a ver una película sobre una caricatura originalmente de revistas que acompañó toda mi niñez pero estaba llena de detalles que más que disfrutar la película, me hicieron cuestionarla. El personaje principal no debería hablar así. Los movimientos eran a otra velocidad. Faltaban cosas, sobraban otras.

En una película está casi todo dado, en un libro la imaginación debe completar.

El arte más que una propuesta acabada es una propuesta que al estimular nuestra imaginación nos invita a ser parte de él.

Siempre tendremos la vida en la punta de los dedos pero que no sea deslizándolos por una pantalla táctil. Tomemos lo que la vida nos da y no solo le saquemos fotografías.

Casualidad/Causalidad

¿Cuantas veces en la historia de la humanidad no ha surgido una genial innovación a partir de un error, de una casualidad inesperada?

El horno de micro ondas fue producto del trabajo por mejorar las prestaciones del radar, el velcro porque unas semillas se adhirieron a los calcetines de un excursionista, la coca cola comenzó siendo un jarabe para el dolor de cabeza.

¿En qué minuto o bajo qué circunstancias la casualidad se transforma en causalidad?

Si la respuesta fuese evidente todos podríamos tener esos arranques creativos conducentes a encontrar nuevas respuestas a los problemas de siempre.

En realidad todos tenemos la capacidad innata de encontrar esos nuevos caminos pero la vida paulatinamente nos va encasillando en moldes de comportamiento pre establecido, moldes que adoptamos sin objeciones porque deseamos ser aceptados por el grupo social al cual pretendemos pertenecer.

Alienados por el entorno, gradualmente vamos perdiendo nuestra capacidad de duda, de cuestionamiento, de crítica. Nos vamos uniformando de normalidad aunque lo normal simplemente sea un dato estadístico de la mitad más uno.

En realidad no perdemos nuestra capacidad de poner en tela de juicio las verdades aceptadas como ciertas pero si la anestesiamos en demasía.

Al vivir la experiencia sugerida por cualquier expresión artística esa capacidad de duda ante la verdad que nos es mostrada re surge para inquietar nuestro espíritu.

¿Qué mensaje oculto estará tras lo evidente de una obra?

¿Qué habrá llevado al artista a tal creación?

¿Yo sería capaz de expresar lo mismo con otra técnica?

¿Determinada obra alcanza el éxito por una campaña de marketing acorde al mercado imperante o es la expresión del sentimiento atemporal?

Cualquiera sea la pregunta y cualquiera sea la respuesta, este ejercicio nos da el entrenamiento necesario para hacer de una casualidad la causalidad de una creación.

Me refiero al arte por ser un ámbito creativo por excelencia pero la creatividad hija de la curiosidad está presente en todos los espacios de nuestras vidas.

En la familia, en el trabajo, en los negocios, en el ocio; en todo.

El hecho de que una casualidad se transforme en obra de arte responde al mismo principio del micro ondas, del velcro y de la coca cola.

Estar atentos para saber tomar distancia y no abandonar el problema sino abordarlo desde otro punto de vista, no sólo puede ayudarnos a solucionar un conflicto específico sino encontrar soluciones a problemáticas impensadas desde encontrar nuevos métodos de eficiencia energética a un juego para un bebé.

La casualidad puede ser nuestra mejor aliada si y solo si hemos potenciado nuestras habilidades perceptivas y estamos preparados para detectar sus posibilidades de causalidad sin confiarnos sólo de ella.

Hasta ahora hemos sido capaces de inventar gradualmente las herramientas que nos han traído hasta el momento presente y no debemos dudar ni por un segundo sobre nuestra capacidad creativa para seguir proyectándonos al futuro y esto no será mera casualidad.

Independencia

El sueño eterno de todo ser humano es el de llegar algún día a su completa independencia de todo y de todos pero lamentablemente, como muchos sueños, puede llegar a ser una remota posibilidad.

Mucho se ha especulado sobre que los sueños no son más que los mensajes de nuestro subconsciente, por tanto el sueño de la independencia es la más pura expresión de esa voluntad de llegar en algún momento de la vida a estar libre de prejuicios y moldes que obliguen el actuar.

Aunque parezca imposible, se puede hacer real si y solo si, trabajamos incansablemente como para lograrlo. Al menos se puede llegar muy cerca ya que la independencia total es una utopía. Nuestro objetivo primordial debería ser el de avanzar hacia ella y lograr así ser felices disfrutando de los múltiples logros obtenidos en el periplo.

Siempre podremos disminuir nuestros grados de dependencia pero como en la mayoría de las variables que rigen nuestras vidas, llegar a un total absoluto es completamente imposible.

Nuestras ataduras son de todo tipo; físicas, biológicas y las más complejas de todas; las ataduras psíquicas.

Está de más decir que somos una de las especies más débiles de la naturaleza; nos movemos en un ínfimo rango de temperaturas, debemos comer cada cuatro horas, dormir un tercio de nuestra vida, con dificultad sólo algunos pueden levantar una carga equivalente a su propio peso cuando apenas pueden mover su propio peso,...

Con las ataduras físicas y biológicas es poco lo que podemos hacer, quizás empujar un poco los límites como lo hacen los deportistas de elite al ir superando récord tras récord pero jamás podremos liberarnos completamente de nuestras naturales limitaciones como especie viviente.

Sin embargo en el campo de lo mental es donde podemos orientar nuestros esfuerzos de liberación.

Quienes somos está definido por quien pensamos que somos, como nos autodefinimos ya que proyectamos lo que pensamos. Claro está que existen múltiples factores externos que también influyen en esta definición pero con esfuerzo podemos minimizarlos hasta auto definirnos como personas.

Si algo nos inseguriza será nuestro punto débil, nuestra mayor atadura hasta quizás llegar a esclavizarlos en la limitación.

Por otro lado, si creemos ser buenos en algo y de manera consciente lo potenciamos, eso nos dará la posibilidad de liberarnos a través de logros obtenidos.

Independencia y libertad están íntimamente ligados y es a través de la libertad de pensamiento que la independencia de nuestro actuar llegará como consecuencia directa.

Ser independiente de ningún modo significa ser ciego y sordo a las señales que recibimos constantemente.

Una palabra de aliento, un consejo, y en el otro extremo una crítica e incluso la descalificación más feroz, si las tomamos con calma y sobre todo de quien viene, puede ser la mejor ayuda para conseguir esa independencia tan anhelada.

Necesitamos sensibilizarnos y sobre todo permearnos a nuestro ambiente para progresar y la mejor forma es abrir nuestro espíritu a través de la vivencia artística ya sea como creador o como espectador.

Arte, libertad e independencia parecen ser entonces ser las tres patas de la mesa donde podremos disfrutar del banquete de nuestras vidas.

1, 2, 3,... y 10

La mayoría de las veces en un momento de disgusto, aunque nos sintamos profundamente contrariados, si logramos respirar hondo, controlarnos y contar hasta diez, el desagrado ira gradualmente disminuyendo en intensidad a medida que nos acerquemos al final de la cuenta. Por supuesto no es una formula mágica como para sobrellevar cualquier situación negativa ni menos eliminarla por completo pero sin duda las puede aplacar hasta hacerlas soportables.

Quien más quien menos, llevados por un instinto irreflexivo, tendemos a reaccionar ante un estímulo negativo sin sopesar ni los pro ni los contra de nuestro actuar irreflexivo, casi como si se tratase de un acto de supervivencia.

Si un oso gris furioso, unos cuantos cientos de kilos más pesado que cualquier hombre, nos ataca en un bosque, no es mucho lo que podremos reflexionar antes de actuar. A correr se ha dicho porque el oso no entenderá razones y menos si acaba de terminar su tiempo de hibernación.

Pero seamos realistas, la posibilidad de cruzarnos con un peludo hambriento en el día a día de un ser urbano meridianamente normal, es mínima, en cambio, son infinitas las situaciones cotidianas en las que reaccionamos sin meditar, por lo general con resultados negativos.

Sin necesidad de estudiar a fondo el comportamiento humano como lo hacen los psicólogos, los psiquiatras u otros profesionales específicos, a nosotros, el común de los mortales, nos bastaría con mirar esas situaciones complejas desde cierta distancia no comprometida y analizarlas al alero de nuestros sentimientos.

Mmmmm, eso me suena a teatro.

Incluso en la pieza teatral más descabellada y aparentemente desconectada del verdadero actuar humano, lo que se representa en escena es exactamente eso; al hombre y sus reacciones, sus penas y alegrías, sus fracasos y sus logros, lo bueno y lo malo, el lado a y el lado b en un tiempo acotado.

¿Y qué mejor distancia que la de ser publico frente a los actores representando la vida?

El teatro es más que una simple entretención para distraer nuestra atención de los problemas del día a día, es reflexión en movimiento capaz de tocar niestras consciencias e inducirnos a pensar.

En un periodo de tiempo acotado, una buena obra de teatro nos puede pasear por una amplia gama de reacciones del ser humano y por lo tanto de las propias. Con la ventaja de la distancia protectora, podremos vernos reflejados en todos y cada uno de los actores, pudiendo así darnos cuenta de nuestros aciertos y de nuestros errores para potenciar los primeros y tratar de no repetir los segundos.

Si sabemos aprovechar la oportunidad formativa y no solo dejarnos deslumbrar por efectos especiales escénicos o emocionarnos sin razón por alguna lágrima forzada, podremos encontrarnos a nosotros mismos en toda representación de las artes escénicas.

Nosotros somos los actores de nuestra propia existencia en el escenario de la vida, claro que tenemos un inconveniente no menor, siempre tendremos que improvisar porque el guion no está ni estará jamás escrito a priori, lo iremos escribiendo gradualmente pero en base a experiencias pasadas.

Medio ambiente de-formador

Hoy no pasa un día sin que escuchemos en nuestro entorno comentarios referidos al medio ambiente. Del respeto a la naturaleza, de los recursos naturales que se agotan, de especies en extinción, del crecimiento sustentable, del reciclaje, de la bio cultura,...

Sin embargo tan importante como el medio ambiente natural más bien material de unos veganos luchando por cambiar deliciosos trozos de carne en punto de cocción 3/4 por crujientes lechugas recién cortadas, es el medio ambiente social y/o afectivo en el cual a uno le toca desenvolverse.

¿El hábitat crea al hombre o el hombre crea su hábitat?

Como siempre la respuesta es compleja pues depende de quién la conteste y bajo qué criterios de evaluación lo haga.

Un psicólogo dirá que es el ambiente afectivo quien desde la infancia propicia conductas mientras que un ecologista afirmará que es la naturaleza o la falta de ella quien formará la personalidad.

¿El vivir en un ambiente bucólico es garantía de futuros poetas?

¿Las carencias implican ladrones?

¿La paz propicia la paz y la violencia genera violencia?

Sin duda existen factores que son el dedo capaz de inclinar la balanza hacia una posibilidad u otra pero como confirmación de la excepción a la regla, desde siempre han surgido figuras icono de la cultura mundial desde medio ambientes contrarios a la formación de dichas personalidades.

Hijos de campesinos que llegan a ser connotados científicos, poetas de familias analfabetas, músicos de barrios obreros,...

El hombre masa es el mayor depredador existente en nuestro frágil planeta con la diferencia que un animal no destruirá su hábitat y sólo cazará más de lo necesario cuando le enseña a cazar a sus crías.

El hombre simplemente arrasa y después evalúa.

En este actuar aparentemente irracional, la lógica que subyace es la del egoísmo; yo hago lo que yo creo para satisfacerme sin pensar en el otro ni sopesar variables a largo plazo.

Arrasó un bosque, vendo la madera, tengo dinero, me doy mis lujos, se me acaba el dinero, sigo con el bosque de al lado.

Ante este ejemplo un observador cualquiera tiene algunas opciones.

1.- Imitar al depredador en ese accionar recurrente de destrucción egoísta.

2.- Llegar a un punto de equilibrio capaz de mantenerse en el tiempo.

3.- Dejar al bosque tranquilo.

Como siempre existirán los radicales diciendo que riqueza produce riqueza y en el otro extremo los otros fundamentalistas evitando a toda costa tocar la naturaleza.

Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

El ser humano es un equilibrista caminando sobre el filo de la vida. El punto medio nos señala la ruta a seguir para vivir en armonía con todos y con todo.

Así como somos capaces de destruir, también somos capaces de crear para cuidar tanto nuestro medio ambiente natural como el social. Si lo hacemos entraremos en un círculo virtuoso donde estaremos creando nuestro medio y este nos retribuirá creando nuestra personalidad consciente.

Sólo se cosecha lo que se ha sembrado y la cosecha benefactora puede multiplicarse en nosotros

Otros crímenes de guerra

¿Cómo pueden existir el sólo concepto de crímenes de guerra si la guerra en si misma ya es uno de los peores crímenes que se pueden cometer contra la humanidad?

¿Será que en ese eterno afán del hombre por disfrazar de bien el mal, quiere castigar, al menos moralmente, una atrocidad dentro de otra?

Tratando de comulgar con ese instinto natural, podría decirse entonces que asesinar a alguien lentamente es más atroz que matarlo rápidamente. ¿Pero apretar un botón y matar a miles de manera instantánea es menos punible que el matar a una sola persona lentamente?

Las guerras siempre han existido y seguirán existiendo mientras el hombre sea hombre.

Difícil se me hace pensar en un niño aun no contaminado por las malas prácticas de la sociedad que preste uno de sus juguetes preferidos sin que su ángel malo le esté susurrando al oído la posibilidad de esconderlo aunque no lo esté usando.

Es evidente que existen excepciones a la regla, pero me atrevería a afirmar que desde el comienzo funciona nuestro instinto de supervivencia arraigado en lo más profundo de nuestro código genético. Estamos programados para sobrevivir y eso nos lleva a ponernos a como dé lugar delante de la fila.

¿Y dónde está el supuesto grado de desarrollo superior en relación a otras especies en los aspectos emocionales e intelectuales de la raza humana?

Teóricamente deberíamos ser capaces de evaluar nuestro comportamiento y sus posibles consecuencias pero la teoría es idílica en relación a la práctica.

Tomándonos un café con amigos mientras filosofamos sobre el devenir de la humanidad, podríamos llegar a un modelo perfecto pero el día a día nada tiene que ver con ese modelo.

¿Cuantos de nosotros ayudamos a desconocidos sin esperar nada a cambio?

Aunque en nuestro fuero interno sepamos que el beneficio individual gradualmente se expande y que al ayudar a otros nos estamos ayudando a nosotros mismos, pocos lo hacen.

Los valores universales reconocidos como positivos son pisoteados a diario, teniendo incluso que llegar a oficializarlos a través de documentos oficiales como leyes o la declaración universal de los derechos humanos y yendo un poco más allá, la declaración universal de los derechos del niño.

¿Los conocemos o los intuimos?

¿Los respetamos cabalmente?

Ningún juez que no sea la propia conciencia será capaz nunca de cambiar en lo más mínimo nuestro comportamiento. Es sabido que un alto porcentaje de quienes son encarcelados, vuelven una y otra vez a prisión.

¿Entonces?

Quien viva encerrado en su metro cuadrado de relativo confort nunca conocerá otras realidades, ni mejores ni peores y repetirá hasta el infinito su actuar.

El arte y sus diferentes manifestaciones nos pueden ayudar a sensibilizarnos ante el prójimo, ese que pasa todos los días a nuestro lado pero que preferimos ignorar. Más que conocer, podremos llegar a sentir sus penas y alegrías pero lo más importante es que podremos mirarnos a nosotros mismos y juzgar nuestro actuar para con los otros.

Al emocionarnos con una melodía triste o querer bailar un ritmo alegre, quizás derramar unas lágrimas con una obra de teatro o una película, el pasar más tiempo de lo que se podría considerar como normal frente a un cuadro que nos lleve a la reflexión, son los caminos de entrada a la auto evaluación, esa que nos llevará al mejor actuar.

Vivamos arte para erradicar los crímenes de guerra y los otros también.

¿Utópico?

¡Si, pero sin utopías la humanidad no habría evolucionado jamás!

Ciber personalidades cautivas

Hoy pareciera ser que un individuo sin cuenta en Facebook, Twitter, Instagram o alguna de las redes sociales, no existe. Sin darnos cuenta, hemos pasado de ser individuos de carne y hueso a ser usuarios con un nickname y clave de acceso. En ese tránsito nos hemos vuelto ciber dependientes al punto que nuestras vidas están en la red ya sea porque nosotros hemos hecho algo por estar ahí, ya sea porque alguien nos incluye en su ciber espacio y por lo tanto en la red.

Hagamos lo que hagamos al estar conectados a Internet, nuestras vidas son capturadas por programas dedicados a conocer a los usuarios y por supuesto a detectar posibles clientes. Basta con que por una sola vez busquemos ofertas de pasajes aéreos con un destino específico, para que después, de tanto en tanto nos lleguen espectaculares ofertas de viaje.

Si alguna vez tuvimos la idea de buscar información sobre deportes, al poco tiempo llegarán ofertas de actividades e implementos.

Incluso cuando ilusamente creemos estar descargando programas gratis, la red captura nuestros datos para engrosar una base de datos que luego será vendida en el mercado a empresas ávidas de nuevos potenciales clientes.

En el ciber espacio, nada, absolutamente nada es gratis. Cuidado con el lobo vestido de oveja.

La red nos atrapa como moscas en un espacio multi dimensional paralelo al mundo material. Digo mundo material y no real porque lo virtual si existe y está invadiendo nuestras vidas sin que podamos hacer nada para controlarlo o marginarnos de él.

El querido diario de vida ahora son fotos con breves notas en Instagram, los intercambios epistolares ahora son emoticones en Facebook con una que otra palabra mal escrita ya sea por ignorancia de quien la escribe, ya sea porque el auto corrector aún puede cambiar el sentido de una frase y una discusión acalorada no son más que twiteos y retwiteos hasta llegar a ser Trendig Topic.

El intercambio social del tú a tú se ha transformado en gallineros de chat donde todos cacarean al mismo tiempo parapetados tras sus teclados.

En este mundo binario de unos y ceros, incluso ya existen las ciber personalidades de quienes se sienten inseguros en la vida material pero súper poderosos en el mundo virtual de Internet.

El paradigma es entonces como usar la tecnología evitando llegar a ser usado por ella.

En el reducido espacio del metro a las horas punta sólo puedo escribir en mi teléfono mal llamado inteligente por lo que sería injusto de mi parte el renegar completamente de la tecnología.

Si bien el ocio y la distracción son más que necesarios, indispensables ahora más que nunca para sobrellevar el stress contemporáneo, de tanto jugar Candy Crush ya debe haber muchos ciber diabéticos.

Ojalá los fanáticos de los juegos de estrategia lleven sus planes ganadores a la vida material por el beneficio de ellos mismos, de su entorno y de todos.

Ojala esas personalidades atrapadas en los intersticios del ciber espacio puedan abstraerse de las pantallas y salir a la vida del contacto material entre personas y llegar a ser súper hombres de verdad fuera del mundo digital también.

El abejorro no puede volar, pero él no lo sabe

Hasta hace muy poco tiempo la ciencia afirmó que dado su peso excesivo para el reducido tamaño de sus alas, su geometría, y en definitiva, su nula lógica aerodinámica, el abejorro no podía volar, pero como el abejorro ignoraba su imposibilidad de hacerlo, volaba feliz entre las flores; feliz de la vida confiado en sus incomprendidas capacidades.

No se pueden saber los dones de un mono si se le pide volar ni los de una planta si se le pide escribir un ensayo sobre la vaca.

En su ego infinito los hombres de ciencia encasillaron al abejorro en las leyes conocidas hasta el momento de tan aberrante afirmación sobre su incapacidad de volar. De manera equivocada basaron su juicio en las leyes de la aerodinámica, coartando así, al menos en teoría las posibilidades naturales de volar del insecto rebelde ante el orden establecido.

Los eruditos de las teorías tuvieron que cambiar el enfoque sobre el fenómeno y ahora explican su vuelo gracias a leyes de la física de fluidos y no de la aerodinámica.

¿Explicar el comportamiento aire como si fuera agua?

Tener plena consciencia de las propias capacidades nos puede llevar más lejos que el conocer esas limitaciones que otros nos cuelgan como un lastre difícil de cargar.

Cuesta sacarse las etiquetas que nos definen como individuos y restringen nuestras posibilidades pero se puede.

La historia del homo sapiens, ese animal casi simio, está llena de ejemplos que avalan esta afirmación a priori ingenua.

Albert Einstein, ese loco despeinado que revolucionó el enfoque con que la física explicaba la realidad material, no aprendió a hablar hasta los 3 años.

La madre de Thomas Edison lo tuvo que sacar del colegio y encargarse ella misma de su educación porque según sus profesores él era demasiado estúpido como para aprender.

Walt Disney fracasó en su primera empresa.

Luis Braille, siendo ciego, tuvo que inventar un método para relacionarse de mejor manera con el mundo.

Frida Kalho tuvo poliomielitis y a pesar de fuertes dolores que la acompañaron toda su vida, llegó a ser una gran artista.

Ludwig Van Beethoven escribió su novena sinfonía estando ya completamente sordo.

Leonardo da Vinci, supuestamente tenía dislexia, TDAH (Trastornos De Aprendizaje por Hiperactividad), déficit atencional y otras dificultades de aprendizaje.

Stephen Hawking, hombre con esclerosis, a pesar de sus limitaciones físicas progresivas, se ha transformado en un referente científico contemporáneo.

Suma y sigue. La lista de quienes lograron superar sus limitaciones es interminable.

Se puede, a pesar de todo se puede.

Librándose de las etiquetas se puede.

A conciencia, con esfuerzo y perseverancia, se puede.

Tampoco se trata de caer en el denominado efecto Dunning-Kruger, cual es creer que sabemos más de lo que realmente sabemos. De hacerlo así de cierta manera estaríamos asegurándole al abejorro que no puede volar.

Aunque nos demuestren con irrefutables leyes escritas que eso es imposible, todos podemos encontrar la manera de volar.

Bzzzzzzzzzz.

Jugo de naranja is back

Afortunadamente para tanto oficinista estresado a la hora del ingreso a sus trabajos, el jugo de naranja volvió en gloria y majestad a la esquina de siempre. El mismo carro de supermercado adaptado para el negocio de venta de jugos de naranja recién exprimidos, operado por la misma señora con anatomía de naranja.

No creo que haya regularizado su situación ante la municipalidad, sacando un permiso de funcionamiento, ya que las condiciones sanitarias distan mucho de ser las óptimas pero vende tanto que sucio no puede estar y por último, los compradores se toman esa suciedad bien diluida entre tanto jugo fresco que sale de ese carro.

Las costumbres son muy difíciles de cambiar, sobre todo si tienen que ver con el buen vivir.

Es cierto que, como dije, las condiciones sanitarias no son óptimas pero la frescura de sus jugos y la simpatía de la señora, hicieron que su negocio anduviera de maravillas y los compradores hagan caso omiso de "ciertos detalles".

Algo similar sucede con los diseños de escritorio por ejemplo en el área de la arquitectura donde la geometría rígida de una plaza termina con senderos diagonales sobre el pasto porque ese recorrido es más corto.

Cuando se trata de llegar a mucha gente, se puede proponer pero no imponer y para eso se deben investigar a conciencia usos, costumbres, preferencias, edades, sexos, etc...

Es muy difícil venderles quesos maduros franceses a los mexicanos así como es imposible venderles insectos comestibles a los franceses.

Ejemplos de este tipo existen por millones y a veces la porfía humana es ciega al tratar de imponer.

Las artes escénicas no escapan a este modelo de comportamiento.

¿Cuántas obras no han tenido el más rotundo de los fracasos por un ego exacerbado de sus creadores al menospreciar las preferencias del público al cual querían llegar?

El éxito se asegura con mucho trabajo de investigación serio previo a la creación aunque por otro lado, si no fuera por esos egos descomunales de algunos creadores, indiferentes a la opinión de la masa, seguiríamos presenciando solo tragedias griegas en ágoras al aire libre.

Solo divagando en mi inseguridad, creo que esos espíritus rebeldes son indispensables para generar cambios y aunque fracasen en sus intentos, de seguro volverán una y otra vez con sus ideas.

Todo movimiento tiene una inercia y es por eso que muchas de las figuras icono del arte mundial de todos los tiempos no han tenido vidas fáciles y solo después de muertos su obra ha sido reconocida.

Excepciones existen pero son las menos.

¿Acucioso estudio previo para la creación o creación sincera desde la intimidad del creador sin considerar variables ajenas a su propio sentimiento?

Obviamente la respuesta es personal.

En el mundo de los sentimientos materializados en obra, las recetas estrictas no existen o no deberían existir a pesar de que algunos "productores" hayan encontrado la fórmula mágica para vender. En la música no es un secreto que un estribillo simple repetido al infinito y machacado reiterativamente a los indefensos oyentes tiene prácticamente asegurado el éxito. Muchas veces hemos llegado a tararear una melodía sin que necesariamente esta nos guste.

Es increíble cuantos devaneos existenciales puede inspirar un simple jugo de naranja, claro que esta mañana lo probé mezclado con jugo de zanahoria; bocato di cardinale.

Memoria frágil

Hasta donde me acuerdo la memoria es otro de los factores fundamentales para nuestro correcto ser y hacer. Y que quede claro que no considero necesariamente hacer lo correcto como aquello que responde a la trilogía de lo que se debe hacer, cuando se debe hacer y cómo se debe hacer según los patrones comúnmente aceptados por la sociedad o grupo humano con el cual se viva.

Recordar acciones pasadas nos sirve para no repetir errores, economizar tiempo y energía por no tener que aprender cada vez algo ya hecho y permitirnos ir mejorando progresivamente en base a experiencias ya vividas.

Quizás la principal característica de la memoria sea la de brindarnos el regalo de poder elevar nuestro espíritu a mundos oníricos de placenteras experiencias idealmente repetibles pero con el gran valor de ser únicas.

Ese primer beso intrascendente en lo práctico pero grabado a fuego en nuestros sentimiento, jugar en la plaza con los compañeros de barrio no para ganar sino para divertirse, el nacimiento de un hijo fruto del amor, aquello que consideramos un éxito personal como justo premio a nuestro esfuerzo,...

Pero la memoria es frágil.

Fácilmente es engañada e incluso anulada por la pirotecnia distractora del día a día.

En su inmensa sabiduría la vida va gradualmente diluyendo los dolores y exaltando los aciertos.

Creo que lo nefasto e incluso maquiavélico es cuando se nos obliga a olvidar o recordar con fines que quizás sospechemos pero preferimos ignorar.

En nuestro fuero interno los recuerdos siempre están ahí y la consabida mano negra por siempre ha tratado de manipularlos a su conveniencia, por supuesto para obtener egoístas beneficios.

En Chile no tuvimos un dictador, tuvimos un tirano.

El tiempo pasa inexorablemente y la manipulación de los recuerdos es patéticamente real en mi país.

Los medios de prensa, casi al unísono desvían nuestra atención para hacernos creer lo que sus dueños quieren en pos de aumentar su poder. Ya ni siquiera es una cuestión de dinero sino de poder.

Que los desaparecidos no fueron tantos, que el actual éxito económico bien valía un "pequeño sacrificio", que más vale mirar hacia el futuro y no quedarse en un pasado ya lejano.

No se debe olvidar y no se olvidará jamás. A pesar de los enormes esfuerzos por hacernos olvidar, quizás el recuerdo se atenúe pero jamás habrá olvidó.

La única forma de no olvidar es recurrir de vez en cuando a la biblioteca de nuestras experiencias, las buenas y las malas, para re leer todos aquellos capítulos que nos han hecho ser quienes somos.

Órgano que no se usa se atrofia y a pesar de que la memoria no lo es, de no entrenarla puede atrofiarse hasta desaparecer y convertirnos en un habitante inconsciente de este "Mundo feliz".

El poder de las artes es el mejor ejercicio para nuestra memoria; una buena obra de arte es capaz de remover nuestras conciencias al punto de hacer presentes recuerdos debilitados.

Eso según recuerdo.

El filósofo Paul Ricoeur explica el recuerdo como una imagen. Al recordar representamos un acontecimiento pasado. Se da así una estructura común entre memoria e imaginación en el momento que tiene lugar en nuestra mente la representación de algo ausente.

Seguir al rebaaaaño

Cuando se vive en una gran ciudad contemporánea con millones de habitantes, todos apresurados por llegar a ningún lugar, todos con una carga de estrés importante, todos desconocidos entre sí, es inevitable sentirse de vez en cuando como parte de un inmenso rebaño de ovejas con la cabeza gacha, sin otra visión más que la del culo de quien va delante cuando apenas se levante la vista, sobre todo en las horas llamadas punta cuando la masa se traslada de un lugar a otro al unísono.

En esas horas críticas es difícil, si no imposible, tomar una alternativa diferente de desplazamiento. De vez en cuando, en un altanero arranque de libertad, lo haremos en nuestro propio vehículo para vernos atrapados en una masa de motores prácticamente inmóviles y si lo hacemos en el transporte público, nos veremos inmovilizados dentro de una gran masa informe que nos obligará a ralentizar nuestros desplazamientos.

Quizás podríamos resistirnos tratando de conservar nuestra individualidad pero no podemos ser tan ilusos como para creer que en un vagón de metro atestado de personas, podremos salvaguardar un mínimo espacio de intimidad. Si hasta pareciera ser que todos los pasajeros pueden llegar a pensar lo mismo que piensan todos en el vagón. Al menos algo es seguro; todos llegan a pensar en cómo salir de ahí lo más rápido posible.

Son pocos los valientes que se atreven a tomar un camino completamente diferente, cambiando de hábitat y por lo tanto de costumbres.

En las grandes ciudades está supuestamente todo lo necesario para vivir razonablemente, todo salvo la tranquilidad, con el lamentable añadido del estrés.

La evidente solución para dejar de ser uno más dentro del rebaño y re encontrar la individualidad, es menos misterioso de lo que parece; decidirse a levantar la cabeza, mirar más allá del horizonte inmediato y dejarnos guiar por nuestros sueños, esos que siempre están y estarán ahí pero que la vida nos va enseñando a reprimir.

¿Pero cuantos nos atreveríamos a hacerlo?

¿Dejar nuestra supuesta tranquilidad, montarnos sobre una nube y dejarnos llevar?

Con el tiempo, aunque sea pequeña, quien más quien menos, logramos tejer una red de contactos, la cual utilizamos como excusa para quedarnos dentro del rebaño.

El abandonarlo todo para vivir en la angustia de la duda recomenzando una y otra vez no parece una buena alternativa.

¿Y si nos quedamos en el rebaño y caminamos con la cabeza erguida para mirar por sobre el lomo de quien nos antecede?

¿Y si de vez en cuando nos alejamos del rebaño para ver la vida en perspectiva pero volvemos a él sabiendo que la unión de muchos puede más que la individualidad de uno solo?

Es más fácil cambiar una realidad desde dentro que desde fuera de ella.

Aprovechemos el efecto multiplicativo del rebaño pero seamos el ejemplo a seguir al tener la capacidad de levantar la vista para no mirar tan solo el culo de quien nos antecede.

Si todos miramos más allá del horizonte cercano, nuestras posibilidades son infinitas.

No nos sintamos tan solo uno más dentro del todo sino uno que puede aportar a que el todo sea más.

Si así lo hacemos, de seguro nos sentiremos mu-u-uy bie-ee-en.

Puro teatro

La magnífica obra podría representarse una y otra vez hasta el infinito con el mismo impacto emocional en el público si tan solo se cuidasen los detalles de la puesta en escena.

Vestuario perfecto, actitud perfecta, dialogo perfecto, escenografía perfecta, espacio escénico de primera pero... los detalles, esos mínimos detalles que al sumarse pueden hacer fracasar cualquier representación.

7:30 de la mañana y el mendigo de ropa sucia, con voz lastimera repite una y otra vez sus líneas; "tengo haaaaambre..."

La horda de oficinistas uniformados, ellos de corbata y traje obscuro, ellas de taco alto y falda de largo inversamente proporcional a sus aspiraciones en la empresa, alienados rumbo a su confinado puesto de trabajo, al subir las escaleras que conectan el sub mundo del transporte público en esa lata de sardinas llamada metro y el mundo llamado laboral de esclavitud asalariada. Ninguno puede ser indiferente frente ese gran artista producto de mucho ensayo, perfeccionamiento y repetición por mejorar la pieza representada. De seguro, seducido en su piedad sanadora, más de alguno dejará caer una moneda en el sombrero recaudador para que ese pobre hombre pueda alimentarse y no morir de inanición.

Lo sé, aquí es donde empiezan las condenas hacia mi persona por ser tan insensible ante el desposeído.

Ok, de acuerdo, es una persona que vive en la pobreza pero algo diré en mi defensa; si uno es capaz de sobreponerse al primer impacto producido por el tono lastimero y la sola palabra hambre dicha con el tono preciso, impacto que yo mismo tuve la primera vez que presencié su acto, puede empezar a percibir con menos sentimiento y más frio análisis racional.

Basta observar un poco para darse cuenta que en un peldaño más abajo del que le sirve de asiento, ha ido acumulando los piadosos donativos de oficinistas demasiado apurados como para mirar más allá de sus narices.

Entre lo que se puede apreciar a simple vista, porque tampoco se trata de espiar descaradamente como para hacer un censo perfecto, cuento 2 paquetes de galletas sin abrir, 3 cajas pequeñas de leche aun selladas, 2 sándwich, uno de ellos de jamón con queso y una bolsa plástica conteniendo algunas cosas.

Bendito desayuno. Por lejos, mucho mejor al mío que con suerte es un café pequeño para no perder tiempo y algún trozo de pan masticado sin ganas rumbo al transporte público.

¿Quién está equivocado?

¿El o yo?

En realidad depende de las aspiraciones individuales pero si ese hombre quiere seguir con ese verdadero acto teatral que le da de comer, imperiosamente debe cuidar más los detalles porque tarde o temprano su público se percatará de que la representación es sólo eso; una representación.

En la actividad formalmente denominada teatro los detalles deben ser cuidados al extremo para que el espectador se deje seducir por la magia escénica y no sea desilusionado por un foco que no funciona, un zumbido por los parlantes, un pedazo de cartón asomándose de la escenografía o ...

El tío tacaño de la familia del pato Donald le enseñaba a su sobrino; "cuida tus centavos que tus dólares se cuidarán solos".

En las artes escénicas podría ser; "cuida los detalles que la obra se cuidará sola".

 

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