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Dom, May

Y no es coña | Carlos Gil

Escribo viendo una parte del Atlántico desde el Puerto de la Cruz en Tenerife, donde he estado inmerso en una marea humana que se llama Festival Internacional de arte en la calle Mueca 2019. Un festival con una trayectoria suficiente como para considerarlo veterano. Y, sobre todo, para considerarlo referente de una manera de entender la acción cultural, de convertir las artes de calle en una fiesta popular, en algo que se disemina y que cuenta con una suerte de cómplices que hacen posible su existencia. Los cómplices son particulares que colaboran de manera práctica junto a las instituciones que lo patrocinan.  

 

Como este mes de mayo empieza en el Estado español la temporada de teatro que se hace en espacios públicos  abiertos, de nuevo al estar yendo de una punta a otra de esta bella ciudad, al ver las aglomeraciones de la ciudadanía acudiendo a los lugares donde se concentran las actuaciones más mayoritarias, al ver las diferentes formas en las que se ha ido quedando la parte mayoritaria de la oferta para este tipo de teatro, artes escénicas, como se le quiera llamar, he vuelto a pasarme estos días recordando sin nostalgia de dónde venimos y hacia dónde vamos, que no soy capaz de discernirlo a partir de donde estamos hoy en día.

Voy a señalar las singularidades de Mueca, porque son miles de ciudadanos y ciudadanas, niños, jóvenes, maduros y ancianos que abarrotan los espacios habilitados. Son tres grandes espacios con gradas, más una parte de un estadio de fútbol. Es decir, se programan espacios de diferente índole de manera frontal, al aire libre y se abarrotan. En el espectáculo que inauguraba esta edición, un grupo local de humor muy local, cerca de dos mil personas estuvieron divirtiéndose de manera libérrima, y tenían dos funciones más. “Paganini” actuó ante unos largos cientos en otro espacio con todo repleto y en una actuación vibrante, especial, remarcable. Podría seguir, es impresionante estas movilizaciones de personas que parecen llegar de todas las partes de la isla, además de los turistas que se encuentran con ello de manera espontánea.

En muchos lugares de la ciudad se repiten actuaciones musicales, de danza, con la participación de grupos locales que le dotan a Mueca de una singularidad y una particularidad muy sugerente y que le convierten en una acción cultural participativa, colaborativa, popular en el sentido más amplio y positivo del término. 

Pero, de todo lo visto, lo único que yo calificaría de manera indudable como teatro de calle, pensado para la calle y que solamente se puede realizar en la calle debido al aprovechamiento de las personas y las circunstancias arquitectónicas y urbanas que encuentran es el trabajo del trío austríaco “Irrwisch”, con dos espectáculos muy diferentes, pero con la misma concepción de intervención en la vida cotidiana y transformación con la herramienta del humor de todas las circunstancias que van encontrando. Un pasacalle, alguna acción en movilidad en una calle, son cosas que se acercan a la teoría antigua, lo demás, teatro, danza y mucho, pero mucho circo, frontal con montajes que pueden pasar sin ningún tipo de problemas a un espacio cerrado, teatro o sala sin ninguna variación en toda su estructura interna y su poder de comunicación con los públicos.

Esto sucede desde hace algunos años de manera imparable en todas las programaciones y festivales que se convocan con esta advocación. Por eso he intentado hacer una colección de preposiciones para poner delante de Teatro. Aunque en ocasiones ya lo he dicho, ¿por qué no le llaman circo o danza? Durante parte del año hablo, discuto, debato, pienso, repienso, me contradigo, comprendo, me rebelo y vuelvo a empezar para saber los motivos que nos han llevado a este punto. Y son tantas, tan concurrentes, una confluencia de circunstancias que no se puede explicar sin entrar en una fase mágica, porque quizás la política de seguridad tenga tanta influencia como la economía. La precariedad, la bajada de presupuestos para la producción. Y la exhibición, la urgencia de ocupar los meses de verano donde apenas hay programación en interiores, muchas fiestas mayores y otros asuntos que no soy capaz de relatar sin que se me vuelvan los dedos agujas hacia dentro.

Por lo tanto, no hay manera de atrapar este fantasma. Casi todo en nuestra vida ha ido perdiendo consistencia, fundamento teórico, se renuncia a partir de un estudio, de una clasificación estética, social, artística, un planteamiento previo, un desarrollo. Da la sensación de que la coyuntura propicia la improvisación sin fuste, el todo vale, el aguanta mientras cobro, es decir, un deterioro real de lo ofrecido. Y en la otra parte, la contratante, por circunstancias varias, han admitido esto o quizás lo han propiciado involuntariamente porque se programa con la calculadora, con el equilibrio contable, y si se destina muy poco dinero, lo que se puede contratar acostumbra a ser de baja calidad. En las artes escénicas y en la pintura de fachadas. 

Por todo ello, aplaudiendo a quienes inciden en mantener sus programaciones en la calle, que procuran alimentar el espíritu, propongo que entre todos intentemos reconducir la situación. Volver a considerar esta parte de las artes escénicas desde perspectivas artísticas y no solamente por su coste barato y por otra cosa que me cuesta señalar, porque lo he escrito tantas veces, lo he proclamado en tantos foros, lo digo a quien me quiera escuchar: es una acción propensa a la demagogia. Decir en cualquier lugar y territorio que ha habido equis miles de espectadores es algo casi imposible de comprobar. 

Así que renuncio a fruncir el ceño y proclamo: ¡¡¡Viva las Artes Escénicas a, ante, de, desde, en, para, por la calle!!!!