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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

El ordenador es con frecuencia una trinchera que nos pone bravos. Quizá por esa falsa sensación de que nadie nos mira – y digo falsa porque no hay duda de que tener un ordenador conectado a Internet es la manera más eficaz para estar vigilado –, quizá porque casi nunca hay nadie alrededor para apaciguar nuestro temperamento, o quizá porque verter lo escrito al mundo virtual tiene el mismo efecto purgador que el de un grito lanzado al cielo, la cuestión es que detrás de la pantalla tendemos a desinhibirnos y expresar aquello que cara a cara no nos atreveríamos. Los correos electrónicos son una prueba de ello. ¿Cuántos abrazos enviamos a personas con las que nunca llegaremos más allá de un apretón de manos? ¿Cuántos besos se van para personas a las que no se nos ocurriría besar? En los chat virtuales la situación es más radical. Allí, en esos foros que tan bien acogen a gente desaforada, el personal da rienda suelta a su lado más ruin, y bajo la máscara del anonimato, incluso las personas más recatadas no tienen pudor en proferir todo tipo de insultos y amenazas, asumiendo que nunca se comportarían así en plena calle.

Imagino en el espacio virtual una habitación donde se almacenan esos besos, insultos y abrazos que no se hacen reales. Algunos de estos gestos los veo como perros desahuciados de perrera, con ese aspecto tristón de quien ha sido concebido para no tener un verdadero dueño, y a otros con la mirada esquizoide de quien percibe su naturaleza de una manera y las circunstancias de otra. A esa habitación imaginaria le colgaría una cruz roja en la entrada, pues refleja el cortocircuito emocional que frecuentemente padecemos cuando no expresamos lo que sentimos, y viceversa, cuando no sentimos lo que expresamos.

La contradicción entre el querer expresar y no poder, entre el deseo de recibir y estar obligado a rechazar me pone en la yema de los dedos la historia de Temple Grandin. Esta mujer es actualmente una eminencia en el conocimiento del comportamiento animal y, de hecho, suyos son los diseños de los mataderos norteamericanos que mejor trato ofrecen a las reses, pues con ellos la buena de Grandin se aseguró de que los animales tuviesen una existencia placentera hasta el instante antes de ser sacrificados. Para quien no esté familiarizado con el tema, la biografía de esta etóloga es sin duda más interesante que sus logros en ganadería. Su vida viene marcada por padecer autismo, una enfermedad que se hizo evidente desde que tenía seis meses, cuando empezó a no soportar el contacto de las personas, ni siquiera el de su madre. Este deseo de no ser tocada le ha acompañado toda la vida y sin embargo durante un buen tiempo, en su interior, necesitó tener la sensación del abrazo. Grandin resolvió esta contradicción del abrazo sin contacto humano gracias a una máquina que ella misma fabricó, a través de la cual dos planchas acolchadas presionaban sus costados al activar una palanca. Durante muchos años esa maquina estuvo en una esquina de su habitación y la utilizaba siempre que se enfadaba o se ponía nerviosa. El achuchón de la máquina, aunque mecánico, la aliviaba sobremanera, tanto que probablemente no hubiese llegado tan lejos de no haber tenido el artilugio a su disposición.

De la mano de Grandin volvemos a la encrucijada, a ese territorio imaginario donde conviven, en desorden, multitud de intenciones y emociones huérfanas que buscan de cuerpos de acogida. Allí están, dejados a la intemperie, abrazos alérgicos a la piel, besos que se esfuman al recibir el aliento de otras bocas, puñetazos que nunca romperán hueso alguno, amenazas que amenazan con no cumplirse jamás. Pienso en el teatro, y llegados a este punto entre virtual y surrealista, me da la sensación de que esta actividad es una manera a veces refinada y otras salvaje de almacenar las emociones que necesitan hacerse carne. Emociones incompletas que sólo alcanzarán su plenitud cuando encuentren cobijo bajo la piel de algún espectador abierto.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
Precio : Próximamente

Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€