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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

La historia en su devenir se salta las señales de tráfico. ¿Cómo es posible que el actor naciese y se desarrollase durante siglos como artista de calle y que a día de hoy el actor de calle sea una excepción en su especie? En los grandes teatros del pasado el actor desarrollaba su oficio en espacios abiertos, lugares que hoy entrarían dentro de lo que se llama teatro de calle. Pensemos en las antiguas Grecia y Roma, en los siglos dorados de los diferentes países europeos o en muchos de los teatros tradicionales de Oriente... En el culmen de estos teatros estaba un actor que se había curtido a la intemperie, sin trampa, cartón ni telón por medio; un actor solo ante el peligro que llevaba sobre sí, sobre su cuerpo y su voz, toda la responsabilidad del acto escénico, sin el socorro de iluminaciones, atrezzo ni otras modernas tecnologías. Hoy día, cuando ya no se habla de Teatro de Calle sino de Artes de Calle, cuando el circo, la danza y los fuegos de artificio han ocupado los espacios que antaño pertenecían a los teatros clásicos y populares, ese actor que en su pureza es sólo voz y cuerpo, parece haber encontrado mejor acomodo en las condiciones que ofrecen los espacios cerrados.

Por eso cuando fortuitamente me topo con uno de esos actores o actrices de viejo cuño, que son capaces de atraer la atención de los espectadores sin espada ni capote, y que traen consigo todo el teatro, el que es arte y el que es edificio, mi admiración toca las campanas. No sólo pienso en su técnica, en su inverosímil capacidad para ganar la partida de la atención a todos los estímulos que saturan actualmente las calles, ni en cómo ha logrado condensar en un solo arte música, acrobacia, clown, canto, declamación o mimo, o en lo duro que tuvo que ser el aprendizaje a través del ensayo-error, cuando el síntoma del error es un espectador que se está yendo. Pienso también en la trastienda de esa bella artesanía, en las sombras que esconde tanto esmero. En que probablemente aquella persona que vemos como actor o actriz, guarda dentro sí, como si fuera una matrioska, muchos otros oficios. Pienso en que muy probablemente es un gran conductor de carretera, de aquellos que tienen marcadas en su mapa las áreas de servicio que menos estafan y que sabe, mejor que cualquier GPS, las rutas más rápidas y más baratas. Pienso en que para hacer la escenografía de ese espectáculo que estoy viendo, ha tenido que ser carpintero y perito; y que si ha elaborado esa sencilla instalación lumínica que adorna parte del escenario, ha tenido que adquirir los conocimientos básicos de un electricista. Me doy cuenta de que, con toda probabilidad, para sacar a flote una empresa que, como toda empresa teatral, nace con los pies hundidos, por fuerza ha de ser un buen contable, un respetable productor y mejor comercial. Y cuando finaliza el espectáculo aplaudo, no sólo porque me ha gustado la propuesta, sino porque es una manera de trasladarle mi ánimo y mi solidaridad cuando imagino que en breve tendrá que desmontar, en esa terrible soledad en la que ya nadie le mira, toda la escenografía, recoger cuidadosamente todos los bártulos y prepararse para descansar lo mejor posible en un colchón ajeno, porque mañana toca más carretera y otra actuación en la otra punta de la península.

Sucede que, con el tiempo, algunos de estos actores que han madurado de plaza en plaza, pasan a trabajar en teatros de interior. Quienes lo hacen con criterio guardan consigo un particular y exquisito respeto por el oficio que han escogido, aprenden a no convertir lo excepcional en rutina y saben saborear cada comodidad como un lujo. Pero, además, cuando se les ve trabajar sobre las tablas, uno se deleita viendo la facilidad con la que alcanzan la cualidad y la fuerza escénica justa, y la maestría con la que reaccionan momento a momento a todas las vicisitudes que acontecen a su alrededor. Me seducen esta estirpe de actores que resguardan en estado salvaje el animal teatral que les habita por dentro, y que, a pesar de los años, aún permanece insaciable en su voraz apetito escénico. Por eso, cuando me preguntan por una buena escuela de teatro para un actor en ciernes, respondo que la mejor escuela que conozco para tales casos es el teatro de calle. Quien quiera aprender teatro allí, encontrará en estado bruto todo aquello que los libros y los maestros sólo pueden apuntar.

 

 

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€