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Mar, Nov

Y no es coña | Carlos Gil

Doy fe de dos acontecimientos a los que he asistido y que tienen ya muchos años de existencia por lo que deben ser tratados con el respeto que esta longevidad requiere y porque su actividad ha sido, y debe ser, fundamental para dos campos imprescindibles de nuestro quehacer teatral. Me refiero por un lado al Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz -que cumplió su trigésima cuarta edición- y el Premi Born para textos dramáticos que organiza el Cercle Artístic de Ciutadella de Menorca y que entregó su galardón cuadragésimo cuarto.

 

Me paro primero en lo último, el Premi Born, porque es muy singular, tanto por la entidad que lo organiza y lo apoya, una asociación civil, privada, que defiende desde una ciudad pequeña una continua presencia de actos artísticos, o sea, culturales, que tiene en esta atención a la dramaturgia en castellano o catalán, una vocación remarcable ya que lo dota de catorce mil euros y la edición de la obra ganadora en los cuatro idiomas del Estado español, algo muy importante ya que son los actos, con la acción sobrepasa de manera evidente a todas las retóricas gubernamentales y políticas de toda índole. No hay un premio institucional que cubra este proceso editorial y de difusión. No hay ninguna unidad de producción, ni estamento similar que proponga algo que debería ser tan normal, como que todos los idiomas oficiales se pudieran utilizar en sus comunicaciones o en sus escenarios o bibliotecas.

Este año ha ganado ‘Los Satélite’ de Ricard Gázquez Pérez, autor y profesor de Barcelona, pero con obra escrita en castellano. El jurado se renueva cada pocos años, la secretaría del Premi cuida con ortodoxia conventual el secreto de las plicas. Los miembros del jurado no saben a quién ha premiado hasta el día de la proclamación. O sea, existen garantías suficientes de ser un premio muy cuidado. Pongamos una pega, hay un equipo lector que selecciona previamente unas decenas de obras para que los jurados se las lean. En esa criba puede haber alguna posibilidad de tendenciosidad, de gusto literario o estético, pero informan con fichas muy exhaustivas, para que cualquier miembro del jurado solicite la lectura de alguna de ellas. 

Nosotros la editaremos en castellano y euskera. Arola, lo hará en catalán, y la Revista gallega de Teatro, en gallego. El año que viene se verán las ediciones la noche anterior de la proclamación del ganador del 2020.

Cádiz, el FIT, sufre una situación que atraviesa lo emocional, lo reglamentario, lo ideológico y lo operativo. Tras veintisiete años de coordinador, director, máximo responsable, Pepe Bablé, se jubila en agosto de 2020. Este festival tiene tres máximos patrocinadores, que forman parte del Patronato: el Ministerio de Cultura, a través del INAEM, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Cádiz. El monto presupuestario más grande es del INAEM, pero la gestión, las infraestructuras y la localización corresponde al Ayuntamiento. La Junta, desde siempre, ha colaborado de una manera tangencial, y con un manifiesto recelo político.

Es decir, esta edición ha estado marcada por los homenajes, públicos y privados, que los participantes, los compañeros del equipo organizativo, los invitados de la casta universitaria, los amigos más personales, que han ido haciendo abrumador este año para Pepe. Feliz, pero triste, complacido por la respuesta de sus amigos e incluso del público en alguna representación teatral, pero sabiendo que está todo en una situación muy poco clara, por la tanto algo contrariado. Y para culminar aparece el domingo una entrevista con la nueva Concejala de Cultura, que repasa todas las actividades de su campo, con muchos festivales, la programación del Teatro Falla, cuyo responsable también se jubila, el Carnaval, flamenco, jazz, etcétera, etcétera, y con todos tiene una respuesta más o menos de manual, pero al llegar al Festival Iberoamericano de Teatro, dice que va a realizar una convocatoria pública para ver si hay nuevas propuestas. 

¿Por qué no estudia primero la composición del Patronato, la historia, la situación iberoamericana, las razones por las que se decidió hacerlo en Cádiz, antes de tomar una decisión de esa índole que parece una moción a la totalidad de estos 34 años? Ojo, que podría suceder que el máximo aportador de presupuesto decida llevárselo a otro lugar, porque lo sustancial y que me perdonen los gaditanos, es lo de Festival Iberoamericano de Teatro y la vinculación con el Estado español, a través de su Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música y otros estamentos de colaboración cultural y política con los países Iberoamericanos al máximo nivel. 

Hemos escuchado rumores, bastante bien informados, de conversaciones con el enemigo más grande del teatro público, de la gestión cultural democrática, un prototipo de gestión mercantil y con todos los signos de corrupción y rebaje de toda intención cultural, al que se le ha ofrecido que se presente. Sería un fracaso absoluto. Y tendría que intervenir el Ministerio porque no se puede variar el objetivo básico: la entrada de las dramaturgias iberoamericanas, tanto las de países con desarrollos estructurales y artísticos magníficos, como de aquellos que por diferentes circunstancias históricas no están en ese mismo nivel. Todos, por coherencia democrática y objetivos fundacionales, deben tener cabida y no sólo los que devenguen beneficios empresariales.

Pepe tiene unos meses para ver con exactitud en qué puede influir para que la transición sea lógica y positiva. Probablemente el equipo de gobierno del ayuntamiento de Cádiz no tenga mucha información, ni un plan, ni objetivos más allá del populismo. Son acomplejados y desculturalizados. Pueden tener varios títulos ganados en buena lid universitaria pero no entienden la cultura más allá de lo obvio. Y creen que todo lo que sea Cultura con mayúsculas es solamente para unas élites privilegiadas. Y ese es su gran error, no hacer que todas las clases sociales tengan la oportunidad de acercarse a la cultura más avanzada. Nada más reaccionario y que sirve para condenar a millones de seres a la televisión. Y en este caso, desconocer Iberoamérica como un bien común, y sus dramaturgias, como una manera de crear una identidad de ida y vuelta.