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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Habrá que poner a toda la profesión de estadísticos periodísticos y culturales en cuarentena. Los que tiene el trauma infantil de hacer listas de las mejores diez obras de teatro, los mejores coreógrafos, las mejores actrices de 2018, merecen nuestra comprensión y afecto. Incluso propongo hacer una colecta para pagarles una buena terapia. Son lugares comunes, signos de una desgana intelectual que en vez de argumentar lo resumen en un listado que se consume de manera fácil, que no tiene valor ni de uso ni de cambio, es una futilidad que, si acaso, sirve para que los pedigüeños de reconocimiento obtengan algún like en una de esas redes sociales tan parasitadas por los conversos, los egocéntricos empapados de quinoa y los que creen que jaleando al poder y sus aledaños van a ser sentados en la mesa de los que cortan el bacalao económico, social, cultural y teatral. 

Por estas razones, por la vagancia que nos libra de otros pecados mayores, porque sabemos declinar el verbo procrastinar de memoria, hemos querido liberarnos de la tendencia a ofrecer estadísticas, datos, números, cifras, aunque solamente fuera de nuestras varias actividades. Nos quedamos en las letras, en lo intangible, pero que a la vez construye una idea del mundo, de nuestra función en las artes escénicas, de lo subjetivo que convierte a lo supuestamente objetivo en un mamarracho.

Este boletín que acaban de recibir es el último de este año 2018, pero si se fijan es el 881, que es un número primo y que nos sitúa en un dato, al salir cada semana, cada lunes, significa que estamos a punto de llegar a los diecisiete años de presencia, de insistencia, de servicio público para difundir noticias del mundo teatral de ambos lados del océano, para mantener una fidelidad con profesionales y aficionados, para dar señales de vida más allá de los tópicos. Son más de veinte mil los receptores de este boletín cada lunes. Y esta cifra, la redondeo porque sufrimos ataques informáticos desconocidos, tuvimos problemas estructurales, los resolvimos, pero se nos quedaron agujeros que en este año los intentaremos solucionar para aumentar el número de interesados a los que les vayamos dando informaciones frescas, pensamiento, crítica, convocatorias y todo lo que nos rodea y caracteriza.

Estamos en plena remodelación de todo. La estructura accionarial ha cambiado, los objetivos básicos son los mismos, pero intentamos mejorar, ser más útiles, ponernos al día con las nuevas maneras de relacionarse con la comunicación. Nuestra Librería Yorick ha remodelado totalmente su web. Eso nos lleva a buscar maneras y sinergias para mejorar en todos los sentidos. Lo hemos hecho con un ayuda ministerial, la única que en su vida ha tenido la Librería, y la única que todo lo relativo a la zapatilla ha tenido en los últimos años. Esperemos volver a una normalidad con las instituciones. No va a ser fácil, porque sus convocatorias a las ayudas están muy encajonadas en unos conceptos, métodos y sistemas que levantan todas las sospechas.

La vida editorial de viejo cuño, de la era Gutenberg, sigue. Seis entregas al año de la revista ARTEZ con sus varios suplementos, que esperamos mejorar en este año que entra y que estamos estudiando introducir algunas novedades importantes. Todo se andará. Los libros, especialmente en nuestras dos colecciones más potentes, Textos Dramáticos y Teoría Y Práctica, siguen a un ritmo acompasado con nuestras posibilidades reales actuales. Quizás se refuerce de manera ostensible en los próximos meses, pero vamos goteando títulos, autoras, propuestas, estudios, investigaciones. Estén atentos porque estamos en la producción de varios libros que esperamos sean importantes para profesionales y aficionados.

Así que se acabó la bohemia. Llega el tiempo de adecuar las energías a los objetivos posibles de conseguir. Estamos convencidos de que nos esperan, a todos y todas, tiempos de ilusiones y de realidades, pero se necesita concentración, solidaridad, trabajo y talento encauzado en el esfuerzo y la técnica. El Teatro, las Artes Escénicas, son una manera de vivir.

Lo demás es estadística, egocentrismo, servidumbre y papanatismo.