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Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz
"Para ser un buen médico, en la habitación del paciente, con el sombrero no se olvide también de colgar sus prejuicios". Algo así le oí decir a un buen médico que en su tiempo libre daba clases en la universidad. Era una invitación a los alumnos que tenía enfrente, que lo miraban con los ojos nebulosos por tanto dato aprendido, para que en la práctica de su oficio se dejaran guiar por el instinto, la astucia, la perspicacia, la curiosidad y demás atributos que hacen caso omiso a la parte más racional de la mente. De vez en cuando, al colgar la ropa de calle en el vestuario antes de entrar al espacio de ensayo, me asalta esa frase. Funciona como una especie de resorte automático para que la inercia gris del día, esa rueda que aplasta a golpe de rutina, no difumine la viveza que debe tener todo ensayo.

Llevada esta idea al extremo, la sala de ensayos puede convertirse en un cobijo voluntario, en una suerte de cueva moderna que nos aísla de la mundanal indolencia, como si ésta fuese el destino de un exilio que es consecuencia del acoso de una cotidianidad que nos asusta. Parece una vía de escape lícita, la plasmación noble de un instinto de huída que brota sin cesar en las civilizaciones modernas y que en su vertiente insana se manifiesta en múltiples adicciones patológicas o en depresiones sin retorno. Sin embargo, en este supuesto lugar paradisíaco de la creación está el riesgo de la desconexión, la tentación de romper los lazos con la realidad en la que habitamos y, por tanto, negar la posibilidad de que la experiencia vital nutra la creación, y también viceversa, que la creación pueda convertirse en una experiencia útil que llevar a la vida. Si la sala de ensayos es una isla embargada, se obstruye el doble sentido de la autovía: la que permite al arte mirar la vida con una nueva perspectiva y, su contrario, la que convierte la experiencia cotidiana en estímulo artístico.

Sabemos de grandes artistas que en su incesante búsqueda no han hallado otra alternativa que el ascetismo, en el que su genio encuentra libertad suficiente dentro de los vastos confines de su cráneo. Hay sin embargo otros que han sabido impregnar mágicamente su quehacer artístico con sus vivencias cotidianas. Ahí está el caso de Beckett, cuyas obras posteriores a 1938 no hubiesen sido las mismas, una vez que un desquiciado proxeneta, con el paradójico nombre de Prudent, lo apuñaló sin razón aparente a la salida de un Hotel. La respuesta del tal Prudent cuando Beckett fue a visitarle a la cárcel para pedirle explicaciones, esa enigmática y trágica expresión "No lo sé, señor. Le pido disculpas", parece estar en la sombra de los mejores textos de Beckett. Probablemente el humor de Gila tampoco hubiese sido el mismo, tan entrañablemente absurdo como fue, de no haber sobrevivido a un fusilamiento, toda vez que los verdugos, borrachos, no atinaron con él y tuvo la astucia de hacerse el muerto. De la misma manera que quizá la elegancia y la liviandad de las coreografías de Moses Pendleton provienen de su pasado como campeón de esquí.

Experimentar la vida para inspirar la creación es un axioma recurrente en la historia del arte. En teatro Stanislavski lo repetía como un mantra. Pero incluso aquí la obsesión puede tornar el consejo en una encerrona e instaurar la obligación de valorar las experiencias en función de su utilidad artística. En tal caso, si uno mira el día a día tan sólo para proyectar creaciones, significa que está más presente en el "después" que en el "aquí y ahora" y que, por lo tanto, vive sus experiencias a medias. La preguntas se tiñen de burla: ¿El artista que se condena a vivir las experiencias a medias, no creará también a medias? ¿Si observando un árbol imagina los personajes que habitan a su alrededor hasta dejar de ver el árbol, no estará perdiendo un vínculo con la realidad que a la postre resulta necesario para refrendar su obra? ¿A dónde le lleva ese empeño de exprimir cada suceso cotidiano en una obra creativa, si no se ha permitido vivenciar los sucesos de forma llana y sencilla? Mi vecina del quinto lo expresa a su manera: ¿Para qué irse lejos si aún no has disfrutado verdaderamente de los parajes que están a la vuelta de la esquina?

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€