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Vie, Nov

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Eres joven, hombre o mujer, y por alguna razón que no aciertas a explicar con palabras, se ha despertado en ti una pasión por el teatro. El escorpión te ha picado con fuerza y piensas dedicar parte de tu vida a ello. En confianza incluso llegas a decir, con palabras prestadas, que el teatro para ti no es un simple pasatiempo, sino una forma de vida, algo que tus amigos recogen con una sonrisa que difícilmente camufla su incomprensión. Aún así, frente al recelo que te rodea, sigues firme en el empeño. Eso es la pasión: aquello irracional e insensato por lo que luchas hasta el límite cuando el resto del mundo te aconseja lo contrario.

 

Encendido por ese impulso vocacional, se te presenta el primer reto: hay que formarse. Sólo los genios destacan en una materia sin educarse previamente, y es muy probable que ése no sea tu caso. Así que decides recibir clases de teatro. Para empezar se te abren dos posibilidades: a) Estudiar en Euskadi. b) Estudiar fuera. Si eliges a) renuncias automáticamente a tener una titulación oficial, pues aquí aún no hay Escuela Superior de Artes Escénicas (algo que esperemos que cambie en un futuro cercano). Y entonces tienes las siguientes posibilidades: a) Ingresar en una escuela que ofrezca un currículo profesional, aunque no obtengas una titulación oficial. b) Realizar cursos sueltos e intensivos en diferentes materias. c) Crear o ingresar en un grupo de teatro amateur, con la intención de aprender haciendo directamente. Estas tres opciones no son excluyentes, de manera que si tienes tiempo y suerte puedes compaginar las tres o al menos dos de ellas. El problema es la financiación. ¿De dónde sacar el dinero? Al no ser una educación académica oficial, la familia difícilmente sufraga los estudios teatrales, salvo que los compagines con otros estudios o con un trabajo. Y entonces llegas a un punto que no ofrece posibilidades: estudies o trabajes, necesitas que dicha actividad te deje tiempo libre. Y es aquí, en la imposibilidad de compaginar una actividad laboral o académica con la teatral, donde se quedan muchos jóvenes como tú. Si estás ahora en esta situación, no desesperes, es difícil pero posible.

 

Si decides estudiar fuera, tienes a favor la oportunidad de acceder a una titulación oficial, pero con la tara que supone, como habrás de sopesar, el hecho de estar lejos de casa. La nostalgia, la soledad y la falta de adaptación están a la vuelta de la esquina cuando esa esquina no es la de tu barrio. Además, y aunque el hecho de educarte en el extranjero -y más si es en un centro de prestigio- generalmente permite una mejor aceptación de tu vocación por parte de tu entorno, es muy probable que también encuentres problemas para costear los estudios y la manutención. Existen algunas becas, pero si no tienes la fortuna de disfrutar de ninguna de ellas, no te extrañe que tengas que trabajar a la vez que estudias. Has de asumir que el de camarero es el plan de emergencia de todo actor cuando los vientos soplan en contra. Prepárate para que en un mismo día puedas saltar de un casting a una entrevista de trabajo para un nuevo bar de copas. En cualquier caso, si has decidido estudiar cerca de casa, la puerta de salida nunca está cerrada. Hay actores que empiezan su formación aquí y que después la completan en el extranjero. En algunos casos funciona y muy bien además.

 

En este itinerario de múltiples posibilidades llegará un momento en que, con más o menos convencimiento, con mayor o menor bagaje, decidirás saltar a escena y poner en práctica lo aprendido. De ello hablaremos en la siguiente columna. Debes tener presente, sin embargo, que en el arte de la interpretación eso que en otros ámbitos se ha vulgarizado como "formación continuada" es una realidad que debes hacer posible. En un arte que tiene en la repetición (los ensayos) su principal método de perfeccionamiento, la mecanización y la falta de vida es algo que acecha a todo actor, se tenga el talento que se tenga, se tenga la experiencia que se tenga. Intenta por tanto, siempre que sea posible, renovar conocimientos y mantener tu cuerpo, tu voz, tu mente y tu creatividad en forma.

 

Hasta aquí te he dibujado, con brocha gruesa, las posibilidades más evidentes de cara a tu formación profesional. Sea cual sea la opción que escojas estate siempre atento para detectar a verdaderos Maestros. Aquellos que son capaces de enseñarte lo que solamente intuyes en el resto de profesores. Aguza bien el olfato y cuando te encuentres con uno, bien sea en una escuela, en un curso, en una compañía de teatro o en cualquier otro lugar, aprovecha su presencia al máximo. De esos encuentros se alimentará tu talento durante mucho tiempo.

 

Como ves, buscar una formación teatral adecuada en esta tierra es un laberinto de escollos en el que hay que tomar muchas decisiones y todas bajo la presión de la incertidumbre. Aunque hay tibios visos de cambio, no esperes que la situación pueda mejorar sustancialmente. A un pasado donde no se ha establecido una sólida red para la formación de buenos profesionales, pese a loables pero aislados esfuerzos, se les une este futuro incierto que llama a la puerta sin avisar y con la crisis económica bajo el brazo. Si tu pasión es lo suficientemente fuerte como para vencer a las adversidades, durante tu formación habrás de cultivar la paciencia y la capacidad de resistencia. Ello te será muy útil en el oficio escénico.