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04
Mar, Ago

Y no es coña | Carlos Gil

Hoy podría ser uno de los días más tristes, pero como náufrago impenitente voy a intentar salir del agujero negro para sobrevolar, aunque sea sobre mi propia sombra alargada, como los abetos. Toca en primer lugar dar un adiós a un Pepe Martín, un actor de casta, un hombre que antes de esta pandemia acudía en Madrid a todos los estrenos. Curiosidades de la vida, lo traté personalmente junto a Juan Diego, en los primeros años ochenta del siglo pasado cuando tuvieron un gran éxito con la obra “El beso de la mujer araña” en Bilbao y debido a tener que buscar lugares donde representarla una vez terminada la gloriosa temporada de la Aste Nagusia, desde la Cooperativa Denok donde yo trabajaba entonces, les prestamos nuestro equipo de luces durante un tiempo. Un gran profesional, una persona amable, simpática y muy amante de su profesión, que un gran impacto televisivo lo marcó para siempre y siempre será recordado como el Conde de Montecristo. 

 

Así que una vez recordado a este hombre de teatro entusiasta lo que toca es señalar que se van produciendo movimientos, pasos, hacia la nueva anormalidad. Si en el entorno, en la calle, los bares, el transporte público se nota los cambios de fases, en las salas de teatro y cine, la situación va de manera algo más lenta. Hay que diferenciar lo que es la contratación pública, es decir, una inmensa mayoría de las actuaciones que se celebran a lo largo y ancho del territorio, y lo que son salas y teatros privados, la mayoría de ellos concentrados en las grandes capitales, que viven, en un porcentaje muy elevado, de los ingresos por taquilla que, al parecer, no van a abrir hasta el mes de setiembre porque se prevé que entonces se podrán abrir al cien por cien de su aforo.

El tejido productivo y artístico costará reconstruirlo de manera comparable a como estaba antes del frenazo, pero después de estos largos meses de suspensión y anulación, el que algunos festivales anuncien su celebración, aunque sea en formato reducido, es decir menos producciones, pero más días de representaciones, con aforos reducidos, crean la magnífica sensación de que se ha superado lo peor y vamos buscando la nueva realidad, acumulando datos sobre la experimentación que se está haciendo en los escenarios, con cambios en las acciones, contactos físicos eliminados con su repercusión directa en los movimientos, la estética y en la claridad de ciertos mensajes y la de los espectadores distanciados unos de otros, con sus mascarillas, lo que si leen el artículo de Afonso Becerra, cuenta sus sensaciones en una representación vista el pasado sábado en Porriño.

Sigue sin solucionarse la amarga papeleta de centenares de actrices, actores, técnicos, que no eran autónomos y que se han acogido al plan de ayudas institucionales por sus días cotizados en el régimen de artistas, los retrasos están causando estragos. En el sector, con todas sus graduaciones, la posibilidad de llegar a una estabilidad parece vislumbrarse a bastante más largo plazo. Los teatros institucionales van a ser todavía más envidiados, porque las condiciones contractuales van a estar intactas, lo que va a abrir una brecha todavía mayor. El mantenimiento de los teatros y compañías que mantienen una cierta independencia, aunque su fuente de ingresos es, también, institucional en gran parte, veremos si encuentra viabilidad, o el ritmo de incorporación a una cierta normalidad anterior puede deteriorar ciertos colectivos de manera severa o incluso letal. 

Si el plan de choque ha sido ingresar dinero para paliar las urgencias, lo que venimos repitiendo durante décadas es que la urgencia es revisar, cambiar, renovar, alterar las rutinas e inercias de todo el sistema, para que se acomode a las necesidades de estos tiempos y se considere a la Cultura un bien común y las Artes Escénicas como una expresión de esa Cultura, pero que además se hace en vivo por lo que hay que hacer una ley de aprovechamiento de las salas y teatros de titularidad pública que están, a todas luces, infrautilizadas. Y a partir de ahí, establecer reglamentos consensuados, por ley, que obligue a todos, a cumplir unos mínimos, se regulen las unidades de producción estatales y su expansión territorial, no solamente capitalina y unos millares de detalles más que han producido ya mucha literatura y planes que están en los cajones o el olvido de políticos, funcionarios, gestores y representantes gremiales.

En cuanto a lo que se refiere a nuestra Zapatilla, a este periódico digital, que va camino del millar de lunes que acude a la cita con los suscriptores, de la revista ARTEZ, de las diversas colecciones de libros, hemos aguantado con los recursos propios, como siempre en los últimos años. Vamos a emprender una reestructuración de este periódico para hacerlo más eficaz, más dinámico, cercano y profundo. Va a tardar meses, se trata de una remodelación de sus tripas y de sus estéticas.

Decidimos al ver que había vida teatral y la celebración de diversos festivales, sacar la revista ARTEZ en papel en el número correspondiente a julio/agosto. Necesitamos comprensión, ayuda, de todos, de los que pueden anunciarse, de los que pueden suscribirse, porque es nuestro sustento. Es obvio que la tentación de cerrar se presenta disfrazada de muchos sustos, decepciones y situaciones económicas inverosímiles, pero hemos decidido tirar para adelante hasta que sea imposible. Lo mismo con la edición de libros, teníamos algunos en la recámara, es decir a punto de entrar en imprenta y vamos a llevarlos, aunque nos cueste dolorosas situaciones económicas que confiamos poder resolver.

Por otro lado, la Librería Yorick se ha vuelto a abrir en horario reducido y debemos dar las gracias a la clientela habitual porque ha respondido, se va teniendo una actividad que podríamos considerar normal, incluso con una tendencia a subir, y eso significará que podremos incorporar en breve al resto de las compañeras que siguen en ERTE. Para poder abrir y cumplir con las deudas acumuladas de alquileres y proveedores debimos pedir un crédito. Eso no es un ayuda, aunque la propaganda oficial así lo diga, con unos intereses bajos, pero intereses, al fin y al cabo.

No sé si me dejo algo de todo lo que quería decirte y casi nunca te lo digo.

Este proyecto sigue siendo una aventura, en estos momentos, muy nominativa, que se sostiene por el entusiasmo de los reducidos equipos de profesionales que lo defienden, por la gran cantidad de aliento que recibimos desde muchas partes del universo teatral iberoamericano, pero que económicamente sufre demasiado porque no hay acomodo fácil en la legislación para recibir ayudas. 

Necesitamos vuestra solidaridad en forma de anuncios, quien tenga esa posibilidad, suscripciones y compra de libros. Está mal pedir, pero más vergonzoso será cerrar por orgullo o por castigo de los que saben que pueden echar una mano para que siga y no lo hacen.