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Sáb, Abr

Y no es coña | Carlos Gil

Llevaba mucho tiempo sin escuchar un concepto que siempre me atrajo y a la vez me provoca una duda metafísica: “teatro de arte”. Escrito me produce menos dudas. Parece claro. Pero lo he escuchado en una frase que enfrentaba esto con el “entretenimiento”. Y entonces entro en una contradicción porque recuerdo ideas de Brecht, de Brook, de otros grandes creadores y teóricos en los que no reniegan de la capacidad de entretenimiento del teatro, sino que lo reivindican. Es más, algunos pensamos que el teatro no puede aburrir, ni caer en tiempos muertos emocionales, y eso se puede considerar entretener, y no quiere decir risas fáciles, ni chorradas, sino que una magnífica tragedia, bien contada despierta las emociones, las neuronas espejo se animan y nos lleva a un estadio de recepción que nos hace receptivos a vivir, sentir, analizar lo que se nos ofrece.

Vale, me hago trampas, seguro que mi amigo se refería al entretenimiento alienante, al burdo teatro comercial (¿qué será esto de teatro comercial?), a esos lugares comunes donde el teatro es puritita televisión, sin que exista vuelo dramático, ni excelencia dramatúrgica, sino lugares comunes, para chistes comunes, tramas sencillas, para montajes simples. Pero ahí llega otra duda: ¿cómo hacemos para que los públicos se interesen por el teatro supuestamente bueno, el teatro de arte? Y debería caer otra vez en la retórica más simplona y preguntarme de nuevo, ¿qué será esto de teatro de arte?

Seguiremos pensando sobre ello, pero me interesa plantear algo que no sé si está afectado por estas dudas, pero me refiero a los espectáculos que se presentan en escenarios, programaciones, festivales de índole profesional, generalista y se trata de obras realizadas, de manera consciente y como uno de sus valores de marketing, por personas aficionadas, agrupadas en alguna especificidad. Género, movilidad limitada, excluidas socialmente. 

Me sitúo: me parece una opción magnífica, una manera de convertir el teatro en una herramienta de inclusión, unas propuestas que nos liberan de prejuicios, que son recomendables, excelentes en todos los sentidos sociales y con ese objetivo de inclusión, pero ¿lo debemos analizar con los mismos criterios artísticos que otro tipo de ofertas? A nadie se le ocurriría programar en su festival, feria o teatro institucional una obra de un grupo aficionado, con una propuesta artística de primera calidad. Parece que se entiende eso como competencia desleal. Estoy de acuerdo en potenciar la profesionalidad como manera de ir aumentando la calidad, asumir riesgos, en perfilar lenguajes nuevos, pero entonces, ¿estas contradicciones cómo las asimilamos?

En este lugar a Manuel Sesma, poco menos se le crucificó, porque cuestionó de alguna manera que las mujeres del Vacie sevillano, que hacían una versión de Bernarda Alba, subieran a las tablas del Teatro Español, mientras a muchos profesionales se le impedía por criterios diversos. Es una pregunta de difícil contestación. Aquel montaje tenía muchas connotaciones que lo hacían excepcional, las mujeres de ese lugar, gitanas todas ellas, eran un hecho inigualable. Ahora, ya están con su segundo montaje. Y sigue en el mismo rango de exhibición. ¿Estamos ante una muestra de teatro inclusivo, una propuesta estética nueva, o cómo lo clasificamos?

He visto en Palma de Mallorca, en su Feria B, un espectáculo de mi admirada MariaÀntonia Oliver, que se trataba de un espectáculo con catorce mujeres de diversa edad, pero que conformaban un espectáculo de danza, muy especial, pero obviamente, de una calidad intrínsecamente artística cuestionable. Los aplausos finales desbordaron mi capacidad de empatía. Toda la platea puesta en pie. A una gran amiga, profesional de primera de estas cuestiones, le dije con mal tono, ¿Qué aplaudes de esta manera? Y mi recusación era que estábamos confundiendo todo, eso es un final de clase, una propuesta inclusiva, magnífica, entrañable, pero se nos presentó en un contexto de feria donde había programadores extranjeros de festivales importantes. ¿Es material de interés para ellos? Lo dudo. 

La última, “Garaje” en el Teatro Valle Inclán del Centro Dramático Nacional. Lo firma Voadora, una compañía gallega que dirige Marta Pazos, y el elenco son trabajadoras o ex trabajadoras del mundo del automóvil de Vigo. La mayoría de Citroën. Y mis dudas se vuelven lanzas. La puesta en escena es grandilocuente, conté, porque me dio tiempo a ello, ustedes ya me entienden, doscientos cincuenta aparatos de iluminación. Había tres músicos que se movían conjuntamente, sonaba música electrónica, de esas que uno no sabe de dónde salen, y en escena una docena de mujeres, alguna con cierta gracia, que nos contaban su vida y nos intentaban trasladar una idea femenina de la industria del automóvil. No caben más tópicos juntos. Una dramaturgia absolutamente lineal y simplona, interpretaciones aficionadas algunas muy malas, diría que patéticas, movimientos coreográficos sacados por los pelos, y una fiesta final. Y los aplausos de su presentación en ese teatro de Madrid fueron verdaderamente impresionantes. La platea estaba repleta de amigos, conocidos, la clase teatral madrileña emergente y dominante. Y todo eran buenas palabras. Un estreno es un lugar de mentiras, sonrisas y puñaladas traperas. En este caso callé. Lo digo en serio, por miedo. ¿estoy tan fuera de la realidad o es que se ha perdido ya cualquier noción de rigor, de análisis, de entender qué se defiende y cómo? Teatro aficionado con pretensiones. Pero había varios coproductores y estaba en el Teatro Valle Inclán, con un par.

Podrían poner más ejemplos, pero para acabar voy a copiarles un texto que acaba de colocar Nati Villar en Facebook: “Cuando hablamos de Teatro Inclusivo estamos hablando de la ausencia de ego, porque precisamente en el Teatro Inclusivo no existen aprendices y enseñantes, no existen directores y actores... Si se trabaja desde ese lugar, desde el ego, corremos el riesgo de convertir sólo en "producto" todo lo q ofrecemos. Y la grandeza del Teatro Inclusivo está en los procesos de intercambio, de aprendizaje, de acercamiento. Por eso es tan complicado abordar el Teatro Inclusivo. El teatro inclusivo se alimenta de la emoción y de la autenticidad diversa de cada uno de los componentes del equipo, esa es su riqueza.

Tengo que dedicar más tiempo a lo de teatro de arte. Cien años nos contemplan.