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Dom, Feb

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Últimamente estoy soñando como no lo hacía desde hace muchísimo tiempo. Lamentablemente no han sido sueños placenteros de esos de los cuales uno no quiere despertar por ningún motivo, y si, a pesar de todo lo hace, los esfuerzos se redoblan por seguir durmiendo y ojalá continuar con el mismo sueño, casi como una película de aventuras de la cual uno es el protagonista y por lo tanto, el personaje indispensable para un adecuado final.

Tampoco podría decir que son pesadillas de esas de las cuales uno se despierta agitado y completamente desorientado por no saber a ciencia cierta si fue un sueño o una indeseable realidad, pero lo que sí puedo afirmar tajantemente es que han sido inquietantes. Un desfile de imágenes hechas sensaciones tan poderosas que han tenido la capacidad de despertarme intranquilo a cualquier hora de la noche y mantenerme en vigilia por más rato del razonable.

La contingencia manipulada de manera egoísta en función de obscuros intereses, los años acumulándose sin piedad, el bombardeo masivo de malas noticias y desastres de todo tipo, la negatividad más absoluta por todas partes... quizás estoy sobre estimulado. Nada de quizás, no cabe ninguna duda; estoy sobre estimulado.

Lo único malo es que, si pudiese poner los estímulos sobre los dos platos de una balanza, está claro que el desequilibrio tendería al lado negativo.

En sueños mi sub consciente, mucho más asertivo, inteligente, sensitivo y lucido que yo, intenta enviarme mensajes mostrándome alternativas de caminos a seguir. El gran problema es que mi consciente a perdido la capacidad de comprender ese lenguaje absolutamente críptico.

Alguna vez, cuando aún éramos niños inocentes, los mensajes eran muy claros. Nuestro consciente aún no se había visto negativamente influenciado por el medio. No teníamos problemas sin solución posible. Hasta las mayores dificultades se transformaban en anécdotas. Por supuesto todos somos marcados por los problemas de infancia, pero la imaginación infantil siempre es capaz de superarlos.

No se trata de ser ciegos ante la problemática que nos afecta día a día, sino de recuperar esa capacidad de soñar. Soñar sueños y no pesadillas.

No se trata tampoco de tomar un diccionario de sueños para creer saber que al soñar con caballos corriendo por una pradera, se añora la libertad perdida o soñar con el color amarillo es sinónimo inequívoco de envidia.

Todos y cada uno de nosotros tenemos la capacidad de interpretar el lenguaje simbólico de los sueños sabiendo que los símbolos contenidos en ellos guardan estrecha relación con nuestras propias experiencias de vida.

No entendemos porque en algún momento hemos decidido olvidar. El problema es que al olvidar conscientemente lo malo, de alguna manera también olvidamos lo bueno.

La buena noticia es que nunca seremos capaces de olvidar completamente porque nuestro cerebro es más poderoso que nuestra voluntad. Todos los recuerdos están ahí, archivados, los malos y los buenos, solo necesitamos encontrar la manera de re encontrarlos.

Pasear por los mismos caminos que nunca serán los mismos, comer las mismas comidas, incluso las que no nos gustaban, sentir los mismos olores, vestir esas ropas de lana que tanta alergia nos provocaban, usar ese bloqueador solar que odiábamos...estimulando nuestros 5 sentidos, de seguro lograremos abrir la puerta de experiencias pasadas para volver a sentir los mismos placeres y curar viejas heridas.

Ojalá esta noche vuelva a soñar y más importante aún, pueda recordar.

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