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Dom, Jul

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Últimamente estoy soñando como no lo hacía desde hace muchísimo tiempo. Lamentablemente no han sido sueños placenteros de esos de los cuales uno no quiere despertar por ningún motivo, y si, a pesar de todo lo hace, los esfuerzos se redoblan por seguir durmiendo y ojalá continuar con el mismo sueño, casi como una película de aventuras de la cual uno es el protagonista y por lo tanto, el personaje indispensable para un adecuado final.

Tampoco podría decir que son pesadillas de esas de las cuales uno se despierta agitado y completamente desorientado por no saber a ciencia cierta si fue un sueño o una indeseable realidad, pero lo que sí puedo afirmar tajantemente es que han sido inquietantes. Un desfile de imágenes hechas sensaciones tan poderosas que han tenido la capacidad de despertarme intranquilo a cualquier hora de la noche y mantenerme en vigilia por más rato del razonable.

La contingencia manipulada de manera egoísta en función de obscuros intereses, los años acumulándose sin piedad, el bombardeo masivo de malas noticias y desastres de todo tipo, la negatividad más absoluta por todas partes... quizás estoy sobre estimulado. Nada de quizás, no cabe ninguna duda; estoy sobre estimulado.

Lo único malo es que, si pudiese poner los estímulos sobre los dos platos de una balanza, está claro que el desequilibrio tendería al lado negativo.

En sueños mi sub consciente, mucho más asertivo, inteligente, sensitivo y lucido que yo, intenta enviarme mensajes mostrándome alternativas de caminos a seguir. El gran problema es que mi consciente a perdido la capacidad de comprender ese lenguaje absolutamente críptico.

Alguna vez, cuando aún éramos niños inocentes, los mensajes eran muy claros. Nuestro consciente aún no se había visto negativamente influenciado por el medio. No teníamos problemas sin solución posible. Hasta las mayores dificultades se transformaban en anécdotas. Por supuesto todos somos marcados por los problemas de infancia, pero la imaginación infantil siempre es capaz de superarlos.

No se trata de ser ciegos ante la problemática que nos afecta día a día, sino de recuperar esa capacidad de soñar. Soñar sueños y no pesadillas.

No se trata tampoco de tomar un diccionario de sueños para creer saber que al soñar con caballos corriendo por una pradera, se añora la libertad perdida o soñar con el color amarillo es sinónimo inequívoco de envidia.

Todos y cada uno de nosotros tenemos la capacidad de interpretar el lenguaje simbólico de los sueños sabiendo que los símbolos contenidos en ellos guardan estrecha relación con nuestras propias experiencias de vida.

No entendemos porque en algún momento hemos decidido olvidar. El problema es que al olvidar conscientemente lo malo, de alguna manera también olvidamos lo bueno.

La buena noticia es que nunca seremos capaces de olvidar completamente porque nuestro cerebro es más poderoso que nuestra voluntad. Todos los recuerdos están ahí, archivados, los malos y los buenos, solo necesitamos encontrar la manera de re encontrarlos.

Pasear por los mismos caminos que nunca serán los mismos, comer las mismas comidas, incluso las que no nos gustaban, sentir los mismos olores, vestir esas ropas de lana que tanta alergia nos provocaban, usar ese bloqueador solar que odiábamos...estimulando nuestros 5 sentidos, de seguro lograremos abrir la puerta de experiencias pasadas para volver a sentir los mismos placeres y curar viejas heridas.

Ojalá esta noche vuelva a soñar y más importante aún, pueda recordar.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€