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Jue, Ene

Y no es coña | Carlos Gil

Al despertar, el INAEM seguía ahí. Nadie quiere reconocer la presencia de un elefante en la sala. Ya está, ya es 2021, ¿qué se nota de nuevo o reseñable? Lo digo yo: los presupuestos. ¿Qué presupuestos? Esos presupuestos aprobados y los que están sin aprobar. Ahí deben estar algunas de las claves que nos ayuden a entender qué va a suceder en los próximos meses dentro de una escalada de contagios, ingresos, muertes, restricciones, mentiras y un poco de desilusión añadida porque parece que lo de las vacunas empieza a demostrarse que era un asunto de propaganda. No se suministran al ritmo declarado, se habla de retrasos de la segunda tanda de vacunaciones, estamos, otra vez, en medio de una incertidumbre acrecentada por el cansancio, la desafección y el desinterés.

 

Por eso, cada vez que alguien fija en su agenda una actuación se escribe con un lápiz de esos que llevan arriba una goma, porque todo puede ser posible o imposible, dependiendo de algo tan incontrolable como son las estadísticas alrededor de este virus que nos condena. Sobrevivimos con aforos reducidos, toques de queda, restricciones de movilidad. ¿Cuánto tiempo es sostenible esta situación? Los públicos responden con una generosidad realmente digna de estudio, después del aplauso. Pero la duda es, ¿salen los números? Sí, me pongo en la otra parte de esta historia, me pongo en la parte de esa realidad frustrante, como es trabajar a un ritmo tan lento que no se puedan tomar decisiones, no se está para cerrar, pero se puede llegar a un punto de no retorno, de descapitalización total. ¿Están todos los gobiernos, de la cadena de responsabilidad local, regional, estatal, dispuestos a parar esta sangría en sus presupuestos? Gran duda razonable.

Por decirlo sin ambages, las desigualdades se acrecientan. Si hablamos en mayúsculas y con muchas esdrújulas, se puede vislumbrar que se podrán salvar entidades públicas, grupos mercantiles potentes, grupos de consolidada trayectoria que tengan saneadas sus economías y que reciban ayudas ya pactadas, pero por el medio, se perderá lo más importante, mucho capital humano. Si la realidad de la inmensa mayoría de actores y actrices ha sido siempre precaria, ahora es de extrema necesidad. Hay muchos más gremios muy tocados, como es el de los servicios técnicos a las representaciones, que está, también en situación de abandono y de una precariedad difícilmente asumible. No quisiera olvidarme de ese mal endémico que sufren dramaturgas, directores, escenógrafas y todos esos elementos imprescindibles en los procesos de creación que han agravado su situación hasta lugares insospechados.

En esta situación descrita con más amor que objetividad, las soluciones no son fáciles, porque existe un bien superior, la Salud, a la que se debe atender prioritariamente y que, vuelvo a insistir, las Artes Escénicas y la Cultura en general deben contribuir no solamente con el cumplimiento estricto de los protocolos y reglamentarias concretas, sino insuflando en toda su actividad un mensaje a la sociedad de respeto a lo propuesto por las autoridades competentes y como campo de reflexión sobre nuestro propio modelo de sociedad y de relaciones económicas que algo, digo yo, nos debe enseñar esta situación que dura ya nueve meses y que tiene visos de prolongarse de una manera indefinida. El cambio climático es la pandemia silente, la que nos viene. Y me pregunto si no estaría bien reflexionar, estudiar alternativas a nuestro modelo cultural, pero especialmente en las artes en vivo, con respecto a los presupuestos y a su sistema económico de producción.

Estas realidades no se cambian ni con un artículo, ni con una manifestación, ni con las llamadas de felicitación de un ministerio tan recalcitrantemente inmovilista. Ni en los ministerios, ni las consejerías de cultura, ni en las concejalías del ramo hay pensamiento variable más allá de la inercia y de lo coyuntural. Si protestan unos, se les atiende. Pero mal. Para callar las bocas, pero lo que se necesita y perdón por la insistencia, son soluciones de emergencia y una planificación diferente para el medio plazo. Yo diría que se necesita una Revolución, en el sentido más activo del término.

Feliz año.