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Lun, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Los cerros de Valparaíso no solo están decorados por la melancolía de un glorioso pasado, también luce muchísimos grafitis de una poesía sugestiva. Si bien es cierto existen algunos tags capaces de ensuciar, la mayor densidad de poesía hecha formas y colores, así como algunas frases capaces de llamar a la reflexión, minimizan el impacto negativo de algunas líneas y palabras sin sentido ni voluntad de ser un llamado a la reflexión para quien las mire.

 

Apaga la tele... vive tu vida. Cuanta verdad existe en esta frase leída en algún muro de la ciudad puerto, frase que yo llamaría incluso, una potente declamación poética.

La televisión contemporánea con resolución hd, sonido de alta fidelidad, transmisión continua 24/7 y una oferta programática más allá de lo asimilable, tiene secuestradas las conciencias de una gran audiencia que solo ejercita el pulgar con el control remoto al ver partidos de fútbol los fines de semana, viaja a lugares recónditos comiendo papas fritas arrellenado en un sillón masajeador, opina lo que los medios le dictan, come y bebe a través de la vista sin nunca degustar verdaderamente, vive aventuras extremas sin nunca abandonar su metro cuadrado de confort, y en definitiva, vive una realidad irreal producto de las imágenes que le son presentadas, siempre, siempre, con algún interés editorial detrás.

¿Existe alguna duda sobre la coincidencia de una final de fútbol y el anuncio de una nueva ley aumentando los impuestos?

¿Alguien piensa que el pánico y la inseguridad transmitidos por los medios de comunicación, no son la forma de mantener a la gente centrada en problemas ajenos y alejarla de sus propias vidas?

¿Los mensajes aspiracionales transmitidos por las grandes marcas serán para mejorar la esencia de las personas o fortalecer las espaldas económicas de las multi nacionales?

Todos sabemos.

Sin embargo, no es necesario perderse en la selva amazónica para vivir una gran aventura ni viajar a países exóticos a degustar sabores extraños, ni mucho menos transformarnos en atletas de alto rendimiento para hacer ejercicio. Basta con salir a caminar por nuestras ciudades, abrir todos nuestros sentidos para no solo recorrerlas sino sentirlas y probar algo de comida callejera.

La experiencia puede llegar a ser total si así nos lo proponemos.

¿Conocemos a nuestros vecinos? ¿No solo haberlos visto por casualidad, sino conocerlos verdaderamente?

¿Cuantos pasos hay entre nuestras casas y el transporte público? ¿Y cuantos arboles?

¿Los pájaros siguen cantando por las mañanas?

¿Cuál es la hora de mayor frio? ¿Y la de mayor calor? No la informada, sino la real.

¿En qué estado estará la luna hoy? ¿Cuándo tendremos luna llena para observarla en todo su esplendor y sentirnos un poco hombres lobo?

¿Cuándo fue la última vez que nos recostamos en el suelo para jugar a los autitos o con la cuchara le hicimos un túnel a un trozo de sandía?

Hay tantas cosas por hacer.

Apaga la tele... vive tu vida.

Lo más simple suele ser lo más complicado, pero tenemos la capacidad de hacerlo. Démonos el tiempo de disfrutar de la realidad. Aunque no sea en hd, tenga un sonido imperfecto y una programación difícil de predecir, al menos es 24/7.