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Mié, Oct

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

En ciertos círculos conservadores, donde la crisis es sólo un relato tragicómico que se lee en los periódicos, se dice que la actual recesión tiene un aspecto positivo pues servirá para seleccionar a los mejores profesionales, a quienes sean más competitivos. Sin mencionarlo expresamente, se hacen a sí mismos herederos de la ley de la selva, donde el más fuerte tiene más derecho que nadie a sobrevivir. Quizá ignoran (o quizá no) que los más fuertes en la selva son generalmente depredadores salvajes, animales con más estómago que corazón, o especies que han desarrollado finísimas fórmulas de engaño para atraer a las especies más chicas y zampárselas sin remordimiento. Quizá ignoran (o quizá no) que en la selva el más fuerte suele ser también el más inhumano. Probablemente también ignoren que la simbiosis en la selva es minoría, que allí no abundan ideas como la empatía, la solidaridad o la compasión. Y que conceptos como igualdad, justicia o derechos son inventos que, habiendo nacido cuando la selva se hizo tierra y después cemento, fueron destinados a permitir una convivencia armónica dentro de una civilización. Ignorándolo o no, estos sibilinos promotores de una selva neoliberal no dejan de autoproclamarse demócratas, cuando la democracia fue probablemente el primer gran paso que se dio para no regirse por la dictadura del más fuerte. Pero ahí siguen, asumiendo como un efecto colateral provechoso la selección natural que producirá la crisis y, al mismo tiempo, creyendo que son fervientes defensores de los valores democráticos; y lo hacen sin advertir contradicción alguna en ello.

Con el sigilo con el que una humedad se convierte en gotera, el mensaje cala también en ámbitos artísticos. Ploc, ploc. Que después del barrido queden los mejores es un mal menor inevitable. Y al final, dice el refrán, no hay mal que por bien no venga. Quienes así piensan tal vez vislumbren el arte en manos de una élite especialmente dotada. Ploc, ploc. Y será que el mensaje empieza a calar tanto que ya produce temblores, cuando no pavor. Porque... ¿Qué significa ser el mejor en materia de arte? ¿Y el más fuerte? ¿Vender más? ¿Entretener más? ¿Significa entonces que en teatro sólo quienes llenen más teatros a golpe de carcajada superflua serán quienes tengan la continuidad asegurada?

Corremos el riesgo de sufrir una criba donde sólo resistan unos cuantos elegidos. Y si como en la selva, es el entorno el que determina la supervivencia, estaremos condenados a mezclar cultura con rentabilidad económica, y por lo tanto a empobrecernos en términos artísticos. En este derribo anunciado hay algo cierto: aquellos colectivos que demuestren una calidad incuestionable, con independencia de su estilo artístico, saldrán a flote. Lo harán quizá con menos solvencia que si las circunstancias soplasen a favor, pero lo harán al fin y al cabo. La cuestión está en esa clase media artística, ya consolidada o que recién despunta, que se verá con las posibilidades reducidas, con su potencial mermado. Porque en última instancia es esa clase media, haga su trabajo bien, mal o regular, la que permite que un pueblo o ciudad respire arte y cultura de forma permanente; quien ofrece la bendita oportunidad de disfrutar de una exposición, un cuento narrado o un espectáculo en el pequeño teatro del barrio o en la sala de cultura; quienes hacen del arte una actividad cotidiana y profunda, y no una excepción o un lujo para días de fiesta. Es esa clase media precisamente a la que parece se le estrecha el futuro.

Quienes estudian los animales en la jungla llaman individuo alfa al líder de una manada, a ese ser con sus facultades pletóricas que mantiene a su tribu firme a golpe de intimidación y fuerza. En este sentido, los Artistas alfa tienen la alfombra roja apuntando al futuro. Yo, sin embargo, sigo mirando a los artistas beta, a esos seres que nacen sombra, capaces de salir de la manada para andar su camino, con el viento en contra, pero con la mochila llena de ingenio. El éxito tal vez no, pero las propuestas más arriesgadas, comprometidas y coherentes serán de ellos.