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Mié, Ene

Parodias de ancianidad

La compañía portuguesa Do Chapitô se ha ganado un merecido prestigio internacional a través de un largo recorrido que alcanza más de dos décadas. En España, desde aquel lejano “O gran creador”, pasando por “A tempestad” y más recientemente “Edipo” y “Electra”, estos lisboetas, que cuentas sus historias en castellano, han enseñoreado sus espectáculos con la técnica del clown.

El trabajo que han presentado en la Muestra Ibérica de Artes Escénicas (MAE) de Extremadura ha significado el estreno en España de “ATM (Atelier para Tempos Mortos)”. Con este espectáculo, también de creación colectiva, la compañía abandona por el momento el tema de la mitología griega para centrarse en algo más terrenal. Podría decirse que han abandonado el Olimpo para conectar con la realidad.

En este sentido, la obra aborda una de las etapas más controvertidas del ser humano, la vejez. Y es que, la fase final de la existencia humana presenta aspectos contradictorios. Por una parte, está la felicidad de haber superado épocas más o menos dolorosas o afortunadas del devenir personal y, además “poderlo contar”; y por otra parte, está la amargura o la expectativa de encontrarse ante el último umbral.

La pieza que hemos podido ver en el Gran Teatro de Cáceres plasma una serie de escenas que suceden dentro de un geriátrico y tiene como protagonistas a cuatro residentes. Describe la vida cotidiana entre los personajes tópicos con sus achaques, manías, envidias y un sinfín de tics.

En este contexto, también se hace referencia a ese otro mundo paralelo, y a veces ajeno a las necesidades de los predecesores, que es el de los familiares que, bien les visitan esporádicamente bien los llaman a distancia bien les abandonan, pero todos tienen algún interés egoísta que no es precisamente el bienestar del anciano. Desde esta perspectiva, hay que decir que la obra tiene un tinte costumbrista que revela una situación social contemporánea muy común.

La puesta en escena posee las cualidades propias de los grandes artistas, economía de medios o la simplificación expositiva, y el acercamiento a todo tipo de público por medio de la comicidad. Ambas cuestiones forman parte de las señas de identidad de Do Chapitô.

En cuanto a la comicidad, hay que significar que se utiliza un humor amable y simpático, que no hiere ni ridiculiza gratuitamente a los personajes. Este aspecto puntúa a favor del espectáculo en el sentido de que la parodia se muestra limpia, sin histrionismos ni extravagancias en las taras personales o en las situaciones un tanto grotescas de los personajes marcados por la vejez. Es el humor inteligente que actúa con el público, en complicidad.

En cuanto a la simplificación expositiva, la creación colectiva se apoya en la palabra y en el gesto medido y cabal. Además de una especie de periódico, cuatro cajas de madera –una por cada personaje y de distinto tamaño- son la única utilería en escena. Cada caja metaforiza todas las pertenencias personales de cada individuo; cada caja es un universo intransferible que conforma la memoria histórica donde están acumuladas todas las consecuciones, las esperanzas, las ilusiones, las frustraciones y todo el acervo personal, tanto material como espiritual; cada caja es el soporte individual para sentarse o, apiladas unas sobre otras formar una torre en comunidad para buscar cobertura, mejorar la señal telefónica, o alineadas componer una especie de ataúd.

El juego escénico consiste en recrear escenas habituales del geriátrico: leer el periódico, hacer un crucigrama, pequeñas disputas, asistir a la enfermería y a la peluquería, esperar a no hacer nada, ver la televisión, discutir por cambiar de cadena, volver a discutir por otra nimiedad, recibir visita y hablar por teléfono con algún familiar… El juego del clown de los montajes anteriores ha dado paso a la parodia, a la imitación cómica, a plasmar sobre el espejo un tanto deformado –por supuesto, sin llegar al esperpento- unas caricaturas llenas de humanidad.

No puedo dejar sin hacer referencia, no ya al uso de intercambiar los roles para construir las escenas que los Chapitô  siempre consiguen hacer con sugerente naturalidad y sentido cómico, sino destacar esas escenas en las que interviene algún familiar. La conversación por teléfono donde nadie sabe qué contar contiene un amargo significado. Y la escena en la que la hija apremia al padre para que firme unos papeles sin leerlos a fin de dar autorización para vender la casa. Ambas escenas, cómicas en la ejecución, dibujan el dramatismo del abandono afectivo y de la pena de la soledad.

En fin, en “ATM (Atelier para Tempos Mortos)”, la compañía Do Chapitô hace reír, como es habitual, pero consigue emocionar. Lo cómico se funde con el drama social.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: ATM (Atelier para Tempos Mortos). Autor: Creación colectiva. Compañía Do Chapitô. Sala Gran Teatro de Cáceres. Muestra Ibérica de Artes Escénicas (MAE) de Extremadura.

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