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Sáb, Dic

Dos payasas, dos

Usted no me llama payaso a mí. / Pero si usted solo hace payasadas. / Eso es una afrenta que no puedo permitir… Cuando el término payaso se emplea en una conversación acalorada o en una discusión, suena a insulto. Payaso, al igual que la palabra teatro está devaluado, por no decir prostituido, porque lo usan con harta frecuencia los políticos en el Congreso, en el Senado, en las campañas electorales, con el sentido de descalificar al contrario. Teatro, teatral y payaso son utilizadas entre los políticos, no para proteger la profesión de los artistas, sino con la intención de herir.

Sin embargo, en el gremio de los teatreros, quienes se dedican con amor y esfuerzo a esto de las Artes Escénicas, tanto payaso como teatro contienen un alto significado de honorabilidad. Ser payaso implica pertenecer a una estirpe, a una de las profesiones más dignas y hermosas que existen con una larga trayectoria humanista en nuestra cultura, significa risas, inocencia, encantamiento, afecto, bondad.

En la Muestra Ibérica de Artes Escénicas. MAE Extremadura Escena celebrada hace unos días en Cáceres, hemos podido presenciar y disfrutar de uno de esos espectáculos, mínimos por su extensión, pero enormes por su encanto, deliciosos por su discurso que nos ha hecho reír con plena satisfacción. Un espectáculo que nos ha permitido reflexionar sobre pequeñas y grandes cuestiones, sobre cosas intranscendentes o no, sobre creencias sociales y espiritualidades alienantes, sobre la inocencia y la candidez.

En “Benditas”, un texto de Raúl Camino que también ha asumido la dirección, dos rústicas pastoras que, por cuestiones laborales –cerraron la empresa donde trabajaban en Barakaldo– han regresado al pueblo para cuidar de las ovejas. ¡Ya les vale!, que diría el otro. ¡Ya le vale al autor!, que digo yo, que nos mete así, de rondón, una situación laboral creíble o dolorosamente posible dentro de una obra supuestamente escrita para hacer reír.

Pues claro, ahí está la cuestión. En “Benditas” se habla de cosas muy serias, algunas muy graves, que están afectando a nuestra sociedad. Faustina, una de las pastoras, habla hipotéticamente con la Virgen y, entre otras cuestiones, le reprocha: “¿Dónde estabas cuando las cosas iban mal, cuando ésta conoció a su marido, o cuando se casó, o cada una de las veces que se ponía chulo? ¿Por qué no apareciste entonces?, que la estuvo zurrando hasta el día de morirse, y ni eso te lo debe a ti, que se lo quitó de en medio la cirrosis, no tú”.

Sí, “Benditas” es la historia de una presunta aparición mariana a dos personajes entrañables que, en su ingenuidad, hablan con la Virgen. Damiana y Faustina ven un “fulgor” sobre un árbol y lo interpretan como una señal divina. Ambas argumentan, con la sencillez y el candor, no exentas de razón, porqué se les aparece a ellas. Ironizan. “Esto nos pasa por rústicas (…) ¿O has oído tú alguna vez que se aparezca la virgen en la M30, o en un estadio de fútbol? (…) Pero noooo, ella espera hasta pillar desprevenidas a dos incautas en mitad del campo. (…) que es el peor sitio, porque aquí no hay escapatoria, (…) ¿por dónde se sale del campo…” El texto plantea paradojas llenas de comicidad e intención.

Una de esas paradojas es la comunicación con la Virgen a través del wasap. La santa figura, por medio de un móvil, dialoga con las pastoras, les dice que se acerquen a ella, les envía un selfi, les pide que levanten allí una ermita a lo que se niegan porque: “Sí claro, para que se nos llene esto de tenderetes y de peregrinos. ¿Y qué hacemos con las ovejas?” Una de las pastoras se declara atea y la otra agnóstica, pero desean “¡un milagro!”. La conversación en sí, el teléfono que funciona sin batería, el éxtasis comparado con la insatisfacción –doble sentido de la palabra–, la escena de la visión divina posee una enorme paradoja y comicidad que no carece de crítica religiosa y social.

De este modo, así, como quien no quiere la cosa, Raúl habla por boca de estos personajes del papel que ha desempeñado la mujer tanto en la actualidad como en la Historia. Pone el ejemplo del trabajo de la mujer en la ciudad: “corriendo de casa al trabajo, y hacer la compra por el camino, y corriendo a recoger los niños y llevarles a inglés,,,”; pone el ejemplo de cómo trata la Biblia a la mujer donde los hombres han protagonizado los mejores papeles mientras ellas: “Eva culpable, La Magdalena adúltera, La mujer de Lot…”

Raúl Camino ha escrito una gran parodia que juega con las palabras y las frasee con doble sentido, juega con situaciones inverosímiles, con las acciones disparatadas, juega con los personajes cargados de humanidad capaces de atrapar al público en su ingenuidad, juega con proponer varios estadios de reflexión.

La puesta en escena dirigida por el propio Raúl está basada en la palabra y en la extraordinaria interpretación de dos fabulosas payasas, Begoña Martín Treviño y Carmen San Esteban, que disfrutan con lo que hacen: provocar la risa con sus simplezas y criticar ciertas creencias y maniobras socioeconómicas. El espectáculo “Benditas” admite, cabe, en cualquier tipo de espacio sin más tramoyas que ellas mismas, porque el espectáculo de veinte minutos lo solventan ellas sin otro aditivo. Son el Gordo y el Flaco, Damiana y Faustina, dos pastoras en la ficción, dos payasas con mucho sentido de humor inocente; un espectáculo que juega con el público en bendita complicidad.

Manuel Sesma Sanz

Espectáculo: Benditas Autor: Raúl Camino Intérpretes: Begoña Martín Treviño y Carmen San Esteban. Vestuario: La funambulista. Compañía: El Mono Habitado. Sala Maltravieso Capitol de Cáceres. Muestra Ibérica de Artes Escénicas. MAE Extremadura Escena.

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