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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz
Uno echa un fugaz vistazo a las páginas de la historia del teatro y en su superficie todo está bien compartimentado. Cada tendencia tiene unas características específicas y se sitúa en un determinado periodo. El cuadro es fácil de seguir: donde acaba un color empieza otro. Todo parece regirse por una lógica particular y los sucesos acontecen por la clarividente ley de la causa y el efecto. Y sin embargo, el presente vivido como tal y no contado como pasado, es experimentado como algo tremendamente confuso, plagado de convergencias, caótico en sus múltiples mestizajes. Sólo después, con una distancia medida en años, se puede dar nombre, clasificar y sobreexplicar lo ocurrido. Pero esa mirada hacia atrás, en su deseo analítico y clarificador, tiende a excluir las ambigüedades, los claroscuros, las fases difusas. En consecuencia, nos llega estratificado y aparentemente sustentado en el raciocinio aquello que en su momento se vivió desde el instinto, de forma salvaje, a fogonazo limpio. Es el peaje inevitable de quien juega a ser historiador: hacerse entender mejor a costa de simplificar lo acontecido.

Una de estas simplificaciones clásicas ha sido la confrontación de lo sagrado frente a lo popular, de lo religioso frente a lo pagano. Tradicionalmente estos dos han sido flancos siempre opuestos, casi irreconciliables, difíciles de congeniar. Por un lado el ansia de trascendencia, del rito, del rezo; y por otro la fiesta, el juego, la carcajada que nace de la entraña. La historia divide con tiralíneas las dos partes. Lo angelical y lo demoníaco, lo celestial y lo terrenal, espíritus elevados e instintos bajos. Sin embargo, a poco que se hurgue entre los esquemas de la historia, se halla una curiosa gama de formas mixtas que frecuentemente se obvian. Hoy traigo a cuento el caso de los Bauls hindúes.

Una suerte de juglares místicos que habitan en la región de Bengal, los Bauls se conocen al menos desde el siglo XV, pero es muy probable que su origen se pierda mucho más atrás, por la época en que había más canciones y danzas que palabras. A primera vista se les distingue por sus llamativos vestuarios con colores de subrayado donde predomina el naranja. Y a primera escucha destacan por su tradición musical. Tocan instrumentos muy particulares, generalmente instrumentos de percusión (algunos de ellos adosados a los pies) y de cuerda, y sobre todo cantan de una forma que los hace únicos. Contrariamente a lo que sucede con la música religiosa oral de Occidente, donde la voz orbita sólo en las resonancias de cabeza, a través de un ritmo pausado y continuo, sus canciones son de ritmos y melodías imprevisibles, juguetonas, a veces extáticas, otras veces melosas, donde la voz viaja de arriba y abajo, y el cuerpo se mueve libre, sin corsés, como flotando sobre la melodía. Y todo ello sin que la danza y el canto coarten la sensación de juego y de disfrute.

Filósofos, hombres orquesta, y religiosos en uno, estos bufones de Dios tienen como premisa encontrar la divinidad en la dimensión humana que adquiere la voz y la música. Purna Das, uno de los Bauls que goza de mayor reconocimiento en la actualidad, asegura, mientras sonríe con picardía, que "para encontrar lo divino no es necesario ir a ningún templo, iglesia, o lugar sagrado. Uno puede despertar toda la espiritualidad en su propio cuerpo, en su propia voz, en su propia musicalidad". Lo dice un hindú, pero bien lo podría haber dicho Grotowski. No es casualidad pues que el director polaco pasase parte de su estancia en la India estudiando el arte de los Bauls.

Por estos lares, donde la religión predominante ha basado su práctica en cercenar más que en evocar, donde difícilmente distinguimos lo religioso de lo espiritual, las palabras de Purna Das se nos escurren entre los prejuicios. Tal vez resulte imposible aspirar a tanto, pero quizá, estirando un poco nuestra mentalidad anquilosada, podríamos plantearnos despertar el teatro en nosotros sin necesidad de acudir a los teatros ni a los estamentos que supuestamente lo cobijan. Y hacer del cuerpo un templo para que allí se mezclen, a su antojo, burlas y rezos... ¿Estoy hablando en serio?

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€