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Jue, Jul

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Querámoslo reconocer o no, todos hemos desempeñado en más de una ocasión en nuestras vidas, el papel del famoso capitán Araya, ese valiente capitán capaz de embarcarlos a todos, incluso en las aventuras más descabelladas, y por supuesto, a la hora de partir, quedarse en la playa. Proactivos les llaman ahora. Personas capaces de impulsar a otros a llevar adelante una iniciativa, sin ellos mismos hacer demasiado.

 

¿Necesarios o un simple estorbo?

No cabe ni la menor duda de como todos y cada uno de los diferentes roles son indispensables para el éxito de cualquier iniciativa. El imaginativo capaz de transformar una idea en una posibilidad, el promotor capaz de impulsarla, el jefe capaz de ordenar a sus peones para ganar la partida, los peones que como egipcios sudarán hasta lograr el objetivo y por supuesto, quienes usufructúen de ella.

Todos son necesarios, nadie sobra.

Perdón; todos somos necesarios, nadie sobra.

Sin mencionar a los actores intermedios y solo hablando de los extremos ¿qué sería de la mejor de todas las ideas si nadie pudiese hacer uso de ella?

Basta con sacar de escena cualquiera de los roles como para que la obre no sea posible.

Jamás me ha incomodado desempeñar alguno de los roles, pero lo que si me molesta, y de sobre manera, son aquellos individuos de frases absolutistas, tales como las de un hincha deportivo, quien arrellanado en su sillón, con una cerveza en una mano y en la otra el control remoto del televisor, es capaz de afirmar: "Bien, ganamos el partido de futbol como lo merecemos, o, mal, los jugadores perdieron por no sudar la camiseta."

Sería más honesto aplicar el plural en cualquiera de los dos casos y no solo cuando se gana.

Este ejemplo, incluso ridículo que de tanto escucharlo, pasa inadvertido, sucede en otros ámbitos del accionar humano, desde un asado de fin de semana, hasta el nuevo plan de negocios de una empresa multinacional.

No faltan aquellos especialistas en atribuirse con bombos y platillos los triunfos ajenos, así como de culpar encarnizadamente a otros por sus fracasos.

Aunque nadie es perfecto, al menos sabemos que si es perfectible.

Todos nos podemos equivocar, todos podemos obtener logros.

Creo, sin temor a equivocarme, justamente porque de las equivocaciones es de lo que más se aprende, que deberíamos tener la entereza suficiente como para aceptar nuestras responsabilidades por los fracasos de nuestra actuar, así como de festejar con energía nuestros aciertos.

Nada es eterno y el tiempo se encargará de redimirnos de nuestros errores, pero también de ir diluyendo nuestros triunfos.

El capitán Araya ha pasado a ser parte del acervo cultural de todo un pueblo, y sin haber hecho nada, ni bueno, ni malo. Quizás sea mejor trascender por la vía de las buenas acciones con beneficios no solo personales, sino para otros, porque serán esos otros, quienes se encargarán de perpetuar en la memoria, nuestros logros, pero cuidado, dependiendo de la envergadura de nuestros errores, también seremos condenados por la memoria.

Alguna vez la manera de trascender fue siendo héroes para que historiadores contaran nuestras hazañas, luego, con la influencia de la religión, llegar a ser santos era el objetivo. Hoy quizás baste solo con ser felices, la meta más difícil de todas.

El capitán Araya, podría ser feliz incluso quedándose en la playa.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
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Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
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Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€