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Lun, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Algunos desayunan frutas del diablo, panecillos de cereales nucleares, mil leches tóxicas y lo redondean con un carajillo de vitriolo. Se duchan con agua helada, se acicalan con perfumes de pétalos de odio y van a su lugar de trabajo: sea una mesa pagada por todos los ciudadanos, sea un ordenador privado, pero siempre con una misión: intentar fastidiar al prójimo, crear un ambiente irrespirable, manipular la realidad, fundamentar decisiones arbitrarias en prejuicios e intoxicaciones con el objetivo de bombardear con todos los gases tóxicos, abrir todas las guerras sucias posibles, utilizar las manipulaciones más indecentes sobre todo lo que tenga algo que ver con la Cultura, y muy especialmente con sus profesionales.

Si ahora mismo mi rabia está contra editorialistas, tertulianas y periodistas de la caverna que con una demagogia incalificable cuestionan las subvenciones al Circo, las Artes Escénicas o el Cine, con descalificaciones tan abrasivas como titular, “después del recorte a los jubilados, ZP, regala trescientos millones de euros a payasos y domadores”, argumentando posteriormente, con un cuajo de soberbia y desconociminto, que ese dinero sí se puede ahorrar, porque no va a ningún sector productivo. Es decir los cientos, los miles de profesionales que en todos los rangos de las industrias, las productoras o la creación artística viven de su trabajo, son, somos, unos parásitos sociales.

Estas voces de la extrema derecha, tienen eco, llegan, se extienden, y con menos rotundidad, se reproducen y se convierten en decisiones de gobierno, en recortes presupuestarios, en aniquilación del tejido productivo existente, porque, en el fondo, a todos, les parece que ser un cómico, un guionista, un productor de teatro, no es una trabajo, es una regalía, algo que socialmente no es relevante. Si sales en la tele, aún pueden considerarte algo, pero si eres invisible o traslúcido, porque estás en una compañía de teatro de provincias, o inviertes tu conocimiento universitario en hacer una revista o un periódico digital dedicado a las Artes Escénicas, eres, por decreto, un perdedor, es decir prescindible.

¿De qué vivirían estos tertulianos, estas periodistas, sin subvenciones, o sin publicidad institucional? Si el aceite está subvencionado, si el vino recibe ayudas, si los coches se hacen con subvenciones y hasta los bancos reciben ayudas públicas, ¿quién puede negar una ayuda institucional a la Cultura? Y no solamente por lo que tiene de mantenimiento de puestos de trabajos, que también, sino porque se trata de algo fundamental, vertebral, esencial para el desarrollo de los individuos, de los pueblos y de los países. Si no se entiende este principio básico, troncal, es cuando se toman las malísimas decisiones que se están tomando desde el espectral Ministerio de Cultura que tenemos ahora.

No hace falta ser independentista, ni anti-sistema, ni revolucionario, siendo un plebeyo consentidor, votante ritual, ciudadano silente, se puede llegar a la conclusión de la inutilidad de un Ministerio por las barbaridades, renuncias y falta de criterios que desde él se transmiten a la ciudadanía. Yo diría que la actual ministra, y la mayor parte de su equipo en los diferentes puestos de confianza y dirección son unos auténticos dinamitadores. Parecen una quinta columna que a base de impericia y/o con un programa milimetrado para ir descapitalizando a los diversos sectores, sin defender absolutamente nada de lo logrado en las últimas décadas, van dilapidando lo existente a base de mantener prebendas y complicidades peligrosas, consiguiendo el descrédito absoluto y total ante los ciudadanos.

Así que salen tronando desde la caverna y no sale la ministra, ni el presidente, ni nadie a defender a los payasos, los domadores, los titiriteros o los poetas balsámicos o románticos. Volvemos a tiempos pasados, a sentir que existe un Estado, unas Comunidades, que no defienden la Cultura, ni siquiera como seña de identidad, mucho menos, como sector productivo que emplea a cientos de miles de trabajadores. Ahora los funcionarios, con su cinco por ciento menos de salario, se cabrean, pero algunos de ellos, no tienen un cinco por ciento de trabajo menos, sino que la bajada presupuestaria significa una bajada de actividad muy superior. Una vez más, defendamos la Cultura de quienes la atacan y principalmente del Ministerio, que la está maltratando.

Sí, ya sé, lo arriba escrito tendrá consecuencias. No pueden consentir que alguien que firma con foto, hable por sí mismo, y para castigar al escribidor, putearán más al soporte que le da cobijo, quitarán las “limosnas” que dan, negarán ayudas y subvenciones con criterios que rozan la estulticia, cuando no figuras delictivas muy en boga. Quizás sea el momento de la verdad, de sentirse honrado de no tener ayudas de quienes las dan, las conceden, no por criterios objetivos o culturales, sino por proximidades ideológicas o partidarias. Por cierto, ¿les puede explicar alguien a las unidades de producción del INAEM que sus sueldos los pagan todos los ciudadanos del Reino de España? Quizás, así puedan pensar que lo que se gastan en publicidad no puede ser solamente para sus amigos madrileños. Se dice con la intención de empezar por algún lado a desmontar la Gran Mentira.

Nosotros somos hoy, como siempre, payasos, titiriteros, poetas, domadores o leones drogados de este circo. Pero no nos callarán tan fácilmente. Y si debemos tomar carajillos de vitriolo, lo haremos. Pero hay que decir conjuntamente y con urgencia un fuerte y sonoro: ¡Basta ya!