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Mié, Jun

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

La primavera, como estación de transición entre el invierno y el verano es terrible. Aparte de las alergias que nos hacen llorar como a una María Magdalena, debemos vivir el frío matinal, por la tarde calor y por la noche de nuevo frío. Uno sale de la casa abrigado como esquimal para transpirar a mediodía como caballo de feria y congelarse por la noche. No hay como compatibilizar ropa y clima pero descubrí la técnica; vestirse como cebolla, es decir, por capas. Por la mañana muchas capas de genero capaces de abrigar hasta al más friolento y a medida que la temperatura aumenta, las capas se van a la mochila hasta que por la tarde, vuelven a salir para cumplir su función.

Mucha gente reclama contra esta condición de temperatura variable, que el calor ya no se aguanta, que hasta cuando seguirán estos fríos, que todo el mundo está resfriado, que porque sí, que porque no. Nada podemos contra la naturaleza, salvo destruirla así como lo hemos venido haciendo de manera muy efectiva hasta ahora. ¿Por qué no adaptarse a ella y convivir en armonía con las variables de cambio que se nos brindan?

Por lo general nos resistimos al cambio, incluso a leves variaciones en nuestro diario vivir. Tanto nuestro sub consciente como nuestro cuerpo están programados para resistirse a todo tipo de cambio. Basta que los peldaños de una escalera tengan una variación en su altura del 10% y arriesgamos una caída de padre y señor nuestro. La temperatura de confort en la cual nos movemos solo tiene un rango de un par de grados antes de sentir frío o calor. Esta resistencia no deja de ser peculiar pues desde antes de nuestro nacimiento solo somos cambio. Heráclito de Éfeso sí que tenía razón; "Nada es, todo fluye". Y lo demostró ya que nunca pudo bañarse dos veces en el mismo río. ¿Por qué resistirse entonces al cambio? Quizás porque necesitamos el bastón de la seguridad en lo repetido para caminar por los senderos de esta vida llena de imperfecciones. Si repetimos una cierta rutina, pisamos sobre terreno seguro sin arriesgar nada. Quien no se arriesga no cruza el río y parece que hace demasiado tiempo estamos en la misma rivera viendo como del otro lado hay una vida llena de oportunidades.

Vistámonos como cebollas y aprovechemos la posibilidad de variedad que se nos ofrece. Seamos permeables a las sensaciones del frío y del calor porque solo así disfrutaremos del verdadero confort tanto físico como emocional. Tampoco se trata de ser arriesgados al límite de la muerte, alternativa tomada por algunos adictos a la adrenalina. Vistámonos según la ocasión y atrevámonos a veces a vestirnos contra la ocasión. Levantarse una hora antes un domingo, cambiar de recorrido entre el departamento y el metro, hablarle a un desconocido, comer un fruto exótico, tratar de viajar sin dinero, compartir un café con un mendigo, decirle a una mujer desconocida que es bonita con la sola intención de ver el rubor en su cara y el brillo en sus ojos, son miles y miles las posibilidades de cambio que podemos elegir. Con ello se abrirán nuestros sentidos y percibiremos lo que siempre estuvo ahí pero que la cómoda rutina se encarga de enmascarar para hacerlo completamente invisible a nuestra vista pero por sobre todo, a nuestro espíritu.

Vamos que se puede. Volvamos a sentir para crear en función a las capas que usemos para abrigar nuestro espíritu, aunque para algunos la cebolla huela mal.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
Precio : Próximamente

La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€