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Lun, Mar

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Del griego clepto, 'robo'; y cracia, 'poder' = dominio de los ladrones.

Es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político y/o el peculado, de forma que estas acciones delictivas quedan impunes debido a que todos los sectores del poder están corruptos, desde la justicia, funcionarios de la ley y todo el sistema político y económico.

Es un término de reciente acuñación, y se suele usar despectivamente para decir que un gobierno es corrupto y ladrón.

Quien no hubiese conocido el termino hasta ahora, al menos estoy seguro, ha vivido sus nocivos efectos.

Alguna vez a los países sud americanos nos llamaban de manera despectiva, “bananeros” porque esta práctica era muy común e incluso aceptada de manera velada por la sociedad. Hoy en cambio, nuestro “savoir faire”, “know how” o “saber hacer”, ha traspasado fronteras y se ha exportado a países mal llamados, del primer mundo, transformado la corrupción institucionalizada en un fenómeno planetario.

Me faltan dedos de la mano, incluso de los pies, como para contar los presidentes, vice presidentes, senadores, diputados, y cuanto cargo político exista, que no haya sido condenado o al menos esté siendo enjuiciado legalmente por actos de corrupción y enriquecimiento ilícito.

Nuestros gobernantes, esos que teóricamente deberían dar ejemplo de probidad y ser un modelo de correcto comportamiento a seguir, se han transformado en el peor de los ejemplos. La idea fuerza pareciera ser; roba millones porque si se dan cuenta, deberás pagar miles en multas y el resultado final, siempre será un enriquecimiento que no solo te asegure la vida a ti, sino que, a tus hijos, tus nietos y quien sabe a cuántas generaciones más.

Si se le deben algunos cientos al banco, se es deudor, pero si se le deben muchos millones, uno adquiere la condición de socio.

Ante estos numerosos ejemplos de cómo volverse un tipo exitoso en la vida, al menos para el juicio social, ¿Cómo se puede vivir al alero de valores positivos a nuestros hijos?

Aunque el bien común les afecte a millones, mi propio beneficio tiene un peso específico infinitamente superior al del resto, como para inclinar la balanza del lado de mis intereses, sin importar a quien afecte.

La religión contemporánea parece ser el dios hoy, uno que se alimenta de vegetales genéticamente modificados y animales engordados a punta de hormonas e iluminación perpetua.

Ya no sembramos en el momento adecuado para, después del tiempo necesario y los cuidados requeridos, alimentarnos del fruto de nuestro trabajo y dedicación. Es más fácil meterle la mano en el bolsillo de otros y la conciencia inexistente, que de darnos el trabajo de esperar.

Si nadie comprase productos robados, no existirían ladrones.

Si nadie tuviese el poder de corromper, no existirían los corruptos.

Si nadie pagase por asesinar, no existirían los sicarios.

Si tan solo enseñásemos a nuestros hijos a no comerse un yogurt en los pasillos del supermercado, quizás ese sería un buen comienzo para eliminar la palabra cleptocracia o al menos para que se encontrase solo en los libros de historia.

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