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08
Dom, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Debemos afrontar la desidia con la máxima actitud emprendedora. Los lamentos se confunden con los ecos. Cada letra que juntamos con otras letras nos salvan momentáneamente de la desesperación. Lanzamos mensajes en botellas virtuales que a veces son recogidos en lugares muy lejanos y nos devuelven la esperanza. Existimos, alguien nos lee, incluso indican que nos esperan cada lunes. Según las estadísticas son cincuenta y seis mil veinticinco los visitantes diferentes que se pasaron por este lugar al servicio de las artes escénicas.

Dicho de otro modo, tuvimos durante el pasado mes de abril una media diaria de ocho mil setecientos treinta y un visitantes, a los que les servimos cincuenta y cuatro mil cuatrocientas diez páginas de promedio diario, que suman, para que la cifra sea más contundente un total de un millón seiscientos treinta y dos mil trescientas dos páginas servidas en un mes. Solamente en un mes. Vamos creciendo. Cada día somos más. Nos alegra. Encontramos sentido, encontramos retorno, crecen los colaboradores, la necesidad, circula la información, fluye la solidaridad, la responsabilidad compartida.

Damos por cerrado el autobombo, pero creemos necesario que todos cuantos nos siguen y son nuestros cómplices sepan que somos los que somos, que seremos más, y que debemos elaborara conjuntamente un discurso que acabe con el desparpajo de la alegre tropa seguidora de manera fanática del mercado, del neoliberalismo aplicado a la cultura, del teatro utilitario, del divertimento escapista, de esas propuestas alienantes que convierten los escenarios en pasarelas o platós televisivos de muy baja estofa.

Estamos con todos, pero vamos cada vez más a señalar los que creemos trabajan para el progreso de su colectividad, artísticamente, o aquellos que consideramos parásitos, incrustados en unas estructuras de las que se alimentan y desangran económicamente, sin aportar nada más que productos de consumo rápido. Unos los producen, otros los hacen y otros los exhiben. Es decir hay una organización para la toma de toda la cadena, para coparla y convertirla en algo banal, artísticamente bajo mínimos, que busca solamente la rentabilidad económica, el mercantilismo. Y mucho de eso se hace con dinero público, en espacios públicos. Ahí reside el problema, la impostura.

Escribo estas líneas desde Lleida, en su Fira de Titelles, recordando a Julieta Agustí, su fundadora, que se nos fue en un accidente, viendo la realidad de un tipo de teatro, el de objetos, curiosamente cada vez más teatralizado, menos objetual. Evoluciones, tránsitos. Sigue existiendo pulsión creativa, sigue existiendo un mundo posible en las artes escénicas. Lo malo es la realidad cotidiana. Lo que se programa cada semana en muchos lugares, lo que se produce para atender a las programaciones menos escrupulosas. Siempre estaremos con los soñadores, con los artistas, con los que vivan para el teatro, con mayor o menor calidad, pero que se note que quieren decir algo, nuevo, viejo, con formas arcaicas o buscando nuevos lenguajes. Y quienes les acompañan en la producción, la gestión, la programación. Nos repatea el desparpajo desmovilizador de algunos responsables institucionales.