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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

En un determinado momento cualquiera puede sentir estrés. Cualquiera puede verse sobrepasado por unas circunstancias que ya no puede manejar. Cualquiera puede quedarse en solo nervios, si por alguna razón ya no tiene ilusión por seguir en gerundio, haciendo, sintiendo, proyectando. Cualquiera. Hamlet lo dijo a su manera. "El rey obeso y el escuálido mendigo son dos platos para una misma mesa: el fin". Obviamente Hamlet se refería a la muerte, pero algo similar podríamos decir de la enfermedad; al fin y al cabo, las enfermedades no son sino probaturas más o menos serias que la muerte hace con nosotros. Es casi un dicho coloquial: en la muerte y en la enfermedad nos igualamos todos. El estrés, una de las enfermedades más frecuentes de esta modernidad, también parece que hace tabula rasa con nosotros. Un parado puede sufrir estrés porque no llega a fin de mes, de la misma manera que Botín puede acabar desquiciado por no pescar suficientes anguilas en las Islas Caimán, o la Infanta porque Urdagarin no pone el tapón a la pasta de dientes. Y aunque bien sabemos que unos y otros no tienen el mismo derecho a sufrir estrés, si éste es real, sea cual sea su causa, un médico de oficio no advertiría la diferencia. Todos presentarían síntomas similares. Taquicardia, respiración rápida, temblores, sudoración y la hormona del estrés con triple asterisco en los análisis. Botín, la Infanta y el parado indistinguibles en la frialdad del diagnóstico.

Pero como decía, ni todo el mundo se gana el derecho a sufrir estrés, ni todo el mundo tiene las mismas probabilidades de padecerlo. Depende de las circunstancias. Familiares, de salud... o de trabajo. Precisamente hace poco se publicaba una lista de los trabajos más estresantes de Norteamérica. El estudio lo había realizado un investigador en materia laboral, después de analizar hasta 747 oficios diferentes. Para cada uno de ellos computaba la tolerancia al trabajo, que mide la frecuencia con la que el trabajador se enfrenta a una situación de estrés, así como la consecuencia de los errores, que estima la gravedad de lo que sucedería en caso de equivocación, y la presión temporal, que se refiere a la premura de las fechas límite. Pues bien, entre las quince profesiones más estresantes figura la danza. Sí: han oído bien, el oficio del bailarín es uno de los más estresantes del planeta.

Así, a bocajarro, la noticia rompe el prejuicio instalado en gran parte de la parte de la sociedad anónima, según el cual la danza, y por extensión las Artes Escénicas, son actividades de divertimento, tanto para quien las admira como quien las práctica, carentes de rigor y disciplina. En la lista del estrés, la danza se equipara con enfermeras anestesistas, psiquiatras, controladores aéreos, cirujanos o ginecólogos. Según el estudio, la tensión que se tiene que manejar en estas disciplinas es similar. Si exploramos un poco más encontramos un territorio común para estas estresantes profesiones, pues la mayoría de ellas deben su maestría a la precisión, la capacidad de reacción, la resistencia psicológica o la capacidad empática, cualidades que además deben aflorar y alcanzar su plenitud con el pulso desbocado.

Se trata pues de oficios de acción directa, que requieren enfrentarse a dilemas a resolver aquí y ahora, en un acto que debe certificar un trabajo en cadena. Si se fijan, en la lista no hay intermediarios, ayudantes periféricos, ni jefes de oficina. Está el cirujano pero no el gerente del hospital, está el ginecólogo pero no el ministro de cultura, está el piloto pero no el ingeniero aeronáutico. Y se habla de bailarines (tal y como probablemente se podría hablar de actores), pero no aparecen programadores, críticos, técnicos culturales, directores o productores. El bailarín (o el actor), lo mismo que los trabajadores de la famosa lista, llegado el momento asumen la máxima responsabilidad en solitario, y aunque culminan una labor en la que han participado otros muchos, la implicación de éstos, aun siendo necesaria, no deja de ser secundaria o periférica. Aunque a veces lo olvidemos, quienes estamos en segundo plano no somos nada sin ellos. Sin ellas. Conviene tenerlo presente. Recordar que en esto de las Artes Escénicas, quien finalmente está en el centro asumiendo el auténtico riesgo, es el bailarín, la actriz, el cantante, acróbata o cualquier otro tipo de guerrero escénico.

Por cierto, si leen detenidamente la noticia, se darán cuenta de que la lista de los trabajos más estresantes está copada por aquellos relativos a la salud, la educación y la cultura, precisamente áreas que están asumiendo las consecuencias de una crisis que han generado otros oficios, ligados a la especulación y gestión bancaria, que no aparecen en dicha lista. ¡Caramba qué coincidencia!

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€