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Dom, May

Y no es coña | Carlos Gil

Ha terminado una nueva edición del Salón del Libro Teatral de Madrid, una cita anual donde se puede hacer un repaso urgente a la edición en el campo específico, encontrarse con conocidos y amigos, testar el ánimo de una parte del gremio teatral y comprobar una vez más la distancia existente entre el libro dedicado a las artes escénicas y la ciudadanía en general. Organizado como siempre por la Asociación de Autores de Teatro, uno de los actos centrales ha sido el nombramiento de Presidente de Honor a Jesús Campos, quien hasta ahora ha sido el animador de este encuentro, además de ser el que con sus juntas directivas, han logrado colocar al Autor de teatro, en la órbita de otras agrupaciones como un factor más de toda iniciativa y producción.

Como editores y libreros, hemos acompañado al Salón de la AAT en todas sus ediciones, las celebradas en diferentes espacios de Madrid, como en sus años nómadas por Sevilla, Cáceres o Salamanca. Parece establecido en la Nave 16 del Matadero de Madrid, aunque según confesiones de los que deben trabajar día a día, encuentran muchas pegas para poder desarrollarlo en tiempo y modelo. Quizás la llegada de otro equipo de gobierno al ayuntamiento madrileño ayude a cambiar ciertos hábitos y comportamientos y se pueda negociar de una mejor manera la edición del 2016 donde es presume habrá otra mayoría en el gobierno lo que significará cambios, al menos de personas, en los puntos claves de los ministerios.

Porque este Salón es iniciativa de una agrupación gremial que ha contado con ayudas institucionales que según épocas, presupuestos y disposición para el diálogo han colaborado de una manera más eficaz o menos. Quizás lo más importante sea señalar que se ha hecho, que se ha mantenido, que se han superado todas las situaciones perentorias y de desafecto, que en estas décadas han crecido las editoriales independientes y ha variado mucho el panorama, y se vive un momento en donde el autor dramático contemporáneo vuelve a contar para las producciones tanto públicas como privadas. Un buen detalle, que como todo debe explicarse con mucho más detenimiento del que disponemos en este momento.

Hemos tenido una suerte añadida: en las Naves del Matadero, en la sala Max Aub, coincidiendo con el salón se ha presentado el espléndido montaje de "No daré hijos, daré versos", de Marianella Morena. Y eso nos ha permitido presentar su libro con esta pieza y dos más, publicado por Artezblai con su presencia en el acto. Pero no solamente eso, sino que hemos contado en la mesa con José Miguel Onaindia, actualmente director de Instituto Nacional de las Artes Escénicas de Uruguay, que ha tenido la deferencia de ayudarnos en la presentación de libro con tres obras de Gabriel Calderón editado por nosotros pero además, la Antología de Dramaturgos uruguayos, publicada por nuestros hermanos mexicanos de Paso de Gato, lo que ha constituido unos momentos, a nuestro parecer significativos. Muchas gracias por este privilegio

Una foto magnífica para entender la vitalidad del teatro uruguayo, de sus dirigentes administrativos, de sus creadores, de comprobar cómo existe un contacto directo entre ellos, no hay una valla que los separe sino que existe conocimiento, colaboración, proyectos conjuntos y complicidad. Dan envidia. No queremos señalar. Pero en la mesa, donde hemos presentados las novedades de nuestra editorial, la edición conjunta con Paso de Gato de nuestra nueva colección El gato en zapatilla, nos acompañaba Mariano de Paco, director de una de las dos obras editadas por primera vez en español del dramaturgo israelí Hannoch Levin que hemos tenido el honor de incluir en nuestro catálogo

Un editor es alguien que mueve cajas, que arrastra pesadas maletas por aeropuertos transportando libros. Es una tarea que debe hacerse desde la vocación y la capacidad de colocarse en la misma onda que algunos de los creadores, estudiosos, docentes y profesionales del teatro. No es una tarea lucrativa. Sigue siendo una edición de cantidades minoristas, nunca puede entrar en una economía de escala. Nosotros en Artezblai hemos decidido este año mantenernos en la más absoluta de las independencias. No solicitamos ayudas a las instituciones. En primer lugar para no darles la oportunidad de ejercer la censura y el desprecio a nuestro trabajo. Y en segundo lugar porque entrar en el juego de las ayudas es contraer compromisos editoriales imposibles de superar, como es el número de ejemplares que obligan a imprimir.

Seguiremos editando con nuestros socios mexicanos, con quienes entienden de una manera cultural nuestra labor y lleguemos a acuerdos. Correremos unos riesgos económicos sostenibles conociendo lo que se vende gracias a nuestra experiencia en la Librería Yorick. Editamos según criterios subjetivos, pero nunca solicitaremos, como sucede con demasiada asiduidad, dinero a los autores, no jugaremos a camuflar autoediciones. Lo que publicamos es porque creemos en ello o porque nos parece interesante o por compromisos contraídos de manera consciente como son los premios Born en castellano y euskera.

El Salón de Madrid debe consolidarse, todos debemos arrimar el hombro. Sus organizadores deben escuchar un poco más a quienes llevan años acudiendo a muchas ferias y salones, porque les pueden aportar algunas ideas o nociones para mejorar. Como en todos estos eventos hay que encontrar la manera de que su difusión sea mejor, llegue a muchos más interesados. Seguiremos moviendo cajas, iremos a dónde nos llamen con los libros a cuestas. Los autores y autoras que han confiado en nuestra editorial se lo merecen y son nuestro auténtico gran capital.