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Lun, May

¿De qué sexo es la palabra? | Marianella Morena

Una actriz uruguaya radicada en Chile me pide un texto, quiere actuar, nos comunicamos por skype. Pienso en la oportunidad que no tuvieron los personajes femeninos de compartir sus confesiones, y creo que es un buen recurso de escritura que habría que pensar, esos pliegues abandonados, ir por ellos, descubrir esos secretos, desenterrarlos, pero ¿cómo sin abusar o imponer? Uso el esquema que nos determina: la distancia física, geográfica. Ella en Chile yo en Uruguay. Converso con la actriz sobre esa idea: las capas de la ficción y lo real. Intentamos capitalizar la situación de la distancia, esa cosa que cada vez menos importa o a veces sí, pero empezamos a incluirla, pensarla desde la creación, en vez de un obstáculo, como un lenguaje que nos propone la geografía. Y me quedo con esas imágenes conceptuales: la distancia que nos propone la geografía y el tiempo.

Como bastiones de reflexión sobre lo incambiable merodeo durante días sobre eso, y me engancho mucho sobre la distancia geográfica como esquema revolucionario de cambio, ¿podremos generar materiales escénicos desde cada punto del mapa sin movernos de él?

¿Seguirá siendo teatro o estaríamos frente una hibridación de lenguajes escénicos?¿Podríamos hablar de un nuevo cruce que se viene instalando? Nos gusta compenetrarnos con lo real y como nos repercute, contamina, impregna, nos gusta romper herencias y luego quejarnos porque no están más o porque lo nuevo no es lo teatral. El conflicto que es el motor que nos empuja y desborda. Sí, porque sin él, sólo zombies mirando tele seríamos.

Lo virtual, presencial, las nuevas incorporaciones y sus velocidades nos imponen pensamientos que no teníamos, supongo que si le volvemos a dar vida a Ofelia, ¿mantiene los mismos parlamentos? Quizá hasta podría tener el mismo vestido, pero el pensamiento y las palabras, ¿serán las mismas?

Entonces esa maldita pregunta que tanto nos gusta, o la persecución de la duda que nos acorrala contra nuestras paredes , esas limitantes humanas que nos caracterizan, y ¿qué va primero, el texto o la escena? O podría plantearse de otra forma, ¿qué jerarquizamos a la hora de trabajar? Qué nos determina como directores de escena, ¿representar, montar lo escrito previamente o que el acontecimiento esté vivo y nos sacuda el alma generando nuevas preguntas?

Uno deambula y se revuelve entre encuentros y desencuentros. Eso es lo más lindo, ese afán, esa inquietud de no hallar, porque la búsqueda es el principio y el final de lo que nos sucede cuando trabajamos. No hay metas. Los paradigmas se levantan y derrumban en cada proyecto y uno se enfrenta con su ideología.

Vuelvo a conectarme con la actriz por skype y no funciona para nosotras el intercambio sin presencia, todavía somos hijas de la vivencia.

Confesiones Ofelia se me presenta como un portal de análisis, como esas puertas que uno abre y ya sabe que no hay vuelta atrás. Uno debería estar más atento y en estado de alerta, dejar de estar pendiente de los pequeños problemas que nos toman y nos sacan del eje central: observar, observar, observar.

Mi pequeña Ofelia espera con su portal en penumbras, y algunas luces en oferta.