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Lun, Nov

Un cerebro compartido | Miguel Ribagorda

Del 20 al 23 de octubre de este extraño 2020, se ha celebrado en Madrid el quinto Congreso Internacional de Jóvenes Investigadores en Estudios Teatrales. Bueno, no, en Madrid no, en Zoom. Por lo menos íbamos sin mascarilla y hemos tenido ocasión de dialogar cara a cara aunque, eso sí, amortiguados por las pantallas… en fin, es lo que toca. La organización, excelente. Las charlas, unas interesantes, otras menos, pero en general ha sido de lo mejor a lo que he asistido en este tiempo de pandemia. Yo tuve ocasión de participar con dos ponencias en las que continúo bregando por la necesidad de que este arte tan antiguo no se quede anticuado buscando acercar nuevos saberes al teatro para redefinirlo. 

 

Las neurociencia, decía en una charla, es un campo multidisciplinar en el que el teatro tiene su parcela. Su esencia estudia el sistema nervioso y su activación, su clasificación, estructura y función de cada una de sus partes, su desarrollo biológico y bioquímico y, en lo que nos interesa a los teatreros, el cómo sus partes interactúan dando lugar a las bases biológicas de la cognición y la conducta. De igual manera, mediante las ciencias cognitivas se intenta entender qué es el conocimiento y cómo aprendemos, cómo se comprende una acción o un texto escénico y cómo la mente participa de este proceso y envía señales al sistema nervioso para su procesamiento. 

De alguna de las discusiones a las que he asistido, he querido intuir un buen futuro para esta unión teatro-ciencia. En el trasfondo de los contenidos de razonamientos y charlas, han estado presentes las bases biológicas de intérpretes y espectadores. Solo hay que dar un paso más para analizar cómo estos se combinan, lo que da pie a habar del entrelazamiento de estas bases biológico con sus sistemas nerviosos, algo que tiene como resultado la aparición de los procesos psicofisiológicos que identifican territorios multidisciplinares que abran nuevas maneras de entender la comunicación teatral.

Sería lógico que en estos territorios hablemos de la mente, el cerebro y sus activaciones en los procesos de ensayo y/o representacional así como en el de recepción ya que aportará conocimiento sobre nuestros procesos conductuales y cognitivos, vocabulario utilizado en las artes escénicas y neurociencias. Con esta premisa, y en una de mis intervenciones, me atreví a presentar una taxonomía sobre posibles intereses de los estudiantes y profesionales del teatro en las neurociencias y que resumiría en estos cuatro puntos:

a) Estudio de la corta historia de la unión de la ciencia con el arte.

b) Estudio del teatro como espacio de comunicación y dentro de éste, un análisis de qué teorías se ajustan más al convivio teatral bajo el supuesto de una modificación conductual y cognitiva mutua espectador – intérprete.

c) Estudio del hecho escénico desde la biología y la filosofía, más en concreto la neurobiología y la neurofenomenología que aportan conocimientos y presentan pruebas sobre lo equívoco de conceptos asumidos como ciertos en el teatro occidental desde comienzos del siglo XX.

d) Introducción de la psicofisiología en los análisis de espectáculos. Su empírica abre nuevos caminos de estudio al hecho teatral.

Es un soplo de aire fresco para el teatro saber que la investigación no está limitada a autores, escuelas o etapas. El teatro actual puede beneficiarse de las sinergias cognitivas de otras áreas del saber. Así como los textos clásicos hablan de las realidades sociales en las que vivían los autores cuando los escribieron, es lógico que el teatro contemporáneo contemple la realidad que hoy nos incumbe en la que, a lo que ya definimos como teatro, podemos incorporar nuevos lenguajes y conocimientos de otras disciplinas que permiten ampliar las maneras de disfrutarlo. Y esto aplica tanto al teatro actual, como al que nos regala la historia desde las primeras tragedias griegas, permitiendo así relecturas que, en un ejercicio de dramarturgismo literario y ahora también uno que incorpore las neurociencias cognitivas, consiga rescatar, reflotar textos pasados. Viva el teatro y la investigación teatral.