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Dom, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Crear es un verbo mayúsculo que quizás nadie haya conjugado jamás a plenitud durante su vida. Es tan grande y poderoso como esos valores sociales considerados positivos, que se han erguido desde siempre a manera de faros guía hacia los cuales tratamos de avanzar sorteando grandes dificultades pero sin nunca llegar. Cuando pensamos estar creando, lo que en realidad hacemos es re componer, re construir, recrear en base a un conocimiento pre existente dado por nuestras experiencias de vida. Un niño es un recipiente vacío que poco a poco se va llenando, por lo que difícilmente podría generar nuevas soluciones ya que en base a su escaso conocimiento tanto de variables duras como de sentimientos, no podría re combinarlos logrando una nueva solución para el problema de siempre. Es por esto que el cúmulo de conocimientos y sobre todo de experiencias vividas es fundamental para un buen desarrollo integral de todo ser humano. Cuando hablo sobre nuevas soluciones no me estoy refiriendo necesariamente a la resolución del problema energético mundial o de como erradicar el hambre en Países del mal llamado tercer mundo sino a la resolución de la problemática diaria, sobre todo en lo que se refiere a una buena convivencia. Es aquí donde las artes escénicas y de la representación cobran un rol fundamental en la sociedad de todos los tiempos. Los aspectos técnicos de cualquier disciplina están suficientemente bien documentados, almacenados en grandes tomos de la literatura especializada pero en lo que se refiere a sentimientos, no basta con leer sobre ellos, se deben experimentar para asimilar el conocimiento que conllevan aumentando así nuestra sensibilidad. Una lectura de fórmulas y resultados es fría e impersonal pero el asistir y más que asistir, vivir la experiencia que significa una buena obra de arte en que seres de carne y hueso representan vivencias por las cuales todos hemos pasado o pasaremos algún día, es una experiencia formadora imprescindible. Los momentos de ocio, antes vilipendiados porque supuestamente son improductivos, gracias a los avances tecnológicos contemporáneos, han cobrado una gran importancia pues teóricamente el hombre ahora tiene más tiempo para su propia formación, más allá de lo técnico. La serpiente de los efectos multimedia ha encantado a la sociedad con sus ondulaciones de hiper texto que nos hacen saltar de un tema a otro sin llegar a conocer nada en profundidad, abundante información cruzada sobre cualquier tema que no siempre es correcta e instantaneidad absoluta. Difícil tarea la de re conquistar a un público secuestrado por la tecnología que cree dominar las variables de su vida con el dedo pulgar presionando los botones de un control remoto. Difícil pero no imposible. Hacer partícipe al espectador de una co creación que lo comprometa en el logro de un resultado puede llegar a ser una buena fórmula. Así como la verdad absoluta no existe sino que es una construcción colectiva en constante cambio, el arte sigue la misma lógica pues sin pretender el llegar a transformarse en un hito del arte mundial, cualquier creador (re creador) debería tomar en cuenta el invaluable aporte que puede obtener de quienes no son considerados artistas. Si bien es cierto en teoría el artista está en una predisposición constante para captar los detalles de la realidad que para otros parecen insignificantes y plasmarlos en una obra de arte, nunca podrán vivir tantas realidades diferentes como las de un público sentado frente a un escenario. Ante este escenario, más que nunca parece valedera la frase de que la suma de uno y uno es mucho más que dos. El re creador y el potencial receptor de tal creación trabajando unidos para lograr una pieza final en la cual todos nos veamos reflejados.