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Lun, Oct

La siembra de los números

Por narices: crónica de una payasa

La Escuela Navarra de Teatro acogió del 20 al 24 de julio las II Jornadas de dramaturgia para la infancia y la juventud, organizadas, además de por la propia ENT por Assitej España, Ttp, TeVeo, Unima y AAT. Tras el inevitable aplazamiento de las jornadas el año pasado, este Encuentro era tan esperado como deseado.

 

El programa de las II Jornadas incluyó mesas redondas, debates, presentaciones de proyectos, espectáculos y un taller de escritura teatral para público infantil y juvenil conducido por la reconocida dramaturga mexicana Maribel Carrasco. Acudimos a la cita profesionales de la dramaturgia y de la creación, junto a aquellas personas interesadas en las artes escénicas para la infancia y la juventud. Compartimos, coincidimos, disentimos, nos inspiramos, creamos redes y, al menos, en lo que me toca, cargué pilas y salí con unas ganas de escribir y de crear, que no me cabían en el cuerpo.

Entre las personas participantes, figuraban varios Premios Nacionales de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud, como Itziar Pascual, La Baldufa Teatre, Rosa Díaz, Marie de Jongh o Titiriteros de Binéfar; representantes del Centro Drámatico Nacional, del Teatre Lliure y otros profesionales del sector. Todo un lujo.

Las jornadas arrancaron con el taller de Maribel Carrasco y con la puesta en escena del espectáculo “La siembra de los números” de Nieves Rodríguez, obra ganadora del XXIX Concurso de Textos La otra mirada: Taller de escritura teatral con Maribel Carrasco.

Hablar de INFANCIA y JUVENTUD es hablar de una etapa que refleja un universo sorprendente y revelador, pues en ella se experimenta el asombroso descubrimiento y deslumbramiento del SER. Esta es una edad crucial para el desarrollo de todo ser humano, donde la alegría más exultante y la confusión más desoladora pueden coexistir intensamente. Un rostro complejo que es a la vez posibilidad y realidad, aspiración y caída, sueño y oportunidad, pertinencia y marginación, inocencia y extravío; ya que en esta etapa de la vida, niños, niñas y jóvenes se enfrentan a una sociedad convulsa y llena de contrastes, en donde muchas veces crecer y responder por uno o una misma, puede resultar extremadamente difícil.

La programación continúo con una mesa de debate en torno a la pregunta ¿Qué es la dramaturgia? Esa mesa contó con personas expertas en este ámbito, algunas de reconocido prestigio en la materia como Itziar Pascual. Estuvo acompañada por Nives Rodríguez, Lola Fernández de Sevilla o Maialen Díaz, moderadas por Xabier López. Se presentaron varias definiciones de dramaturgia. Una de ellas la presentaba como la acción y efecto de crear, componer, escenificar y representar un drama, convirtiéndolo en espectáculo teatral.​ El término se aplica no solo al teatro sino a otros espectáculos de las artes escénicas, como la danza, la ópera o el circo.

La palabra dramaturgia proviene del griego dramatourgía, que significa “composición dramática”, ya que en su momento, filósofos y estudiosos de la ficción como Aristóteles (384-322 a. C.) estudiaron el drama, es decir, la “actuación”. En esa época, se entendía como “dramática” a cualquier representación teatral, trágica o cómica, y fue mucho después en la historia que se empezó a hablar de “drama” como un subgénero distinto de las ficciones teatrales.

Sin embargo, el término dramaturgia se comenzó a utilizar en el siglo XVIII, en alemán (“Dramaturgie”), gracias a una serie de ensayos del crítico Gotthold Lessing (1729-1781), publicadas entre 1767 y 1769 bajo el título de La dramaturgia de Hamburgo.

La mesa orientó el debate hacia la noción de autoría y a la idea de texto o de textualidades. Porque en el teatro ¿sólo escribe el “autor”? Parece que el consenso era general en considerar que no. No siempre hay texto y cuando no lo hay, ¿sigue habiendo dramaturgia? ¿Cómo es esa dramaturgia cuando escribimos más allá de las palabras? ¿De quién es la autoría en ese caso? Una concepción de dramaturgia, no circunscrita únicamente al texto dramático, abría la mirada al hecho de que, en la creación escénica, el trabajo es colectivo y traía al debate de manos de la postmodernidad un concepto de autor múltiple. Un aspecto siempre polémico donde surgían preguntas sobre si el director podía o no cambiar escenas escritas por una autor o autora.  Cuando escribimos un texto, cuando creamos una dramaturgia, nos enamoramos de nuestra creación. Y sin embargo, llevarlo a la escena es aprender a soltar, aceptar que ahora va a llegar un equipo a “re-crearlo” para que tome cuerpo y luz y ritmo y espacio sobre el escenario.

Se habló de la dramaturgia como la organización de una fiesta, como orquestar un encuentro. Actores y actrices también construyen dramaturgia, ponen el cuerpo. El debate estuvo atravesado por una reflexión sobre los diferentes lenguajes escénicos y los diferentes elementos de todo acto comunicativo revisando no sólo el papel del texto sino también del subtexto, del pretexto, del contexto. Se habló del texto como un lugar de desmesura, un espacio simbólico desbordado. Y al mismo tiempo que se exhortaba a perder el miedo a la palabra y se defendían 25 años previos de diversos códigos y lenguajes, se invitaba a búsquedas y mestizajes donde la dramaturgia se concebía como un viaje a lo no concreto.

La advertencia a navegantes era clara: atención al subrayado cognitivo que tiende a operar particularmente en las producciones para la infancia. Se trataría de liberarse de servidumbres pedagógicas, de la obligación de que “se entienda”. La literalidad duele. El panfleto impide realizar el viaje en el mundo de los simbólico. El arte es polisemia, múltiples significados.

También se puso foco sobre la recepción del público, que es quien cierra y actualiza en cada representación, la dramaturgia. Y se lanzó la pregunta: ¿pensáis para qué edad escribís? Y si lo haceís ¿para qué edades pensáis? Se debatió sobre las dramaturgias de encargo, por edades, por temas. Sobre la libertad creativa, la censura y la autocensura. ¿Cómo contar lo terrible a la infancia y a la juventud?  El posicionamiento general tenía menos problemas sobre el qué contar que sobre el cómo contarlo. 

Cristina Avila presentó una amena charla/taller teatralizada compartiendo la propuesta pedagógica que han desarrollado “Cambiar el cuento”, revisitando algunos cuentos clásicos tradicionales desde una perspectiva de género para propiciar con la chavalería una reflexión sobre los estereotipos sexistas y las violencias de género. Algunas de las aportaciones invitaban a desarrollar un pensamiento crítico y a no confundir cosas aprendidas con cosas innatas y proponían lo escénico como herramienta pedagógica para cuestionar, por ejemplo, mitos sobre el amor romántico.

El jueves 22 la mesa de debate de la mañana orbitó sobre “La figura del autor o autora en las compañías”. Contó con la presencia de Jokin Oregi, Iñaki Juárez, Diana I. Luque y Blanca del Barrio, moderados por Ramón Molins, que lanzó al ruedo preguntas como ¿Por qué muchas compañías de teatro para la infancia y la juventud no cuentan con una dramaturga o un dramaturgo? ¿Se verían mejores resultados escénicos si formaran parte del proceso creativo?

Iñaki Juárez de la compañía Arbolé compartió que el teatro es revelación y que la dramaturgía permitiría pasar un texto del 2D al 3D. En una trayectoria donde a veces todo el proceso creativo y la formación se realiza a lo “mecagüendiez”  reivindicó metodizar la enseñanza de la drmaturgia. Falta formación. Itziar Pascual intervino para aclarar que en 18 escuelas de arte dramático sí que hay dramaturgia en algunos planes formativos y que se va introduciendo en los programas el teatro para la infancia y la juventud. Varias personas participantes en la mesa coincidieron en la acumulación de funciones donde a veces coincidía la dramaturgía, la autoría y la dirección escénica. Se regresó en varias ocasiones al sentir que provenimos de un sector donde en ocasiones, todo se hace entre todos y si faltan medios, se invierte menos en dramaturgia. Joserra Martínez, de Markeline, se refirió con mucho sentido del humor a esta cosa nuestra de la “polivalencia escénica” y realizó, a mi juicio, una distinción imprescindible entre autor/a y dramaturgo/a. La figura del dramaturgo/a se consideraba esencial porque podía tratarse de quien cuidara las palabras y las estructuras dotando de coherencia a la historia que se quería contar y aportando investigación, compromiso y curiosidad al proyecto. Cuando además esta figura venía de fuera de la compañía podía contribuir a un cambio de mirada y a una regeneración de las dinámicas previas de la compañía. Se veía fundamental un trabajo de escucha y humildad para acompañar a la compañía en su proceso y llegar a pactos creativos que introdujeran la inquietud por probar cosas nuevas al tiempo que se respetaba el estilo de cada compañía. Salió nuevamente y relacionando con la dramaturgia por encargo ¿para quién creamos las obras? ¿Para los papás, las mamás, el profesorado…? Se cuestionaba incluso si existe propiamente ese fenómeno de teatro para infancia o para juventud o si esta etiqueta no sería más que una cuestión mercantil y el teatro como el arte es para todas las edades.

La segunda mesa estuvo maravillosa con una mesa debate que nos trajo “La voz de los niños y niñas en los espacios escénicos”. Fernando Sánchez-Cabezudo del Centro Dramático Nacional, Alicia Gorina del Teatre lliure y Beatriz Torres del Espacio Abierto Quinta de los Molinos nos compartieron las experiencias que están llevando a cabo abriendo espacios de participación a la chavalería en espacios escénicos dignos y de prestigio. A través de los vídeos y de sus intervenciones nos llegaron los testimonios de la gente menuda hablando de lo significativo y relevante que estaba siendo en sus vidas la experiencia.

El debate se extendió por la tarde al Festival de Olite que acogió una mesa moderada por Maialen Díaz titulada La adolescencia creadora en torno a los siguientes proyectos: LA NAVE (Programa de artes escénicas para jóvenes del Teatro Calderón de Valladolid), la compañía Cross Border Project y Los Bárbaros. Las compañías y autores/as  que intervinieron habían trabajado codo con codo con adolescentes haciéndoles partícipes y creadoras/es de sus espectáculos. También tuvo representación la gente joven que había participado en los proyectos, para conocer su vivencia. ¿Cómo había sido el proceso y la experiencia? Todas las respuestas de la chavalería fueron profundamente emotivas y nos dejó a los y las profesionales una infinidad de preguntas cuyos ecos regresarían en las mesas del día siguiente: ¿Qué teatro del siglo XXI busca la adolescencia? ¿Es igual la chavalería ahora que hace unos años? Y constatamos que somos legión a quienes nos entra sarpullido cuando se habla del público infantil o adolescente como el público del futuro. Los niños, las niñas, la gente adolescente ya son. Están siendo todo el rato. Se denunció la etiqueta de infantil cuando sirve para pagar un 30% menos del cachet. En cualquier caso no es lo mismo teatro infantil que teatro para la infancia.

El viernes 23 por la mañana, moderada por todo un referente dentro del teatro para la infancia y juventud, Rosa Díaz de La Rous teatro, tuvo lugar la mesa debate sobre: Dramaturgia de las diferentes disciplinas (danza, circo, artes de calle, títeres, objetos…) que reunió a un grupo de creadores y creadoras de excepción. Gente de diferentes disciplinas artísticas que nos relataron cómo abordaban la dramaturgia en espectáculos de danza, circo, artes de calle, títeres u objetos. Pepa Gil (La Güasa Circo), Joserra Martínez (Markeliñe), Enrique Cabrera (Aracaladanza), Paco Paricio (Los titiriteros de Binéfar) al menos a mí, me embelesaron y las jornadas se enriquecieron con intervenciones tan honestas como diversas, todas ellas fruto de experiencias y trayectorias creativas muy diferentes.  Y nuevamente se apuntó el interés por investigar más en la mezcla de disciplinas y en el encuentro de lenguajes rescatando el valor de la sugerencia y buscando públicos a quienes no haya que dárselo todo hecho. La idea que tenemos de público a veces es una losa. Nos acercamos con prejuicios, considerando que hay temas tabú o que el teatro de títeres o el circo es para niños y niñas únicamente. La importancia de no crear para los programadores y confiar en que la infancia reconoce la “verdad”, la respira antes que el público adulto, empeñado en “entender” siempre e incluso por encima de la experiencia estética.

La mesa del viernes “¿Qué lugar ocupa la investigación teatral para la infancia y la juventud ?” estuvo absolutamente magnífica, contó con la pasión y la lucidez de Pilar López de Teatro Paraíso y con las investigaciones de Gema Cienfuegos (Universidad de Valladolid) y Gemma Gómez Rubio ( Universidad de Castilla La Mancha) moderadas por Alfredo Asiáin de la Universidad Pública de Navarra. Se constataba que históricamente siempre ha habido un muro entre la academia y lo que acontece fuera de ella. ¿Cómo podemos hacer para que la investigación teatral llegue a los teatros? ¿Y para que las publicaciones científicas alcancen al mayor número de personas posible? Se reflexionó también sobre cómo había cambiado en los últimos años la investigación teatral para la infancia y la Juventud y siguieron intervenciones sobre “La edición y difusión de la dramaturgia para la infancia y la juventud” con la exposición de los distintos premios y editoriales dedicadas a la dramaturgia dirigida a niños, niñas y jóvenes. Y un análisis de la situación y circulación de los textos dramáticos y búsqueda conjunta de estrategias de difusión de la escritura teatral dirigida a público infantil y juvenil. Todo ello corrió a cargo de la Escuela Navarra de Teatro, Ediciones Antígona, Fundación Sgae y ASSITEJ España. Y hubo también ocasión de compartir proyectos de creación e invitaciones de colaboración.

El último día, el sábado, la mañana resultó profundamente conmovedora con las conclusiones de las personas que habían tenido el privilegio de realizar el taller de Creación Dramática para Jóvenes Audiencias con Maribel Carrasco. Describieron los ejercicios, las dinámicas, creativas, los detonantes para ir en pos de la poética, cómo les había impactado esa exploración y textos que habían elaborado. Hermosísimo.  La dramaturga mexicana les planteó preguntas como ¿Qué es la infancia? ¿Qué es la adolescencia? Para llegar a los peligros de asociar la inocencia sólo a la infancia o la desmesura sólo a la adolescencia… para buscar lo oculto en las palabras, lo que no se ve. Escribir sobre lo que nos inquieta saliendo de trampas moralizantes sobre el bien y el mal. Se enfocó en la búsqueda de las palabras poderosas, que respiran, que nos atraviesan, que abren universos en el imaginario. La memoria es ficción y la ficción es la mentira más verdadera- ¿Cómo vive el desconsuelo una niña por ejemplo?  Se refería a la escritura como el arte de la paciencia, avances, retrocesos y tachar y volver a tachar y reescribir, buscando la esencia, capturar el misterio, la música, la densidad orgánica poética, la atmósfera de evocaciones y resonancias. Y por supuesto, una vez que tienes el principio y el final de tu escrito ya sólo te falta completar el recorrido. Si no lo ves claro, no es por ahí. Es más poderoso lo que no se ve que lo que se ve. Todo el alumnado salía exultante, pletórico, conmovido. Con ganas y urgencia por escribir. Esa pasión recién descubierta o renovada constituyó un verdadero regalo.

La conferencia de clausura corrió a su cargo. Para ella estas jornadas constituían una iniciativa de justicia para la infancia y la juventud. Hablar de INFANCIA y JUVENTUD es hablar de una etapa que refleja un universo sorprendente y revelador, pues en ella se experimenta el asombroso descubrimiento y deslumbramiento del SER. Esta es una edad crucial para el desarrollo de todo ser humano, donde la alegría más exultante y la confusión más desoladora pueden coexistir intensamente. Un rostro complejo que es a la vez posibilidad y realidad, aspiración y caída, sueño y oportunidad, pertenencia y marginación, inocencia y extravío; ya que en esta etapa de la vida, niños, niñas y jóvenes se enfrentan a una sociedad convulsa y llena de contrastes, en donde muchas veces crecer y responder por uno o una misma, puede resultar extremadamente difícil o doloroso. Escribe para acompañar en ese tránsito con una poética que pretende conseguir evocación, provocación, sugerencia…Para que niños, niñas y adolescentes cuando lean sus textos o vean sus creaciones experimenten la confianza de que pueden salir adelante.

Escribir para ella tiene como objetivo provocar, emocionar, sugerir. Parte de una idea primigenia, de una imagen. De objetos y palabras poderosas y/o peligrosas. La escritura es el ejercicio de hacerse preguntas todo el rato y de confrontarse a los personajes que van apareciendo interrogándoles: ¿Quién eres? ¿Cuál es tu historia? ¿Por qué quieres que la cuente? ¿Por qué me elegiste a mí para contarla?  Y se plantea ¿A través de los ojos de quién voy estoy contando esta historia? Se trata de una indagación sobre lo auténtico y de buscar la belleza debajo de las piedras.  Advertía también de los peligros de la literalidad, de la sobreexplicación, de la redundancia… Todo está ya contado, todo está dicho. La originalidad no existe, pero la autenticidad sí. Se trata de hallar nuestra propia voz en la escritura.

Escribimos, dice Maribel Carrasco, para no olvidar que fuimos pájaros o para imaginar cómo sería escribir para un público moribundo, intentando plasmar uno de esos momentos vitales a partir del cual ya no volviste a ser la misma persona.

Para mí, estas jornadas constituyen uno de esos momentos. Después del encuentro, de todo lo compartido con tantas personas compañeras de profesión, a las que admiro profundamente y en especial, después de haber conocido a Maribel Carrasco, yo ya no soy la misma.

Virginia Imaz