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Mié, May

Y no es coña | Carlos Gil

En Galicia el descontrol es total. En Asturias, todo se emponzoña un poco más. Extremadura es un territorio teatral en barbecho. Castilla-La Mancha sobrevive con respiración asistida. Valencia es una verbena con pirotecnia mojada. Aragón está pasando una sequía institucional que ahoga todo pensamiento. Castilla y León mira a sus piedras que al menos dan sombra. Andalucía acaba de salir de unas elecciones con las ideas fundidas. Catalunya se mira el ombligo. En Euskadi se inventa el pasado y se hipoteca el futuro. Madrid se sectorializa y diversifica para debilitarse. Cantabria, La Rioja, Navarra, Murcia, son cuatro, pero podrían ser dos. O una. O ninguna. Y así sucesivamente.

A vuelapluma hemos dibujado un mapa de las Artes Escénicas vinculado a la cartografía política y cultural que nos define como Estado de las Autonomías. Una manera de entender la actual situación. No existe una posibilidad real de solucionar la deficiencia estructural de los asuntos culturales. Ni siquiera queriendo. De aquellas patéticas reuniones de directores generales ágrafos, a-culturales, politizados por partidistas, a esta ausencia de interés, liderazgo o intención, va uno de los periodos más nefastos de nuestra historia política y cultural.

Como la canción de Mecano, estamos ante una historia presentada como un incidente económico y de crisis, pero  se trata de una cruz realizada con navajas de la ignorancia y el objetivo de convertir la cultura en un bien de consumo para quien pueda pagarla. Es decir, un retroceso bastante notable que, para mayor daño, no tiene paternidad política, ni adscripción partidista. La dejación, el abandono es general. Da lo mismo que ganen unos u otros. El desarrollo es casi calcado, acaso con unos pequeños matices, unos tics o unos temores, pero en ningún caso se nota una auténtica regeneración, ningún impulso para colocar en el discurso de futuro, la Cultura en general y las Artes Escénicas en particular como ese logro ciudadano que sirve para distinguirse, para consolidarse.

Porque al igual que saldremos de huelga el día 29 para impedir la barbaridad de la reforma laboral, que todos sabemos que no se trata de algo coyuntural, de una solución para salir del paso, sino de un proyecto para acabar con todo lo logrado que llega con la voluntad de establecerse para siempre, todo lo que está sucediendo en el campo cultural, no es algo para arreglar la coyuntura, sino que son pasos que no se recuperarán, pérdidas para siempre, agravios generacionales. El futuro será, indudablemente peor que este presente. Y será mucho peor si no nos ponemos ya a parar esta demolición, que en algunos aspectos tiene visos de exterminio.

Celebremos este Día del Teatro, leamos las melonadas asépticas de todos los que hacen ver que escriben los mensajes melifluos. Nuestro objetivo es que una parte suficiente de la ciudadanía se sienta cercana a nuestras inquietudes artísticas, culturales. sociales, políticas. Ahora es el momento de mostrar que estamos a la altura de las circunstancias. Hemos estado en situaciones peores. Pero cuidado, si no nos ponemos ya en alerta, podemos bajar hasta los infiernos y las cavernas más asfixiantes.