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16
Lun, Dic

La voz antigua | Maite Tarazona

Cuando algo se acaba algo nuevo empieza. Los fines de partida dejan a veces sensaciones de desasosiego, o de pérdida, o de alivio, o de incertidumbre por no saber el por-venir que nos espera; a veces los años que pasan se acumulan en nuestra piel como espirales de tiempo y se hacen carne haciéndonos más sabios, o más felices, o más tristes, o más desconfiados.

Este año han pasado muchas cosas: buenas y malas, cambios de contexto personales y profesionales, personas que llegaron y personas que se marcharon de nuestras vidas; y dentro de todas ellas: el teatro. El teatro como sustrato y motor de todo lo que nos acontece. Nunca una actividad más marginal en término de apoyos y soportes institucionales fue más necesaria; el teatro articula y proporciona espacios de reflexión tan necesarios, ahora y siempre, como el comer o el respirar.,

Este ha sido un año de niños y niñas, amigas que poniéndose todas de acuerdo han decidido traer nuevas personitas a este mundo bello y complicado del teatro y así poder compartir con ellas las vicisitudes de aunar arte, vida, teatro y maternidad frente a los muros de la realidad laboral que nos ofrece este país; la conciliación laboral en el mundo arte es un delicado encaje de bolillos, siempre pendiente de un hilo y siempre a punto de estallar. Ser madre y actriz es una combinación explosiva no apta para todos los públicos ni todos corazones, se requiere una fortaleza especial. Gracias a los canguros, amigos, abuelos y abuelas que hacen ese encaje de bolillos posible. Desde la barrera de la maternidad en diferido he visto verdaderos milagros escénicos de una madre amamantando a su hijo cinco minutos antes de la función, presente y completa en la acción de amamantar y en la mirada del niño y cinco minutos después presente y completa de nuevo en el centro del escenario irradiando con fuerza cegadora. A día de hoy y a pesar del tiempo transcurrido es algo que solo puedo considerar un verdadero milagro: la capacidad de ser y estar, siempre, ante cualquier circunstancia.

Este ha sido un año de amigos y amigas, de amistad y de ayuda mutua, de apoyo y ayuda para sacar adelante proyectos personales y profesionales gracias a la generosidad de esos otros que siempre están ahí; la precariedad material no se corresponde con la emocional, en lo emocional somos ricos, muy ricos y es algo que nunca podrán quitarnos aunque nos estrangulen a base de veintiunos porcientos, reales decretos u órdenes ministeriales.

Este año acaba y espero a que pasen las horas que le restan sentada en el asiento de un tren de cercanías que no llega a su destino, esperando; quizás hoy no llegue a mi destino, quizás mañana, quizás tome unas uvas que no tengo sentada en este tren, esperando; alguien cayo a la vía y su cuerpo sin vida descansa en los raíles, extraña manera de acabar el año, descanse en paz. Yo quizás hoy no llegue a mi destino, pero si mañana, gracias a la vida.

Por los que llegaron y los que se fueron y por todos los que siguen con nosotros.

Arranca de nuevo el tren.