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Vie, Jul

Y no es coña | Carlos Gil

Sucede a menudo, se tienen apuntados unos asuntos para tratar en estas entregas, pero se cruzan otras sensaciones, noticias o desventuras y debemos ir hilvanando el manto de nuevo. Unas circunstancias encadenadas: escribo esto mientras estamos ultimando los últimos detalles de la Revista ARTEZ 234 correspondiente a julio/agosto que entregaremos inmediatamente a imprenta y que se pondrá en distribución a partir del jueves. Saldrá magra, pero saldrá. Al filo de lo imposible, pero la hacemos posible. Conversando con Jaime Chabaud, que escribe en ARTEZ, me comenta que él se encuentra, en este momento que yo escribo, escribiendo a su vez en México, la editorial para su revista Paso de Gato, que vuelve, ¡alegría!, a salir en papel. Así estamos, al borde de la euforia producto de la agonía.

 

Comenté hace unas semanas mi parecer sobre el nombramiento de los nuevos directores del FIT de Cádiz, lo que me parecía que no se hubiera consultado al director jubilado, y esta semana pasada se produjo lo que considero lógico, adecuado, educado y positivo: reunión de los recién nombrados con Pepe Bablé y Fernando Cerón, presentación de la edición de este 2020, con el propio Pepe invitado, incluso a hablar ante la prensa, y reuniones de trabajo de los recién llegados con él y con los equipos de producción y ejecución del festival.

No quisiera entrar en muchas profundidades, pero quiero mostrar algunas cuestiones que me sorprenden. Tiene fechas de celebración, lo anuncian con una idea fuerza: se amplían los días, pero no se sabe de su contenido en estas fechas, que es cuando normalmente se daba todo a imprenta y se cerraba programación y actos. Circunstancias, pero no deja de ser una manera de hacer un tanta atrabalaria. Y en la rueda de prensa se dejó caer que se seleccionó directamente a sus dos directores, pero que existía un proyecto. ¿Es cierto? ¿Quién se lo pidió? Y si fue como parece el INAEM, ¿a cuántas personas más se les pidió un proyecto? La elección fue, en cualquier caso, algo sorprendente porque sus directores no tienen vinculación, ni relación ni conocimiento del teatro hispanoamericano. Todo se aprende, y más si pagan las instituciones y no importa lo que salga este año.

Podría seguir un buen rato, pero, aunque es merecedor de más atención, vamos a esperar las decisiones concretas que tomen, la programación que anuncien y sí, de verdad, me encantaría ver ese proyecto que decantó su elección. Parece que servirá de poco, porque aseguraron en esa misma rueda de prensa que en 2021 habría convocatoria abierta para la nueva dirección. Esperamos atentos a las pantallas.

Tímidamente, con sensaciones muy encontradas, dentro de la incertidumbre creciente, se van abriendo salas, se van programando actividades teatrales con públicos limitados. Es de esperar que con las autovías abiertas, los bares y terrazas costeros en funcionamiento, se instaure en estas semanas una calma chicha que vaya reduciendo las invitaciones a participar o a escuchar los encuentros, debates, conferencias por videollamadas dedicadas a contarnos lo que nos pasa y decir de mil maneras que no sabemos en qué va a terminar todo esto, si va a ser posible hacer el teatro con los protocolos sanitarios que están escritos, si los públicos van a querer ver de esa manera lo que se ofrezca y si están dispuestos, a su vez, a mantener esas extrañas distancias, esas actitudes en las salas que no se les pide, por ejemplo, ni en bares, ni en transportes públicos. 

Me encantaría tener alguna certeza, alguna idea incuestionable para lanzar y quedar bien. Todo se andará. Con tropezones, pero es necesario aplicar los medios tecnológicos ya existentes, pero recientemente descubiertos para muchas de las fases de nuestras producciones, buscar soluciones acertadas y sostenibles de producción y distribución y todo ello sabiendo que estamos bajo la amenaza de rebrotes, de vueltas atrás y con una economía global que parece no ha entrado todavía en sus momentos peores. Con todo ello, que todos pongamos lo mejor que tengamos para que fluyan por todos los cauces todas las confluencias. Las institucionales que piensen en los que están fuera de su paraguas funcionarial. Los privados, independientes, alternativos y aficionados que intenten seguir con la actividad con las ambiciones más grandes, porque no debemos caer en el monocultivo del monólogo, del dúo, del streaming y de todo esto que ahora hemos usado para contener la riada, achicar el agua y pensar que ha quedado un terreno fértil para cosechar con amplitud de miras y si es posible colaborando entre todos, unificando esfuerzos, proponiendo proyectos potentes, que ilusionen. Y no deben ser solo los de los que están respaldados directamente por los presupuestos públicos, sino que se amplíen esos recursos a las iniciativas privadas colaborativas.

Empieza el Festival de Almada, al que acudiremos como siempre, otras citas se van a ir produciendo por toda la península, variando formas y propuestas y fechas, por lo que podemos asegurar que no va a ser un verano normal, pero hagamos que la anormalidad sea la menor. Y que sus consecuencias se puedan minimizar.