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Vie, Sep

Velaí! Voici! | Afonso Becerra

Los escenarios no solo están para reproducir la realidad o para convertirse en su espejo “fiel”. El drama realista, el que intenta crear la ilusión de realidad, con el idealismo de hacerla comprensible y, de alguna manera, domesticable, no deja de ser, como espejo, un acicate para nuestro narcisismo. A través del drama realista podemos reconciliarnos con nuestros desasosiegos y tener la conciencia más tranquila.

 

Los escenarios no solo están para ponernos un espejo reconciliador, sino también, entre muchas posibilidades, para reinventar la vida, para despegar de los hábitos cotidianos y de las convenciones establecidas.

El escenario puede ser un magnífico campo de juego y una especie de laboratorio para crear relatos de fantasía que, con su hechizo, nos entretengan sin anestesiarnos, despertándonos de nuestro sopor o del sueño manipulado  por las convenciones y las condiciones en las que nos toca vivir.

Eduardo Blanco Amor, en la justificación de sus Farsas para títeres, escribe que el realismo mágico del teatro de títeres “consinte o manexo dunha humanidade suprahumán, dunha poboación alcaloidal, na que collen á par do realismo, a alegoría e o símbolo, sin térense que inchar coa retórica nin aloleárense coa ‘filosofía’. Os títeres, ou os actores que os imiten heroicamente, na súa eisistencia coasi sin consistencia, pódennos solevar até as máis dramáticas crueldás non xustificadas senón inxelmente apetecidas, como o propio e natural de todo degoro humán; e polo mesmo, lévannos, si quixeren, a ter que admitire formas inconexas e ornamentais dunha tenrura que non se atén a premisas burguesas; consinten as máis finas inconsecuencias dunha lóxica superior baseada no pulo ispido e na sinxela caprichosidade vital, e aínda permiten deducións éticas de feitío inmoral anque de ningún xeito arbitrarias.

Comprenderase que ren de isto podería sere levado, confiado, á presencia viva e a normal inficencia dos actores de carne e óso, xa que non se acharía modo de espoñelos a tal axilidade perto do marabilloso, a ista aparente absurdidade de coarta dimensión teatral, sin decraralos previamente xenios [...].”

Blanco Amor, nos habla de una cuarta dimensión teatral que, si no lo he entendido mal, es esa en la que lo extraordinario y lo maravilloso pueden acontecer sobre el escenario.

Nos habla, también, de la posibilidad de los títeres para realizar proezas, siendo metáforas de las personas, como, por otra parte, también los personajes teatrales lo son. Solo que, en el caso de los títeres, sus posibilidades motrices, mecánicas y de juego, se expanden hacia límites que resultan inasumibles para el cuerpo humano. Aún así, entiendo yo, la actriz o el actor siguen actuando e interpretando al manipular y animar esos títeres. El títere sería, entonces, una especie de meta-instrumento interpretativo y de juego: la actriz y el actor utilizan su propio instrumento (cuerpo y voz) para manipular y actuar con otro instrumento (el títere) para que éste, a su vez, actúe. El desdoblamiento actriz/actor – personaje, resulta aquí explícito y fuente, además, de regocijo (palabra que nunca utilizo, pero que me viene como anillo al dedo, por significado, sonoridad y cosquilleo).

El regocijo se dobla, redobla (como las campanas) o multiplica, cuando esos títeres nos muestran su naturaleza artesanal e incluso reciclada. En este caso, además, como es característica inmanente a las artes contemporáneas: la forma es el contenido, sin dicotomía binaria, y, por tanto, la factura reciclada es una declaración de principios sobre la importancia de reciclar y de la ecología.

El regocijo se multiplica porque, como estaba intentando exponer, esa artesanía de los muñecos nos los hacen próximos. No se trata de muñecos manufacturados y perfectos, sino de unos títeres como aquellas mariquitas de papel, recortables, con las que jugábamos las generaciones da la EGB. Pero, en este caso, dibujadas, pintadas y recortadas a mano por la actriz y el actor que van a jugar con ellas y con nosotras/os, a través de un dispositivo teatral extremadamente lúdico y encantador.

Esa actriz y ese actor son Helena Varela y Xosel Díez, de la Cía. gallega Cinema Sticado. Y el dispositivo teatral al que me refiero es un escenario que parece una instalación plástica, configurada por varias maquetas, también realizadas de manera artesanal y con materiales reciclados. Un dispositivo teatral que, además de esas maquetas, los títeres y otros objetos sencillos, incluye diversos artilugios tecnológicos para realizar cine en vivo y para crear, también en directo, una banda sonora especial.

En ese dispositivo teatral se integran, como parte fundamental pero no hegemónica, la actriz y el actor, Helena y Xosel, quienes, a su vez, son los creadores del espectáculo.

Me refiero, aquí, a la segunda entrega de la pieza con la que debutaron en 2015, titulada STRPTS // episodio 1: Mirlo & Rula. En 2018 presentaban su segundo trabajo, STRPTS Fin de tempada (STRPTS Fin de temporada), que yo he visto recientemente, el 9 de enero de 2021, en la Sala Ártika de Vigo.

La tercera creación de la compañía es PYKA: o corazón na eclipse (PYKA: el corazón en el eclipse), estrenada en 2020 en la Mostra Internacional de Teatro Cómico y Festivo de Cangas do Morrazo (Pontevedra), villa costera donde viven y trabajan. Como podemos deducir por las fechas, las producciones de Cinema Sticado no son apuradas, detrás hay un trabajo lento y artesanal que va saliendo poco a poco. Esta es otra característica que les aleja de esa tendencia a la productividad rápida, que parece ser el sello de este sistema en el que siempre hay que estar ofreciendo productos nuevos, que se gasten tan rápido como se han producido, para que dejen lugar a otros y para que la rueda del consumo se acelere al máximo, para llegar no sabemos muy bien a dónde (quizás a petar el planeta).

Cinema Sticado parece adscribirse a aquellos (bio)rítmos pre-industriales y no parece tampoco, yo que les conozco un poco y que he sido afortunado de tener a Helena Varela en mis clases de dramaturgia, que su finalidad sea estar en la cresta de la ola, aunque por las peculiaridades de su trabajo bien merecían estarlo.

 Entre esas peculiaridades me gustaría citar solo algunas. Una de ellas reside, escondida, en el inicio del propio título de sus dos primeras piezas: STRPTS, las consonantes de la palabra estriptis. Cinema Sticado, o lo que es lo mimo: Cine extendido (extendido al juego teatral), desnuda los artificios de la ilusión y la fantasía para que surja la magia y el encantamiento. Velahí la paradoja: la magia surge de mostrar el truco. Quizás porque el truco, en si mismo, revela, directamente, eso que es tan humano y que no está para nada de moda: la quiebra de las apariencias y nuestra naturaleza falible, en una sociedad tan acostumbrada y abocada al éxito. Tomando la idea de Byung-Chul Han, el filósofo que da clases en la Universidad de las Artes de Berlín, desvelar y mostrar el truco vendría a ser como poner el foco en la rugosidad y en las bellas imperfecciones de la vida, alejándonos de las estéticas de lo pulido y de lo perfecto. Recuerdo, ahora, a Xosel, que no es actor profesional, o que yo sepa no tiene una formación regulada como actor, actuando con sus movimientos y su voz singularísimos, sin pasar por el filtro pulido de las técnicas de voz y de cuerpo, que las actrices y actores formados templan como instrumentos virtuosos de una orquesta. Xosel se mueve y habla tal cual él es o parece ser (que ya sabemos que lo del ser es un relato complicado de aprehender), se mueve, en cierto modo, como un amador, y lo digo con las connotaciones más positivas que la palabra pueda tener. Su singularidad es otro estriptis. En Helena también podemos apreciar esa singularidad, pero ella manipula su cuerpo y su dicción a su antojo, no en vano, se dedicó cuatro intensos años, en la ESAD de Galicia, a formarse como actriz. Ambos desprenden un buen rollo que, para nada, es pose y que es, desde mi punto de vista, otro de los alicientes.

Entre las peculiaridades también me gustaría resaltar, volviendo a la reflexión de Blanco Amor, el relato fantástico que componen con nuestra complicidad. Un relato, en el caso de STRPTS Fin de tempada, en el que incluso hay lugar para mostrarnos que el malo de la película, Canito Presidente, se queda corto al lado de algunos que gobiernan o gobernaron, aupados por una buena parte de la población. Este Canito Presidente de STRPTS Fin de tempada es tan fantástico y surreal como el mismísimo Donald Trump.

Lo siento por Blanco Amor, pero es que, a veces, hay personajes, en eso que llamamos “realidad”, que superan a cualquier muñeco. Y ahora me salía escribir muñeco diabólico, pero tampoco es cuestión de jugar al mismo juego que políticos como Trump promueven, aquello del eje del mal y del bien y otras lindezas de aquel otro ex presidente del gobierno español.

Velahí la capacidad de unos simples muñecos de cartón reciclado, hechos a mano, para revelarnos los disparates que asumimos en ese relato común que venimos aceptando y llamando realidad. Velahí otra de las peculiaridades de este cine extendido al teatro de Cinema Sticado. 

P.S. – Otros artículos relacionados:

 “El teatro del cine al vivo. Cinema Sticado”, publicado el 19 de junio de 2015.

 “Libertad y amor de la pareja cine y teatro. PYKA de Cinema Sticado en la XXXVII MITCF de Cangas”, publicado el 20 de julio de 2020.