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Vie, Oct

Y no es coña | Carlos Gil

¿Ustedes recuerdan cuándo han visto en portada de un periódico, abriendo un noticiario televisivo o un programa de radio algo relacionado con las artes escénicas? No es habitual. Tienen que ser cosas muy especiales, casi siempre con un buen aparato propagandístico por detrás como puede ser el Cirque du Soleil, por hablar de algo que me afecta personalmente ya que una vez, en un diario donde escribo desde hace más de treinta años, firmé en portada, y era una crónica sobre un estreno en Bilbao del famoso circo.

En la prensa más cercana, sí se puede encontrar una foto-noticia de una obra en Mérida, en Almagro, de un inicio de un festival de calle. Cosas por el estilo. Bueno, ahora que me doy cuenta, estoy hablando de las portadas y en estos momentos cuesta encontrar algo relacionado con las artes escénicas en sus interiores. De alguna manera las ediciones digitales, los cien mil blogs de espontáneos van supliendo esta deficiencia, aunque nunca tendrá el mismo valor de uso. O al menos para quienes siendo emigrantes digitales ponderamos o incluso, me atrevo a confesar, sobrevaloramos lo que queda escrito sobre el papel que lo que se escribe en este territorio virtual en el que precisamente me están leyendo. Contradicciones, porque las audiencias nos dicen que este periódico tiene una media de visitas diarias de diez mil, cifra que ojalá sumando todas las revistas especializadas de teatro que todavía funcionan con imprenta mediante y no sean gratuitas lográsemos de manera habitual.

Una de las batallas perdida por las artes escénicas es su presencia en los medios de comunicación. Bueno, ahora hay una circunstancia curiosa y es que Jorge Javier Vázquez, el de los programas de corazón más reincidentes de la televisión se ha convertido en productor de teatro y su espectáculo funciona muy por encima de la lógica. Una insinuación del comunicador con este potencial de convicción a esas millonarias audiencias es algo de efecto inmediato. Está por demostrar si es público para el teatro o solamente para lo que proponga Jorge Javier. Por si hay dudas, bienvenido sea al teatro y que aporte públicos, producciones y amor, que falta nos hace.

Pero por lo normal no tenemos espacio. No hay continuidad, ni especialistas, ni casi secciones de cultura. Sí se ven críticos, la más de las veces muy insolventes, cronistas aduladores, pero entre tanto zoísmo inculto y superficial, se encuentran auténticos analistas que da placer leerlos. Y se dan con mayor frecuencia en los periódicos pequeños de las periferias que en los estatales, tan abigarrados, tan políticamente larvados y dependientes con tantos problemas de supervivencia económica. Hoy en día hay una voluntad de unas docenas de críticos que están por encima de la coyuntura y de los medios para que se hable, algo, de manera inconexa del teatro, la danza y otras artes escénicas.

Pero la semana pasado se ocuparon portadas, comentarios por un desdichado incidente, la muerte de manera violenta de Koldo Losada. Las circunstancias realmente son muy intrigantes, desconocemos casi todo, pero se notó un tono de excesiva tendencia a incidir en lo truculento, y, algo que a mí me ofendió de manera personal, las agencias le otorgaron una carrera casi exclusivamente audiovisual y relegaron a la anécdota su vinculación con el teatro, cuando, para algunos que lo conocíamos desde sus inicios era justo todo lo contrario, un hombre de teatro, que profesionalmente se dedicaba a la televisión o el cine. Y como en las redacciones no acostumbran a existir especialistas, se reprodujo esa sensación hasta la saciedad. Este asunto de Koldo es muy difícil de asimilar, muy doloroso pero precisamente por ello debemos guardar el máximo respeto. Y me sigue costando mucho escribir sobre ello. Me colapso. Solicito que reclamemos la biografía espléndida, arriesgada, larga, sostenida en el tiempo, muy intensa de Koldo Losada. Nada más.

Cuando llega el teatro a portada siempre es por cuestiones ajenas a su valor cultural. Y ese es un síntoma muy peligroso.