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Sáb, Dic

Y no es coña | Carlos Gil

Hace cuarenta años, en 1976, se produjo en Barcelona una de esas circunstancias que con el tiempo adquieren un valor histórico más importante. Con el dictador Francisco Franco muerto hacía pocos meses, con una situación socio-política y cultural en estado de efervescencia, los actores y directores de Barcelona consiguieron unirse en lo que se llamó la Asamblea de Actores y Directores de Barcelona que tras muchas negociaciones, reuniones, asambleas tumultuosas se logró una ayuda económica básica, la cesión del Teatre Grec de la ciudad condal y se organizó lo que se llamó GREC 76, en donde más de ciento cincuenta actores y directores trabajamos de manera paritaria e igualitaria, montamos cinco obras, Tirant lo Blanc en adaptación de Maria Aurèlia Capmany; Roses roges per a mi de Sean O'Casey en versión de Josep Maria Benet i Jornet,; El bon samarità, de Joan Abellan; Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga de José María Rodríguez Méndez y Faixes, turbans i barretines de Xavier Fàbregas, cuatro de ellas en catalán, lo que fue un hito para la época y todas con un equipo de dirección, una fórmula no habitual pero que daba cabida a más profesionales. Además se completó con una programación solidaria de primer orden que fue recibida de una manera excelente por la ciudadanía.

Me viene recuerdos amontonados, sin valor notarial, pero recuerdo con una fantástica emoción el lema de aquello "Per un teatre al servei del poble", no quisiera equivocarme pero la primera comisión gestora estaba formada Mario Gas, Carlos Lucena, Josep Maria Loperena, Ricard Salvat, Josep Torrens, Jaume Nadal, algunos ya fallecidos. Fue un éxito total. El impulso de toda una profesión sintonizando con toda la sociedad, darse cuenta de que existía un vínculo directo con miles de ciudadanos que encontraban en esa programación una reafirmación cívica, cultural, política. Ese GREC cambió de manera definitiva el sentido del teatro en Barcelona y por extensión en Catalunya. En los programas de mano de esos cinco montajes aparecen los que entonces eran ya figuras consagradas y los que a partir de entonces empezaron a ser los referentes del teatro catalán y español.

Todos cobrábamos igual, hasta las compañías invitadas que actuaban, entre ellas la Nuria Espert con el montaje de Divinas Palabras de Víctor García o la Compañía Nacional de Danza de Cuba con Alicia Alonso bailando en lo que se denominaba entonces el Palacio Nacional, también en la montaña de Montjüic. Todos cuando no teníamos actuaciones debíamos hacer de taquilleros o de porteros, y me tocó durante una de las actuaciones de Alicia Alonso compartir puerta con Joan Manuel Serrat que acaba de llegar de México donde había estado exiliado tras problemas con el régimen franquista.

La prensa escrita, radiofónica y hasta la televisión única en su desconexión catalana nos trató con absoluta complicidad, teníamos páginas diarias, horas y horas hablando de lo que pasaba. Las obras , al menos algunas, giraron de manera importante por muchas localidades catalanas. Aquello fue algo importante, imborrable de al memoria de los que tuvimos la suerte de vivirlo. De allí nació todo, hasta que se torció. Los años no pasan en balde. Llegó la lucha partidaria, se rompió la unidad de la ADD y se creó otra la Asamblea de los Trabajadores de Teatro, se repitió la experiencia otro año, el GREC 77, con buena programación pero ya con dispersiones, en esta edición formaban parte de la comisión gestora, dedicado a prensa y publicidad.

Y a partir de ahí se institucionalizó, lo asumió el ayuntamiento de Barcelona, se fue pasando por muchas épocas, y lo mejor es que sigue. Tiene un presupuesto majestuoso, programa muchos espectáculos, tiene sus públicos, peor es otra cosa, y lo es porque la sociedad catalana es otra cosa, porque el teatro y la cultura tiene otras herramientas de expresión, otras instituciones que lo ordenan. Hoy quiero dejar estos recuerdos líquidos, sin ningún tipo de nostalgia ni de reclamación de nada. Hace cuarenta años empezó algo que a mi entender no se concluyó, que se desvió por circunstancias fáciles de definir, las ambiciones personales, los intereses partidistas, la creación de estructuras nuevas que acapararon las energías, el florecimiento de un nuevo teatro comercial que lo ha copado todo.

Saludemos a este GREC 2016 y lamentamos no poder haber acudido a los actos recordatorios. Estamos ahora en otra fase, en otro lugar, en otra ilusión creativa, haciendo al menos un servicio al teatro, aunque dudo más que se lo hagamos al pueblo..