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Mié, Jun

Y no es coña | Carlos Gil

La vida te da muchas oportunidades para considerar que es un lujo vivir, que te has dedicado a unas profesiones (periodismo y artes escénicas) que te dan muchas posibilidades de conocer a personas excepcionales a las que primero has admirado y después has tenido la suerte de pertenecer a su entorno, a sus amistades o incluso en ocasiones se ha dado la circunstancia de haber podido trabajar conjuntamente. Son muchos, decenas, probablemente centenares los que caben en esta definición general y uno repasa su agenda y no puede sentir otra cosa que satisfacción.

No obstante, el pasado miércoles día 15 de febrero de 2017 en el Polígono Hytasa de Sevilla, en una espléndido teatro de nueva planta que ha sido el legado de toda una vida y casi, casi la tumba de La Cuadra de Sevilla, pero que lleva el nombre de Salvador Távora, un hombre que acapara en su trayectoria cosas tan importantes como la coherencia, el pulso imaginativo, la fidelidad a unos lenguajes propios, a un imaginario colectivo, que ha sido galardonado con todos los reconocimientos posibles en su Andalucía, en España y en muchos lugares del mundo, y que ha tenido la gran suerte, la inmensa suerte de poder ver cuarenta y cinco años después, un nuevo montaje, dirigido por él, de "Quejío", la obra que conmocionó la escena española, que abrió un camino internacional y que fue un grito de lucha que resulta que si entonces fue sobre los jornaleros andaluces que debían huir de la pobreza a vender su fuerza de trabajo en diferentes lugares, hoy, el mensaje se puede acoplar sin ningún esfuerzo a la situación de los emigrantes que llegan a nuestras costas.

La vida te da oportunidades como es ver el primer "Quejío" hace cuarenta y cinco años. Sentirse atrapado por aquel montaje, colocarlo en un lugar predominante en las ganas de buscar un lenguaje propio, de hacer un teatro eficaz que se acomodase a los pensamientos políticos. Franco vivo, dictadura dura, un supuesto crecimiento económico, sin libertades, esos quejíos, ese flamenco reivindicativo, demoledor, que entraba cada jipío como una navaja en nuestros corazones y en nuestras conciencias, han formado parte de mi sustento teatral. Salvador Távora es una de las personas con las que más he discutido, hablado, debatido, filosofado de Teatro. He sido defensor siempre de La Cuadra. En sus momentos sublimes y en los que parecía entrar en un cierto manierismo. Siempre ha habido en sus trabajos una pulsión genuina, algo que me ha hecho reconciliarme con un teatro directo, sin demasiados adictivos, con las herramientas y tecnología justas y siempre al servicio del discurso.

Y al ver cuarenta y cinco años después "Quejío" he comprobado que ahí estaba ya todo, toda la teorización llegada de la intuición convertida en realidades escénicas, básicas, en estéticas que huía y huyen de los oropeles burgueses. Si ha existido alguna vez una posibilidad de un teatro popular en el sentido de estar al servicio de las clases populares, ha sido el salido de este foco, de este creador, de esa sencillez tan rotunda en sus consecuencias.

Una confesión: Salvador Távora tuvo un hijo fuera de su matrimonio eterno con La Cuadra, "Pasionaria, no pasarán" que hizo con Teatro Gasteiz a partir de un texto de Ignacio Amestoy y tuve el honor de ser su productor. Ciento tres funciones. Con salas abarrotadas y con salas medio llenas. Ciento tres veces con los públicos puestos en pie mientras sonaba la internacional. Ante públicos burgueses, neo-burgueses, de derechas o populares. Ganaba el teatro. Calaba el mensaje. No hablo de oídas.

Creo, de manera sincera, que este "Quejío" de 2017 tiene valores indiscutibles, teatrales, históricos, llega, conmueve, es una parte de nuestra historia, de nuestra mejor Historia Teatral, peor es un espectáculo actual, eficaz, que sigue hiriendo. Que Tenga larga vida sobre los escenarios y que Salvador lo pueda disfrutar. Programadores quitaros los prejuicios, la rutina, la falta de coraje: esta obra no es de reír, no, es de sentir, es de pensar, es de disfrutar. Es teatro del excelente. Se dice pronto, pero son cuarenta y cinco años y parece que fue ayer. Pero es hoy.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€