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Lun, May

Y no es coña | Carlos Gil

Estaba desayunando en un bar en la plaza de Lavapiés cuando entró un hombre joven, con un montón de fotocopias en una mano y el Marca debajo del brazo y se dirigió al camarero entregándole su currículum: "estoy sin trabajo, puedo hacer sustituciones, trabajos extras, turnos, lo que necesitéis". "Esta la plantilla completa compañero, pero si falta alguien te tendré en cuenta", le contestó amable y profesionalmente el camarero. Y se fue, me imagino que a continuar repartiendo su CV, buscando trabajo de su especialidad allá dónde se lo podían dar.

Al salir me topé con el Teatro Valle Inclán, sede del Centro Dramático Nacional, que está en momentos de cambio de dirección, y me imaginé la misma escena, que alguien entrase, se dirigiera al jefe de producción, o al propio director, le entregase el currículum y se dijese las mismas palabras que el camarero en paro. ¿Qué le contestarían? Es más, creo que sería improbable esa circunstancia ya que para llegar hasta esos despachos hay que pasar muchas, demasiadas puertas y controles.

Y desde esa situación entré en el territorio de la reflexión sobre las contrataciones en los teatros públicos, que dicen de manera propagandística emplean en algunas de sus decisiones, "buenas prácticas", más todavía cuando ahora mismo se han convocado oposiciones para cubrir algunas plazas de técnicos en diferentes ramas. ¿Hay oposiciones para actores y actrices en algún teatro oficial del Reino de España para hacer sus plantillas artísticas? ¿Se convocan audiciones, reales, no simulacros, para hacer los repartos? ¿Quién decide estas contrataciones? ¿Cuáles son los criterios? ¿Existe algún porcentaje estipulado para atender no solamente a los parados de Madrid, sino de toda España? ¿Dónde, cuándo, cómo se convocan?

Y si pasamos al capitulo de autores, ¿dónde están los equipos de lectura de textos de estos centros? ¿Cuál es el sistema de selección de obras, autores, proyectos? ¿Está reglado, es aleatorio, caprichoso, por filiación o amistad o existe un mínimo planteamiento para que se haga con juego limpio y se pueda participar libremente? ¿Y los directores invitados como se eligen? ¿Por currículum, trayectoria, proyecto, convocatoria pública o restringida? ¿Es un concurso de méritos, intuición del responsable de turno, inspiración, amistad o relación sentimental plena o de compensación?

Vaya con el camarero la que me provocó. Parece que existe demasiado poder en las direcciones de estos teatros para crearse plantillas artísticas sin regulación ninguna. Aceptamos sin más los repartos, algunos realmente excelentes, pero nunca pensamos en cómo se ha llegado hasta ellos. Todos sabemos que existen afinidades, vínculos artísticos y son muy respetables, incluso saludables, pero cuando hablamos de entidades públicas, que manejan presupuestos públicos superlativos, la transparencia y la igualdad de oportunidades no sobran, sino que deberían ser obligaciones reglamentarias, además de que ayudan a dotar a las entidades de credibilidad.

Así de repente, uno comprueba que con muchos quinquenios en el oficio, jamás ha tenido una relación contractual, ni ha podido optar a casi nada, con ninguna entidad de estas características. A igual que la inmensa mayoría de autores, actores, directores, escenógrafos, figurinistas, iluminadores, sonidistas, dramaturgistas, críticos o periodistas especializados que yo conozco de todas las partes del Estado español. Y que no son, precisamente, los últimos de la fila. Por algo será. Igual no hemos dejado a tiempo ni en el lugar adecuado el currículum.