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04
Mar, Ago

Y no es coña | Carlos Gil

Desde mi más tierna juventud sé de buena tinta, en primera persona, lo que es la corrupción. Antes de dedicarme en exclusiva a estos oficios flexibles del periodismo y el teatro, fui despachante de aduanas en Barcelona. En una empresa privada y en una agencia de aduanas. Cada paso que se daba en el entramado administrativo significaba aportar una propina obligatoria al funcionario. Los casos más especiales se trataban de manera más concreta y se pactaban las cantidades. Eran los años sesenta y setenta e importaba televisiones alemanas, máquinas de coser industriales de Alemania o Japón, caucho de Sri Lanka, discos de Nueva York o camiones de pescado de Turquía. Nunca supe de tráfico de drogas. Sí vi tráfico de obras de arte, es decir, expolios, y cargamentos inverosímiles de tabaco. Habla un empleado de una agencia que de las 110 de Barcelona, estaría colocada sobre la 95 en el ranking de importancia por movimiento económico. Fui testigo de casos históricos. Y Pepe Bablé no me dejará mentir, porque él trabajaba en la aduana en Cádiz. 

 

Quiero con esto decir que soy el primer corrupto, que sé lo que es pagar sobornos y recibir regalos, lo que es corromper y dejarse corromper. Por eso entiendo que cuesta mucho hablar de las corrupciones y/o corruptelas existentes en el mundo cultural y más específicamente en las artes escénicas. Debo confesar que conozco en primera persona algunas corruptelas menores, que existe, ha existido, existirá una mentalidad de perdedor, de pobreza estructural que hace ahorrarse el IVA, colocar facturas de comidas que han pagado a escote todos los comensales y que alguien se la apropia, de sobreprecios, de comisiones ilegales, y debo confesar que de todo lo que yo he conocido en los cerca de cincuenta años que llevo vinculado al teatro profesional, nada es comparable en cifras con lo que yo he conocido y he sido protagonista en la Aduana de Barcelona siendo casi imberbe.

Pero si nos ponemos un poco serios, si admitimos que estamos dentro de un régimen democrático donde existen unas normas, que la cultura parte en su gran mayoría de una gestión pública porque se hace con recursos públicos, encontramos que, desde la entrada en este régimen, en todo lo relacionado con la Cultura ha existido una corrupción primaria, invisible, que ha sido poner al frente a personas no preparadas, no adecuadas, incultas, sin programa ni una política cultural a desarrollar. Desde este pecado original, que es la corrupción máxima en términos democráticos y políticos, hasta las pequeñas corruptelas y remarcadas actuaciones reincidentes en donde se ha vinculado en ciertas localidades de un número de habitantes medio, la dirección de sus teatros reconstruidos, con el nombramiento al frente de los mismos de personas indocumentadas, ágrafas, culturalmente insignificantes que llegaban a ese lugar desde la dirección de un partido político. Y se ha dado una circunstancia paradójica, en Barakaldo, donde el director de su teatro durante muchos años lo fue por ser el secretario general del PSOE y en Basauri donde el camino similar fue a través del PNV, sus dos directores han sido los presidentes de la Red de Teatros Públicos durante más años. Y lo curioso es que siendo de dos partidos antagónicos, se han ayudado mutuamente en su localidades cuando han tenido problemas por el cambio de alcaldías y se han apoyado para hacerse con la dirección de la Red.

Estos dos casos me duelen, por cercanía, incluso por amistad con el de Barakaldo, Gonzalo Centeno, y que no puedo señalar ningún caso de apropiación indebida de fondos, aunque le reproché siempre la cláusula de rescisión de su contrato que estaba marcada en unos cientos de miles de euros, y una temporada que tuvo a una compañía residente que le servía para contratar a personal del propio teatro. 

Con el de Basauri duele más por ser un ejemplo de la corrupción absoluta, porque además de esa circunstancia de llegar a hacerse con el cargo sin preparación ninguna, sólo por ser del partido, es que lo que hizo fue cargarse de manera cesarista a todos los que sabían algo, que habían puesto en marcha el teatro recién reconstruido y que le habían enseñado lo que era un teatro, un telón o un foco, acabando de malas maneras con un festival internacional de teatro de una categoría media alta, y con una escuela de teatro que era la mejor existente en Euskadi en aquellos momentos. Su histórico es demencial, de un despotismo absoluto, nefasto, contra todos, pero que, a base de una táctica sibilina, fue ganándose amistades en su txoko, donde invitaba a buenas comilonas a sus conmilitones de otros teatros y así se fue ganando los votos para ejercer una presidencia de la Red, para la que todos sabíamos que no estaba preparado y que avergonzaba a muchos, pero que consentían por esa terrible negligencia gremial de no meterse en camisas de once varas, por lo que me pudiera pasar...

Pero dentro de su noción caciquil, estaba la de la impunidad. Él puso a los alcaldes desde la jefatura local del PNV, él, sin ninguna titulación se puso un sueldo superior a la alcaldía y al de cualquier teatro de sus características, pero como eso le parecía poco, cuando salía a alguna feria o evento, cobraba dos o tres veces las dietas de diferentes instituciones. Eso lo ha confesado. Ha devuelto hace unos meses unas cantidades dinero, diciendo que era una equivocación, pero se sospecha, o, mejor dicho, se sabe, que era un hábito, no un error circunstancial, y por eso lo han destituido, lo han apartado desde el ayuntamiento de Basauri del cargo al que llegó de manera corrupta y su caso está en manos de la fiscalía.

Lo doloroso, lo sangrante, es que todos lo sabían, que este servidor lo ha escrito, se ha cansado de explicarlo, aunque muchos de los que le han bailado el agua no querían hablar de esta realidad y que ahora, cuando es un apestado incluso judicial, aparece de jurado en una feria de prestigio y lo anuncian como experto en Artes Escénicas y en Gestión Cultural. Eso duele, eso deja a ese jurado lleno de mierda, y los expertos en Artes Escénicas no sabemos en qué idioma o dialecto jurar y los gestores culturales deben empezar a emplazar a una manifestación, porque si se pone como ejemplo lo corrupto, lo que salga será la corrupción misma.

Ya sé que de esto no gusta hablar, cuesta escribir, me ganaré el desprecio de quienes o bien no quieren reconocer la evidencia o se sienten aludidos, es decir que ellos también cumplan con algunos o con todos los síntomas del farsante gestor corrupto, pero vuelvo a indicar que barrer de estos miserables nuestros teatros e instituciones, es bueno para todos, especialmente para esas instituciones, esas redes, esos premios. Y sería bueno que se explicara públicamente todas las fechorías que ha hecho este individuo, este corrupto que es, además, una mala persona, con tics mafiosos, alguien lleno de rencor y de ganas de venganza. Ha censurado compañías, grupos, distribuidores, en conspiración con otros corruptos parecidos, por venganza; entre muchas otras cosas que forman parte de la infamia del teatro en Basauri, en el País Vasco y en España. Por si acaso no había quedado claro, me refiero a Gerardo Ayo, para que vaya con este escrito a sus abogados como me ha amenazado. Aquí estoy, señor auxiliar administrativo de la central nuclear de Lemoniz. Aquí le espero. Usted no me ha dado nunca miedo, me ha producido simplemente asco.

Vaya, acabo de darme cuenta de que esta homilía al final parece un acto de venganza y no de justicia teatrera. Me da lo mismo. El mal de este individuo está hecho y ha sido mucho, grande, contagioso. Y desde aquí se intenta salvar el honor de todo aquello que ha contagiado. Porque pese a estos personajes (hay más, incluso con mayor poder, ambición y rasgos sicópatas) el Teatro y quienes lo hacen y lo gestionan, son gente maravillosa, con su talento según reparto y sus éticas, que pueden estar condicionadas por la necesidad. 

La avaricia, la ambición, la manipulación ejercida en nombre de un colectivo pero que es una cuestión personal, es lo que yo llamo corrupción.