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Lun, Sep

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Siempre me ha llamado la atención cuando escucho a alguien decir que quien sufre no es el loco, sino su entorno. Muchas veces me he preguntado si los locos son los que están internados en un hospital psiquiátrico o los que deambulan por las calles de una gran ciudad. Al menos yo, de verdad creo que, así como los niños no mienten porque no tienen conciencia del engaño, los locos de verdad, no sufren porque no tienen conciencia de su locura.

El problema se presenta cuando gradualmente se va perdiendo eso que de mala manera llamamos cordura. Una persona 100% activa durante toda su vida, al menos en nuestros países aun sub desarrollados, de un día para otro se queda mirando el techo, sin nada que hacer. A duras penas puede sobrevivir con la jubilación, esa que suele ser subsidiada por su círculo más cercano. Se levanta por la mañana y…

Empiezan las revisiones de todo aquello que construyo su vida para disfrutar apenas de sus logros y recriminarse por tanto error cometido. Todo esto, con el sobre vuelo de la conocida pero ignorada hasta el límite, demencia senil.

Nunca hemos querido aceptar que al nacer nos encaminamos a la muerte y mientras más joven se es, más lejana e imposible nos parece. Para los otros si, para uno mismo, naaaaaaaaaa.

En la cultura de la inmediatez que hemos desarrollado, hemos perdido el respeto por las canas, por las experiencias acumuladas durante años, por aquella sabiduría que solo se puede lograr a través de la vivencia personal.

Puedo estar equivocado, pero me da la impresión que la demencia senil no afecta tanto a quienes la padecen como a quienes relegan la posibilidad de aprender de quienes han pasado por todo aquello que algún día nos tocará vivir.

Me considero demasiado racional y confieso que he llegado a ese punto sin retorno donde vanamente trato de cambiar el actuar de otros o simplemente acepto.

Hasta hace poco al conversar con personas de más edad, de manera racional trataba de hacerlos entender lo que para mí eran verdades comprobables, pero después de 15 minutos de frustración, la discusión se tornaba en pelea.

Creo haber aprendido algo y hoy en día, trato de razonar menos y si al minuto 14 noto malestar en mí, prefiero cambiar de tema o incluso, fingir que debo hacer algo importante.

¿Es posible hacer cambiar de opinión a quien está en el ocaso de su vida y no tiene nada que perder al equivocarse?

De manera obtusa tratamos de hacerlo, solo para alimentar nuestro ego racional.

Y si a los años les agregamos la condición de demencia senil, la situación se hace muy difícil.

¿Quién está loco? ¿El loco o quien trata de convencer al loco de su locura?

A medida que el tiempo pasa, la expectativa de vida aumenta. Según estudios, por cada generación que pasa, la expectativa de vida aumenta en 10 años. Claro que nos convertimos en verdaderas farmacias ambulantes, organismos desgastados capaces de seguir adelante solo por la ayuda, no gratuita, de laboratorios internacionales lucrando con la vida humana.

Lucremos nosotros también, pero no en bienes materiales como se nos ha hecho creer que es la única fórmula posible. Enriquezcámonos con la experiencia de quienes han hecho posible nuestra existencia; los ancianos.

El abuelo de cuentos con un hacha y saliendo al campo a ordeñar vacas mientras la abuelita horneaba galletas y tejía calcetines para el invierno, ya no existe. El abuelo toma viagra y la abuela se opera las tetas, pero siguen siendo un cumulo de vivencias de las cuales siempre podremos aprender.

¿Demencia senil?

Ja, ja, ja…