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Dom, May

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

De vez en cuando, sin ningún tipo de premeditación, uno se encuentra con personajes capaces de llamar nuestra atención, ya sea por su actitud, por su aspecto físico, o por cualquier característica que se aleje del estándar establecido tácitamente como normal por nuestra sociedad contemporánea, repleta de imposiciones sociales sobre cómo debemos moldear nuestro ser.

Elegante como él solo, seguramente con una espalda económica importante capaz de financiarle el distinguido vestir de pulcro traje coronado por una corbata, y en el otro extremo unos zapatos negros lustrados hasta el máximo brillo, todos sus colores muy sobrios y perfectamente combinados, con un pañuelo no del mismo color, pero si haciendo juego con su camisa, asomándose desde el bolsillo de su chaqueta cruzada y un andar pausadamente distinguido típico de alguien educado en colegio privado. Cuando lo oí hablar, era destacable su uso de un rico lenguaje a un volumen adecuado para ser escuchado por quien lo acompañaba, sin molestar al resto de los presentes.

Pero cuando se sentó, horror; calcetines de un color rojo chillón.

Mmmm.

¿Y por qué no?

Nos han dicho tantas veces de lo que se puede y no se puede hacer, del cómo vestirse y como no, del que comer y que no, del que decir y que no, del cómo, comportarnos en una situación determinada y como no, en definitiva, de lo que se puede y no se puede.

Mientras no ofenda, no vaya en desmedro o perjuicio de otros ¿por qué no?

Puede que incomode, pero está claro que la incomodidad siempre ha llevado al movimiento.

El comportarse acorde a tanta rigidez normativa solo coarta nuestra imaginación porque el traspasar esa barrera virtual de las restricciones sociales se nos ha inculcado como el ir en contra del orden establecido, el ser un anti sistémico peligroso, y por lo tanto descartable porque la estabilidad social se podría ver afectada.

Estoy consciente de la necesidad de un orden global para no vivir en el caos más absoluto, solo que a veces, más de las razonables, este sistema de reglas no escritas, y por supuesto las escritas también, nos encierran en una jaula de pretendida normalidad, cada vez más estrecha.

Es quizás por eso que los jóvenes suelen manifestarse en contra del llamado sistema; necesitan desplegar sus alas aun vírgenes de experiencias y volar más allá de los limites socialmente aceptados por la comunidad donde les tocó estar.

Quien no fue joven y no fue revolucionario, nunca fue joven.

Quizás contra nuestros padres, contra la escuela, contra el gobierno,...

Por qué un sistema funcione, no significa que sea perfecto o inmodificable para mejorarlo.

Todos hemos remado a contra corriente, algunos, agotados por tanto esfuerzo, simplemente dejándose llevar, y otros, los menos, extremando sus esfuerzos para lograr objetivos impensados. Son ellos los que han logrado los grandes cambios capaces de transformar una sociedad.

No se me interprete mal; no estoy haciendo un llamado a la rebeldía, a un anarquismo absoluto capaz de llevarnos al caos terminal, aunque si al cuestionamiento y al actuar a conciencia para lograr aquello de lo que estemos convencidos.

Mañana mismo me pongo una camisa amarilla con lunares azules, o quizás no.