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Vie, Oct

Y no es coña | Carlos Gil

En las Jornadas Profesionales celebradas en la Fira Mediterrània de Manresa se ha recibido cumplida información de movimientos muy estructurados que buscan la integración a través de las artes escénicas y la música de todos los componentes de nuestra sociedad. Si la convocatoria llevaba la palabra "social" en su enunciado, la interpretación que se le daba a esta voz desde los diferentes intervinientes nos lleva a poder hacer una apresurada reducción que vendría a indicarnos que es la intención de acercar a todos los grupos sociales, especialmente los que tienen más problemas por discapacidades físicas, mentales o por deterioro de su entorno familiar y social hacia una normalidad con el uso y disfrute de las programaciones de espectáculos en vivo, ya sea de manera específica para ellos, como con la toma de medidas adecuadas para evitar cualquier impedimento, físico, arquitectónico, auditivo, visual, de movilidad o económico.

Los que tenemos una visión de "lo social" mucho más pegado a una concepción política de la organización de la sociedad, al ver esta pléyade de iniciativas en los que se pone el acento en evitar cualquier discriminación por cuestiones de edad, sexo, economía o capacidades motrices o intelectuales, con la apalabra integración inspirando todas las iniciativas, pero desde un punto de vista no caritativo, sino activo, como una posibilidad de convertir el uso por un lado, pero sobre la práctica del teatro, la danza, la música por parte de todos los seres humanos que lo quieran, nos coloca ante un discurso muy abierto, que nos abre todas las posibilidades para entender que las artes escénicas no puede ser solamente un entretenimiento, un negocio o una comunión laica, sino que puede (y debe) ser todo eso, y mucho más.

Se nos presentaron muchas experiencias, algunas con muchos años de desarrollo, con un crecimiento de actividades y de colaboraciones que las van dotando de una importancia que se escapa a una ocurrencia, sino que responde a una concepción integral de la actividad de programación de un espacio cultural, sea El Auditori Nacional de Catalunya, o sean los teatros de Valls, en los que se demuestra que un mundo mejor es posible, que los recursos destinados a la Cultura, y en este caso a las artes escénicas, son una necesidad social, una manera de entender el bienestar y la democracia.

Experiencias que van desde actividades diversas para colectivos con alguna de esas deficiencias, a quienes plantean cursos y espectáculos integrados, con repartos mixtos, o con repartos solamente con los que tiene más problemas físicos o síquicos, o aquellas en los que se utiliza a estos colectivos para hacer los trabajos de taquilla, acomodación e información de los teatros, de manera profesional, es decir remunerada. Insisto, esto es desde la iniciativa pública, pero con una implicación personal de monitores, gestores o artistas que nos reconcilian una vez más con este mundo de ilusiones, realidades, sueños y comunicación entre seres humanos que son las Artes Escénicas y Musicales.

Pero lo bueno de estas jornadas en Manresa, es que junto a la experiencia contada, cuantificable, o explicada, se colocaban las intenciones ideológicas, conceptuales, las razones por las que una joven estudiante de viola en Inglaterra decide dejar su carrera a un lado y dedicarse a hacer música popular, en el sentido, de que todos pueden (podemos) hacer música. Experiencias realmente sociales, que escapan al mercado, a la producción, al sistema decimal imperante pero que debe despertar en todos los integrantes del actual estatus quo, reflexiones sobre qué hacemos, para quién, y hasta una de mayor profundidad, qué queremos que sea el teatro, la danza o la música.

Sin exclusiones, es decir todo es posible, todo será bien recibido, pero prestemos atención a estos proyectos que van creciendo y que representan una realidad a tener muy en cuenta, en todos los conceptos, especialmente en lo que tienen de rentabilidad social, colectiva, individual, humana. Y digo más, que los contables y pragmáticos hagan cuentas, que a lo mejor es hasta una inversión eficiente de manera integral.

He conocido a lo largo de mi vida experiencias de esta índole, algunas ejemplares, pero ahora en Manresa he recibido un menaje global, se están moviendo muchas personas en el mismo sentido, hay circuitos para canalizar estas experiencias cuando se convierten en espectáculos representables. Cada vez hay más talleres y cursos con esta idea de normalizar e integrar. Le vamos a prestar la atención que se merecen porque abren nuevas posibilidades, integran, suman, aportan, visibilizan realidades marginadas. Por eso, y porque el arte debe estar al alcance de todos sin exclsuiones.