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Dom, Feb

Sud Aca Opina | Patricio Sancha

Estudiando los cómo y los por qué de comportamientos pasados, se tienen más herramientas para predecir con mayor grado de certeza, los cuándo y quien, de posibles comportamientos futuros. Es así como de tanto en tanto surgen nuevas teorías sociológicas y psicológicas para estudiar la complejidad humana, con el afán de predecir situaciones no deseadas, curar supuestas patologías consideradas negativas, conocerse así mismo con el fin de auto superación o lisa y llanamente, para manipular mentes, con el único objetivo de obtener ciertos egoístas resultados.

 

Hace algunos años, estando en pleno conflicto marital, decidimos con mi esposa acudir a un experto en relaciones de pareja, una psicóloga muy recomendada para algunos de nuestros amigos, la mayoría de ellos divorciados, y después comprenderíamos por qué.

Fue en su consulta privada donde conocí el hasta ese minuto ignorado, concepto de eneatipo. No entraré en detalle sobre este concepto, pero sí quiero hacer hincapié en la dupla herramienta/usuario.

Un par de sesiones de conocimiento del caso, con altos y bajos, moderadas alegrías y llantos a destajo, para luego ser cada uno de nosotros encasillado en un eneatipo especifico con sus características, debilidades y fortalezas.

Seguramente tiene una base científica muy seria sustentada en años de estudio, pero debo confesar que al menos yo, me sentí en la consulta de una astróloga leyéndome mi horóscopo.

Cosas buenas, cosas malas, con algunas características me sentí más o menos identificado, pero en definitiva, ninguna conclusión.

Creo que soy demasiado pragmático y necesito más verdades que alternativas.

Después de la tercera sesión, comprendimos por qué nuestras parejas de amigos habían terminado en divorcio. La herramienta estaba, pero creo que no fue utilizada de buena manera.

Así como no se puede usar un cuchillo para clavar, los cuchillos cortan, los martillos clavan, la herramienta para clasificar nuestras personalidades y comportamientos estaba ahí, pero faltó hacer un buen uso de ella. No digo que nuestro divorcio hubiese sido evitable, pero sí que la psicóloga no clavó el clavo ni con el cuchillo ni con el martillo.

No pretendíamos recibir una receta como para solucionar nuestro problema, pero sí recibir algún tipo de estímulo, una guía, una sugerencia, como para descubrir nosotros mismos el camino a seguir.

Obtuvimos una docta clasificación de nuestras personalidades, pero fuimos abandonados en un estante donde ni siquiera nos pusieron con nuestros afines.

Ya sé que el misterio de la mente es de una complejidad superior a cualquier otro imaginable, pero…

Clasificar, ordenar, priorizar… y la larga lista de verbos relacionados con la conducta humana, son indispensables, pero no suficientes. Pueden ser el primer paso, pero no el definitivo. No basta con analizar una situación, se deben sacar conclusiones o al menos plantear hipótesis que bien podrían ser refutadas a posteriori, como para seguir adelante con un proceso capaz de llegar a un resultado.

No sabría cómo clasificar este escrito. Dejémoslo en simples divagaciones mentales.