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Mié, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

En Nueva York a uno las contradicciones le asaltan.

Se tarda menos de siete horas en cruzar los 5500 kilómetros del Atlántico. En cambio, atravesar los 10 metros de la aduana, incluso con todos los papeles en regla, lleva casi una hora y media, lo que tarda un avión en recorrer la península ibérica. Curioseando por la ciudad, encuentras personas que amablemente te ayudan cuando, plano en mano, el despiste se adueña de tu cara. Y también topas con establecimientos donde quien atiende, sin necesidad de escupirte porque ya lo hace su mirada, te recuerda que la propina es cosa obligada. Admiras el mestizaje de sus gentes, la macedonia de razas que hormiguea por las calles, sabiendo que no hace mucho tiempo gran parte de los blancos lo querían todo en un único color. En el metro, te sorprende un anuncio que ofrece un teléfono de ayuda para ex-soldados que sufren enfermedades psicológicas. La foto de uno de ellos con la tristeza en la frente y quién sabe cuántos cadáveres a su espalda, te llega a enternecer. Da pena, el cabronazo. En la radio escuchas una lectura dramatizada de un cuento de Chéjov que te atrapa, y al mover el dial, un comerciante de engaños te anuncia una superpastilla contra el colesterol de venta en su casa. ¿No deberían encarcelar a este matasanos que sólo considera la salud de su bolsillo? La siguiente pregunta no espera: ¿Cómo es posible que allí donde el desarrollo de las ciencias es máximo no exista una asistencia sanitaria pública de calidad? Para dormir ese día en vez de ovejas, uno puede contar las fobias y las filias que le provoca la ciudad y su entorno. Los ojos se cierran mucho antes de que ninguna de ellas se acabe.

Transformando esta sensación en teoría, pereciera que los grandes teatros norteamericanos del novecientos tuviesen la misma fuente: la contradicción. Pensemos en el Group Theatre de los años 30 que surgió contradiciendo el teatro melodramático del momento. Siguiendo la propuesta del Teatro de Arte de Moscú que visitó Estados Unidos en la década anterior, este grupo fomentó el arte frente al comercio, lo político-social frente al entretenimiento y la compañía estable frente a la jerarquía del Star System. Una revolución para el teatro norteamericano. En esta misma sintonía, no es menos discordante que un país como Estados Unidos, que se enfrentaba a medio mundo, acogiese a numerosos artistas y profesores que fueron expulsados de sus propios países. En teatro, Michael Chéjov y Brecht fueron ejemplos notorios de ello. Reparemos también en el movimiento teatral independiente de los años 50, 60 y 70, con el Living Theatre a la cabeza, que no fue sino una contestación a la muy cuestionable política norteamericana de la época. En cómo, paradójicamente, fue la propia idiosincrasia norteamericana, sus circunstancias políticas, sociales y culturales, las que permitieron el nacimiento del Living Theatre, y cómo esa misma idiosincrasia quiso posteriormente destruir al grupo forzándole a un largo exilio en Europa.

Con estos pensamientos chocándose entre sí, acudí hace unos días al Joyce Theatre de Nueva York donde la compañía SITI, una de las referencias de la investigación teatral en Estados Unidos, presentaba el espectáculo “American document”, en colaboración con la compañía de danza Martha Graham. Inspirándose en extractos, fotografías y escritos de la pieza homónima que la propia Martha Graham creó en 1938 y bajo la dirección de Anne Bogart, ambos grupos mostraron un montaje ágil, fresco y encandilador que fusionaba sin fricción teatro y danza. Austeridad en la utilización de los objetos, preparación impecable de los actores, comunicación directa y viva, para conducir al espectador a una experiencia visual, dinámica y reflexiva sobre la identidad americana. Una delicia. El espectáculo y percibir el poso de unas compañías que durante años de trabajo permanente han logrado consolidar una impronta propia en escena y fuera de ella.

Es lo que tienen las contradicciones, que al menos una parte, la que dice o la que contradice, merece la pena. Y en Estados Unidos la parte que contradice es generalmente la más interesante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€