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Dom, Jul

Mirada de Zebra | Borja Ruiz

Tolba Phanem, poeta africana, cuenta que en una tribu de África cuando una mujer está embaraza se retira al bosque con sus amigas, y en la intimidad compartida, buscan la canción del bebé. Piensan que cada ser humano viene al mundo con una vibración particular, con una canción que refleja su esencia vital y que la madre y sus amigas deben descubrir. Pasan largo tiempo meditando y escuchando, y solo cuando la canción se les revela, vuelven al poblado para enseñársela al resto de la tribu. Será la canción que acompañe al bebé en los momentos importantes de su vida. La tribu la cantará cuando nazca, cuando comience en la escuela, cuando se case y también cuando esté a punto de despedirse en su lecho de muerte.

Cantar para amplificar momentos únicos, para que sigan siendo únicos aún siendo de muchos. Cantar para tejer una red vibratoria que haga de un conjunto de personas un grupo. Cantar para que la intensidad de una emoción no sea una vibración aislada que derrumbe la integridad de la persona en la que nació. Cantar pues para que la emoción sea como una gota que cae en agua y se expande en ondas para ser memoria compartida, y no una gota que, en una soledad autoimpuesta, colme nuestra capacidad de resistir en vida.

Cuando hace unas semanas morían 5 niños en un accidente de tráfico en Burgos, el psiquiatra Jesús de la Gándara hablaba de la importancia del duelo para poder salir adelante en esos momentos en los que parece que todo se detiene. Aquello que ritualiza el dolor, lo disminuye, decía. En unas circunstancias tan trágicas, percibir que el dolor de uno se contagia y se comparte con otros, ayuda a mitigarlo. La carga que ha caído encima es más llevadera cuando se siente que hay más personas que la soportan al lado de uno.

De la Gándara puntualizaba además algo interesante. El ritual que ayuda en el duelo debe tener una duración justa y un carácter adecuado que no devenga en frivolidad. El modelo a no seguir, como en tantas otras cosas, es la televisión, y los telediarios en particular, donde el exceso de información y el uso del morbo como cebo para atraer al espectador, acaba generando el efecto contrario al que aparentemente aspira. El ensañamiento en el dolor, seguir exprimiendo la tragedia cuando de las lágrimas solo queda su sal, termina por saturar la capacidad empática del espectador e instaura la indiferencia allí donde debería estar la empatía.

Pineso entonces en el teatro, y al contrario de lo que sucede en televisión, ese pequeño espacio, humano, de contacto directo, en la mayoría de sus estilos y ramificaciones, parece prestarse mejor para cobijar el rito y el duelo.

Una de las muestras de duelo más enternecedoras y bellas que recuerdo aparece en la película "Los sueños de Akira Kurosawa". Allí se muestra la celebración tras la muerte de uno de los hombres más ancianos y sabios de un pueblo de Japón. No hay llanto, color negro, ni gafas oscuras que oculten los rostros. En su lugar, una fiesta de mil colores, la danza, el canto, la percusión. Celebrar la muerte como homenaje a la vida que se ha ido. Imagino ese pasaje de la película de Kurosawa en algún lugar especial de mi ciudad, convertido en un magnífico espectáculo ritual de calle.

Desde hace algún tiempo, en algunos ámbitos de la programación teatral hay un mantra que se repite. Con los tiempos que corren, no hay lugar para dramas. En el teatro reír es lo que necesita la gente, reír y no asistir a un acto donde al espectador se le reproduzca la sensación de desgracia que le acompaña en la vida cotidiana. Se prioriza entonces por el estilo teatral, que debe ser complaciente y cercano a la comedia ligera, antes que optar por la calidad del acto. Entienden de forma simplista que el arte es una vía de evadirse de la realidad, asumiendo que negar el problema es su solución.

Por todo lo comentado aquí, a mí se me antoja más bien lo contrario: sin negar el espacio para el humor y la risa necesaria, el momento actual es probablemente más propicio que otros para tratar la tragedia aplicando, eso sí, nuevas miradas. Creemos arte y belleza también con aquello que nos produce dolor y desdicha. Sabemos que aliviar esas contracturas del alma sigue la dinámica contraria a la de una epidemia. Cuanto más comparte, cuanto mejor se ritualiza, mejor se sobrelleva.

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NOVEDADES EDITORIALES

Los cinco continentes del Teratro

Querido lector, quisiera contarte aquí cómo nació la idea de este libro porque el origen, como sabes, es al mismo tiempo, el inicio y el fundamento. A fines del siglo pasado, estábamos sorprendidos de que nuestro libro El arte secreto del actor. Diccionario de antropología teatral –publicado por primera vez en 1983– continuara siendo editado y traducido en diferentes idiomas. Probablemente resultó eficaz su fórmula simple en la que textos e imágenes tienen la misma importancia, y uno constantemente remite al otro; las ilustraciones se volvían protagonistas para sostener un nuevo campo de estudios, la antropología teatral ideada por Eugenio. Si como estudioso del teatro yo había colaborado con la antropología teatral, ahora le pedía a Eugenio su participación en la vertiente de la Historia, con un libro que imaginábamos como un complemento del precedente. Aun teniendo que decidir toda la organización del libro, me respondió que era una buena idea y me propuso que los argumentos giraran en torno a las técnicas, nunca lo suficientemente estudiadas, de los actores.
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Puntos de vista

Es un privilegio el poder dar a conocer el trabajo que desde finales de los años 60 Suzanne Osten ha desarrollado tanto en Suecia como en el resto del mundo, a través de presentaciones, giras, conferencias y workshops. El alcance de la obra de Suzanne se se debiera condensar en unas pocas palabras toda su obra hablaría de: riesgo, compromiso, comunicación, lucha y una inalterable apuesta por los olvidados dentro de los olvidados: los niños. Y junto a ellos los jóvenes. Es a ellos a los que Suzanne ha dedicado una enorme parte de su actividad creadora.
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Poética del drama moderno

El objeto de esta obra es el de definir el nuevo paradigma de la forma dramática que aparece hacia 1880 y que continúa hasta hoy en las dramaturgias contemporáneas. Se tiende así un puente entre las primeras obras de la modernidad en el teatro como las de Ibsen, Strindberg o Chejov, y las más recientes, ya se trate de las obras de Heiner Müller, Bernard-Marie Koltès o Jon Fosse. Jean-Pierre Sarrazac desvela la dimensión rapsódica del drama moderna: una forma abierta, profundamente heterogénea, en la que los modos dramático, épico y lírico, e incluso argumentativo (el diálogo filosófico que contamina al diálogo dramático), no dejan de ensamblarse o de solaparse. Lejos de compartir las ideas de “decadencia” (Luckàcs), de obsolescencia (Lehmann) o de la muerte del drama (Adorno), Poética del drama moderno dibuja contornos, siempre en movimiento, de una forma la más libre posible, pero que no es la ausencia de forma.
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La zanja

¿En qué momento compartimos el viaje que nos hizo ser tan iguales? ¿Cómo reprocharnos y atraernos tanto? La respuesta está en el tiempo pasado, en nuestros ancestros, en el recuerdo común que permaneció oculto. Porque en definitiva, hemos heredado las acciones de unos hombres sobre otros y las influencias sobre el colectivo. La Zanja refleja el encuentro entre dos mundos, ese ciclo infinito que se repetirá una y otra vez. Es un trabajo exhaustivo de creación, surgido de la documentación de las crónicas de la época y nuestros viajes al Perú actual.
Precio : 10€

Pasarela Senegal

En enero de 2007 el diseñador Antonio Miró presentó en la Pasarela de Barcelona un desfile no exento de polémica con ocho inmigrantes sin papeles y una escenografía con una patera y cajas. De tal acontecimiento le surge la idea de la obra a López Llera, quien, a raíz del suceso siente la necesidad de reflexionar sobre el papel del artista en la sociedad del espectáculo2, sobre la validez y efectividad de las denuncias sociales a través del arte y sobre el sentido de su propia escritura. La pieza constituye una magnífica denuncia dramática de la banalización de la cultura y del espectáculo.
Precio : 10€

Hacia una poética del arte como vehículo de Jerzy Grotowski

La reinvención de Pere Sais ondea en el título de la obra: Hacia una poética del arte como vehículo. Grotowski, como se sabe, imaginaba que la “cadena” de las performing arts podía mantenerse tensa entre dos extremos: el arte como presentación por una parte y el arte como vehículo en el extremo opuesto. Al hablar de poética del arte como vehículo se realiza un salto epistemológico.
Precio : 24€