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Lun, Dic

Foro fugaz | Enrique Atonal

Una voz irrumpe en las cavernas: un inspirado imita el rugido de las fieras para exorcizar el terror nocturno ante el exterior amenazante. Los otros miembros de la tribu escuchan angustiados, pero alivian su terror al final del trance, tal vez palmean, aplauden. La noche es profunda, aunque poco a poco con el fuego recuperado, las paredes se iluminan, las sombras se proyectan como estímulos de la imaginación, una segunda vida renace. En ese momento el hombre inventa todo, ladrillos y armas, arado y pastoreo de ganados, el sagrado pan, diversiones nocturnas y sacramentos elementales, pintura y canto. Primero para calmar el terror, inspirarse en la noche de la adversidad. Después a través de cánticos y posesiones, el hombre descubre que hay otro mundo, el chamán salmodia y alivia, va y viene a otras realidades… Cuando el fuego se controla la noche invita a la reunión. Poco a poco los humanos nos convertimos en humanos. 

 

El camino hacia la representación dramática fue largo, muchas noches, muchas aventuras, muchos cantos, primero para unos cuantos, después para todo el grupo. Oráculos y mensajes; inspiración y fiebre, inspiración y estímulo, inspiración y conocimiento… Largas noches de invierno, luminosas veladas de verano. Epopeyas cantadas, narraciones milenarias (sí, milenarias desde su génesis), posesión de los manes, y finalmente el teatro como terapia. Catarsis, purga de miedos, esplendor de capacidades humanas. Y de pronto la tragedia con su caos aterrador; y la comedia y su burla genial, gemelos enemigos. El genio griego que despliega sus alas en las artes, la filosofía, el conocimiento de la naturaleza, las matemáticas, la democracia: el teatro… y su análisis. 

Hoy lo usamos como una evidencia, es tan cercano que queremos desdramatizarlo, encontrar sus primeros fundamentos, deconstruirlo para ir a sus primitivos efectos, encontrar la raíz para sorprender y crear un terror ancestral. Como niños, rompemos el juguete para entender su funcionamiento. A pesar de todo las bases del teatro siguen siendo las mismas: poesía, danza, canto, artes plásticas, reunión de todas las artes en busca del doble, si seguimos a Artaud, del placer si nos atenemos a Molière; reunión de humanos para desafiar al terror y crear entusiasmo, hoy y ayer. 

El polaco Jerzy Grotowski, que buscaba llegar a las raíces inconscientes del teatro, y pretendía un Teatro Pobre, se apoyó en su búsqueda en el repertorio clásico, como el Príncipe Constante de Calderón, o Fausto de Christopher Marlowe, entre otras, para llegar finalmente a un teatro ritual, en donde lo importante era la relación cavernaria, sagrada, entre creadores y público. Siempre un rito. Llegar a su esencia para encontrar su potencia, esto buscan actualmente las experiencias más audaces del teatro posdramático. Pero es uno de sus caminos; también encontramos el deseo de adaptar obras literarias a la escena, de adaptar películas al gusto de una época, de tratar la escena como una fuente de artes plásticas, de combinar circo y maroma y teatro, de encontrar nuevos caminos para la escritura dramática. Buscamos el sentido del teatro en nuestros convulsos días.

De todos modos el repertorio dramático, la buena pieza de teatro siempre será un punto de partida. Querer anularla es como nadar sin brazos para mostrar la fuerza y habilidad del nadador, la obra es una vía para llegar a algún lado. En el siglo pasado, en los años 50, la dramaturgia parecía agotada, y entonces fue que nació la corriente llamada, teatro del absurdo, como una fuerza revitalizadora de la escena. Las mejores experiencias actuales parten de un texto, que ahora tiene su verdadero sitio, ya que la escena se reivindica como el principal motor de creación, y en la escena se conjuga poesía, canto, actuaciones chamánicas, bufonadas, juglares, luces y sombras, en pocas palabras teatro, con su mezcla de pasiones. 

Herencia griega, herencia humana, hoy y siempre.