Sidebar

12
Mar, Nov

Gustavo Ott

El periodista y crítico venezolano E. A. Moreno Uribe, estrena como autor en Caracas, "El Fantasma de Bonny" este Viernes 27 en la Sala Rajatabla.

Ayer, mientras veía a Orel Hershiser, legendario lanzador de los Dodgers entrevistar en la TV al derecho de los Medias Blancas de Chicago, Jake Pevey, pensaba que en un absurdo mundo armónico del periodismo, los contenidos debían ser más o menos como entre esos dos deportistas que, como si nadie les estuviera escuchando, hablaron no de Béisbol sino del Delirio, por cinco minutos que sucedieron como una sonata. Ahí estaban: en vivo y bien directo; un lanzador especializado entrevistando a otro; un conocedor indagando sobre lo que piensa el colega; ambos diluyendo divertidos esa pastosa tradición tan predecible entre el periodista y el entrevistado. Es decir, un encuentro público entre compañeros que nadie se atrevió a interrumpir, y que giraba o más bien bailaba sobre un oficio ajeno, misterioso y entrañable para todos los demás.

 

Quiero decir que ambos rompieron todas las reglas en vigor que rigen al periodismo de siempre. Sin hacerle caso al tiempo, ni al juego que estábamos viendo, ni a los comerciales, ni a esa enfermiza atención que el espectador exige quién sabe por qué y con qué derecho, la verdad. Y me dije: ¡con lo que me gustaría a mí hacer una entrevista así, sin reglas, sin formato y sin vergüenza!

Así que hoy, aquí y ahora, me temo que con E.A. Moreno Uribe me sucederá lo mismo.

-Tu primera obra, "Novia en Rojo", que fue estrenada en Mar del Plata, Argentina, es resultado del Moreno Uribe periodista. Pero esta segunda que estrenas el Viernes, "El fantasma de Bonnie": ¿tiene algo más íntimo? ¿el autor cuenta también su vida?

La segunda, y también la tercera que ya gatea, es consecuencia de una exhaustiva investigación que hice sobre Esdras Parra y todos los problemas que tuvo por la homofobia imperante en el mundo y en Venezuela. No es, por supuesto mi biografía, que no interesa a nadie, pero sí utiliza información personal y de nuestro contexto teatral para la composición del personaje antagonista, Tony. La pieza toda es una ficción a partir de un discapacitado que conocí en Nueva York y de cómo fue su recuperación. La nacionalicé porque es la realidad venezolana la que yo conozco y donde me desenvuelvo, y además porque estoy siguiendo el consejo creador de Chejov. La obra, en fin, es un conflicto entre dos discapacitados: uno físico y otro mental o casi bordeline.

-¿Una incapacidad física es un elemento tan crucial en una relación afectiva? ¿Determina reglas?

-Como yo conozco y he disfrutado del amor, te diré que cuando hay amor indiscutible, las diferencias físicas no existen; esas más bien son como el bálsamo para curar todas las heridas o para equilibrar las falencias. Porque cuando se ama no hay superioridades de ninguna índole. Un poco cursi todo esto, pero hay también verdad en lo cursi y en especial en los lugares comunes. ¿No?

¡Ya lo creo! E.A. Moreno Uribe ha sido, cardinalmente, un reportero toda su vida. Lo conocí como tal: yo iba a mi primera rueda de prensa y ahí estaba él: primero en llegar, en preguntar y en saber sobre lo que se hablaba. Es decir; un colega de los raros, porque asumía las anodinas ruedas de prensa culturales y las coreadas entrevistas con artistas y gacetillas promocionales como si se trataran de un Breaking News de CNN. Su acercamiento a la noticia de los creadores era el mismo que tenían los colegas estrellas de "Política", "Sucesos" o "Deportes". Para él, los artistas no sólo eran tan relevantes como los otros protagonistas del diario de hoy, sino que además el creador era mucho, muchísimo más importante. "El artista permanece, los demás se diluyen en 15 días" me decía, en su rol de maestro personal que por lo demás nunca me he podido quitar de encima. Y continuaba: "Si un deportista ayer batea dos hits en Colorado, o dos goles en Gijón, hace portada en el periódico. Pero ¿Qué importancia tiene realmente eso? La verdad es que no es una gran cosa para este país eso de batear dos hits ,en Colorado, o dos goles en Gijón, en un juego común y corriente. Sin embargo, ellos acaparan la atención de una nación que gusta y se divierte y hasta hace doctrina de la superficialidad", me dijo casi al conocernos, que por lo demás yo no era más que un recién graduado asustadizo y ciertamente disgustado con la profesión que me encontraba y encuentro.

Pero Edgard además se ha dedicado, con constancia inverosímil en Venezuela, a la Critica Teatral. Ha escrito sobre nuestro teatro como muy pocos. Ahí están sus libros que, si se quiere entender el teatro contemporáneo venezolano, pues hay que parar en ellos; "Carlos Giménez, Tiempo y Espacio"; "Sida, homosexualidad y otros teatros"; "El arte del Sida"; "Rodolfo Santana como es"; "¡Bravo! Primera Década de la Compañía de Teatro"; "Carlos Giménez/Antes y después". Además de su serie "Apuntes para su historia en Venezuela", desde 1993 al 2010. Críticas, reportajes y entrevistas que en muchos casos, especialmente en la Historia pre-Internet, son los únicos documentos públicos que existen sobre nuestra escena; desde Rajatabla a Theja, desde los TNJV hasta la CNT, Edgard da cuenta de Festivales, artistas, grupos, política cultural, los pocos proyectos exitosos, los muchos fracasados, las infinitas promesas y muy especialmente la situación de indefensión de nuestro sector. Y todo eso como si fuera un juez que lee un prontuario. Lo ha hecho y hace sin que sea realmente un trabajo: no le pagan por eso, no es su responsabilidad, no tenía que hacerlo. Todo ha sido por la misma razón que vive: por pasión. Una pasión por la escena que este periodista, crítico y reportero, que ahora es nuestro dramaturgo también, le tiene al Teatro Venezolano.

-De pronto, el crítico más importante del país se nos ha vuelto dramaturgo.¿Perdemos un crítico? ¿ganamos un autor?

-Eso del critico más importante te lo agradezco, pero no me lo merezco. Soy, quizás, un sobreviviente de una época cuando teníamos más críticos que en Nueva York. Yo he sobrevivido porque hice de la critica o la reseña una pauta dentro de mi trabajo periodístico. El teatro me tendrá siempre en lo que he sido y soy ahora: periodista, critico y autor. Y llevamos algo así como cuatro décadas en estos avatares, especialmente en la prensa y la critica, porque en la dramaturgia son tres años no más.

-¿Desde cuándo comenzaste a tener la idea de escribir teatro?

-Siempre quise hacerlo, pero tenía miedo. Sufro de miedo escénico y lo he ido perdiendo poco a poco. Caí definitivamente en la dramaturgia porque Mario Vargas Llosa le dio una tubazo al periodismo cultural venezolano, el cual había "ignorado" hasta ese 29 de abril de 2008 que teníamos un transexual escritor y poeta, que se le conocía como Esdras Parra. Ese día me di cuenta que la homofobia había convertido a un señor en "señora" y al mismo también le amargó las dos últimas décadas a un venezolano que quiso darle un cuerpo de mujer a su ánima, cosa que por supuesto no consiguió, porque la reasignación quirúrgica de sexo, que le hicieron en Londres, no fue perfecta; le dejó secuelas. Y además en el contexto venezolano lo que encontró fue rechazos y silencios. Hubo señores respetables, como Miguel Otero Silva, Simon Alberto Consalvi y Ramon J. Medina, además de Napoleón Oropeza, que lo ayudaron generosamente y le dieron trabajo para que pudiera sobrevivir. Todo eso me llevo a escribir el monologo Novia en Rojo y ahora la secuela es El Fantasma de Bonnie . Y una tercera, para completar así una trilogía.

Veo las notas de prensa que hablan de Edgard Moreno Uribe estrenando su ultima pieza y pienso que esta dramaturgia venezolana, que se presenta muy por encima de su Teatro en escena, parece además ser la manifestación artística más constante, atractiva y sostenida de nuestro país en lo últimos 50 años, comparable únicamente con las Artes Plásticas. Fácilmente podemos decir que en medio siglo, no ha pasado un momento sin que entre nosotros haya una generación de escritores importante –y reconocida de alguna manera, tanto por su público interno como en el extranjero- escribiendo siempre para la escena nacional. Quizás algunos puedan hablar de programas más exitosos en las artes, como el Sistema de Orquestas o de momentos especialísimos como el caso del narrador Alberto Barrera Tizka y su inolvidable Herralde; pero la dramaturgia venezolana, como casi nada en este país, no sólo se mantiene en el tiempo –y presenta hoy un relevo de antología- sino que además muestra en sus obras la disección más precisa, vasta y contundente de los temas y mitos que definen a este país. Y es que además, nuestra dramaturgia habla de su cultura no con ejecutantes, sino con creadores; no con músicos, sino con compositores; no con un reconocimiento en un momento, sino con muchos en todos los momentos. Nuestra dramaturgia no es un autor o un texto de éxito, sino un movimiento firme y consistente que habla tanto y tan hondamente sobre este país que fácilmente podemos enseñar la Historia Contemporánea de Venezuela -y por lo tanto, no lo duden, la Historia de los Temas más significativos del continente- utilizando únicamente los textos dramáticos que aquí se escriben. Y en especial, en la importantísima y vital relación del país con sus metáforas.

Así que no es nada fácil entrar a escribir teatro en Venezuela. Después de todo, antes que uno, están nombres y obras ya clásicas de la literatura de este país. Maestros de talla y experiencia que aún están trabajando, muchos de ellos en su mejor momento. Y con todo ese peso encima, es que esta semana Edgard toca la puerta.

-En tus primeras dos obras hay una constante: el tema homosexual. Sobre ese tema, la dramaturgia venezolana tiene verdaderas obras de arte, desde Chocrón hasta Palencia: ¿Hay alguna metáfora social/política/histórica de nuestro país que sólo podamos indagar con ese tema?

-El tema de mis tres obras no es la homosexualidad sino la homofobia y lo que eso daña y perjudica una país o a un continente, porque irrespeta o violenta los derechos humanos de sus habitantes y los obliga a vivir en el closet y no vivir con plena libertad. Uso personajes de conductas homosexuales porque son víctimas y marginados sociales y no los muestro como payasos de un circo mediático, sino como gente que busca superarse, tener una familia normal y que sueñan y crean. No son malos payasos sobreactuados como lo que muestra la televisión, una aberración además homofóbica y que al parecer ellos no lo saben o no les importa. Los hombres y las mujeres deben tener libertad plena para seleccionar lo que quieren ser: bisexuales, machos o hembras o gays.

-¿Influencias literarias y teatrales?

-Tú, Rodolfo Santana, Isaac Chocron y Román Chalbaud.

¿Yo? No lo sé. Pero una vez, mientras hablaba con Edgard en el Café del Teatro San Martín, se nos presentó una discusión acalorada y rica. Yo me puse, por pura maña y Solera Verde, contra el intimismo en nuestro teatro mientras él lo defendía. Hoy creo él tenía razón. Murakami dice en su ultima novela que en un espacio de tiempo muy breve de la Historia del hombre, en lo que podríamos considerar apenas unos instantes, los seres humanos hemos entendido que no sabemos nada sobre el futuro. El resto del tiempo, dice, no hacemos sino pretender lo que no sabemos. Ahora, Edgard, como el japonés, cree que esa pretensión nos viene precisamente de nuestra actitud impermeable con la intimidad. Quizás por eso Moreno Uribe siempre ha querido ser personal con todos nosotros. Y ahora, le toca, con él mismo.

-En tus trabajos críticos sobre los espectáculos que ves siempre hay un área personal; es decir, hablas de los datos personales de los artistas.¿Podemos hablar ahora de manera más personal de EA Moreno Uribe?

-La biografía del autor es parte importante de su obra o incluso diría que marca todo lo que hace.

--También, en tus trabajos críticos sobre otros autores, siempre guardas un espacio para una interpretación social y hasta política. ¿Cómo hacemos eso con tu obra?

-El medio tiende a banalizar el mensaje, y por eso hay que preservar información para el exterior y para el futuro. Estoy identificado con la izquierda política latinoamericana que desde los años 50 del siglo pasado esta dando la pelea en todos los ordenes. En mi obra esto esta presente.

Y es así que, pensando en que haré una entrevista seria y cumpliendo con todas las reglas, pues finalmente no lo hago y creyéndome Orel Hershiser, me despido de Edgard recordando que una vez, cuando yo tenía 19 años, Rodolfo Santana me tomó del brazo y en secreto pero con tono amenazante me dijo: "Bienvenido carajito a la Dramaturgia Venezolana. Pero ponte a trabajar, porque aquí todos lo estamos haciendo. Y lo hacemos bien". No pretendo tener la autoridad de mi amigo Santana, pero me gustaría que, en medio de una discusión con nuestro autor E. A Moreno Uribe, que estrena su obra ""El fantasma de Bonnie" este Viernes en la Sala Rajatabla, tomarlo del brazo y decirle, sin amenazas: mi querido; bienvenido a la dramaturgia venezolana, carajito.

GUSTAVO OTT